180 minutos para dejar de ser promesa

Hace 12 torneos que ningún goleador mexicano festeja. Hace cuatro décadas que las Chivas no presumen al máximo romperredes de nuestra Liga. Hace mucho que esperamos pacientes para ver surgir un...

Hace 12 torneos que ningún goleador mexicano festeja. Hace cuatro décadas que las Chivas no presumen al máximo romperredes de nuestra Liga. Hace mucho que esperamos pacientes para ver surgir un ariete que termine el dominio sudamericano en nuestro país.

Omar Bravo, ha brillado en los últimos torneos cortos. Ha destacado con el Rebaño, ya como Campeón. Formó parte del Tricolor mundialista. Y ha sido involucrado con equipos europeos de mediano pelo para convertir en realidad el sueño de las Grandes Ligas.

Hoy, este sinaloense, se encuentra a sólo 180 minutos de sacar la casta, demostrar sus cualidades y dejar el "ya merito", transformándose de aspirante a rey.

El ultimo Campeón de goleo en nuestra Liga que nació en México, fue Jared Borgetti, en el Invierno 2001 –cuando mejor momento vivía el de Culiacancito-, hoy su paisano –que por cierto debutara ese mismo año-, se encuentra ante la no común posibilidad de alzar la corona de los que desequilibran, los que definen los partidos, los que sí son buscados por equipos para reforzar sus filas.

Tan sencillo, el futbol se gana con goles y aunque en el deporte más bello y apasionante contamos con muchísimos elementos para disfrutar y analizar, a fin de cuentas los que más trascienden son los que meten la pelota.

La época de Cardozo, Abreu y Marioni, ha pasado, y depende de la decisión de este menudo delantero chiva que no inicie una nueva de los Cámpora, Cabañas o Giménez.

Omar, tiene además, la gran suerte de repetir lo que uno de los más grandes hiciera con el Rebaño. Chava Reyes, fue el último monarca anotador en la inigualable década de los sesenta del Guadalajara.

Seguramente todo se definirá en la Selva. Un sábado caluroso entre Jaguares y Chivas, cuando el argentino y el mexicano, salgan por la gloria.

Bravo tiene lo suyo y este es el momento justo para cosechar, para colgarse las medallas, para dejar de ser promesa y convertirse en realidad. Si no, después nadie se acordará del que estuvo a punto pero no llegó. Así es la esencia del goleador, la ingratitud por la eficacia para festejar, porque los disparos a puerta no cuentan, sino los goles que trascienden, y que hacen historia.

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