Prefiero a tu hermana

Lo que dicen y hacen los futbolistas dentro de una cancha, podría llenar líneas de un libro de edición especial, aunque sinceramente, las anécdotas en muchas de las ocasiones serían poco...

Lo que dicen y hacen los futbolistas dentro de una cancha, podría llenar líneas de un libro de edición especial, aunque sinceramente, las anécdotas en muchas de las ocasiones serían poco respetuosas para el público lector.

En el barrio, abundan las frases chuscas -el sabor que acompaña al futbol- aunque bajo la sentencia de guardar distancia (de lo contrario las broncas son inminentes). En las canchas profesionales, pareciera -equivocadamente- no existir límite.

Es común escuchar que para desestabilizar a los rivales, algunos jugadores recitan repertorios no aptos para menores. Entonces me vienen algunas preguntas: ¿Se vale? ¿Es cuestión de palabras? ¿Insultos? ¿O depende de las interpretaciones?

A muchos les puede parecer extraño que un astro como Zinedine Zidane, no haya aguantado la agresión verbal de Materazzi en la Final de la Copa del Mundo, y en cambio, se haya "cobrado" con un cabezazo ipso facto.

Son hechos casi imposibles de captar por el árbitro central, aún con sus 2 asistentes y el cuarto silbante. Reglamentar sanciones por insultos, insultitos o insultotes, dependería quizá de matices subjetivos: racistas, clasistas o xenofóbicos. Sinceramente no resulta sencillo moderar este tipo de agresiones.

Mientras tanto, déjenme contarles la impactante anécdota que me platicó un muy buen amigo mío:

Se jugaba la Temporada 82-83 en México, el Cruz Azul buscaba meterse a la Liguilla y los Coyotes del Neza eran los rivales. Mi amigo era uno de los hombres fuertes de La Máquina (sexto mejor goleador de la historia azul y Bicampeón con los celestes). En frente, un defensa central de apellido Cordero que traía firmes aunque muy poco sanas intenciones.

Adrián Camacho había sufrido amargos momentos personales los días previos al encuentro: Su primogénito (Adrián Camacho Jr.) había nacido con un problema grave de dermatitis, que provocó una seria deshidratación. Adriancito (hoy un adulto de 25 años y quien vive en Chicago) fue hospitalizado durante 4 meses.

Los medios de comunicación estuvieron pendientes del estado de salud del hijo de Camacho –el periódico ESTO desplegó un amplio reporte con los detalles de la hospitalización, sumado a los buenos deseos de algunos miembros del balompié azteca para el jugador del Cruz Azul-.

Dentro de la cancha, la forma de aniquilar a Adrián Camacho, fue tan baja como efectiva.

Apenas en la primera incursión al área de los Coyotes, el defensor nezatlense Cordero soltó el dardo: "Ojalá mejor que se muera tu hijo".

La reacción del delantero azul seguramente no fue la que el defensor del Neza esperaba (quizá estaba preparado para recibir una patada o un derechazo). En ese momento, como si fuera un cable de luz, Adrián Camacho fue desconectado. La angustia por revivir los amargos momentos, el temor por lo que pudiera ocurrirle a su heredero lo aniquilaron.

Adrián Camacho no respondió agresivamente, porque sabía que dejar con un hombre de menos al Cruz Azul le costaría a su equipo la calificación, aunque fue completa presa de la depresión. Jugó el peor partido de su vida.

No hubo patadas, entradas arteras o mentadas de madre, simplemente Adrián Camacho escuchó lo peor que le podían decir en ese momento.

Las noches siguientes fueron de insomnio, hasta que su hijo fue dado de alta.

Meses después, Adrián Camacho se encontró con el defensor coyote en un centro comercial. Caminaba por Plaza Satélite, cuando Cordero apareció en escena. La furia encontró desahogo: corrió, lo increpó y golpeó hasta que la gente de los alrededores los separó.

Según relata el mismo ex delantero de La Máquina, la espina seguía clavada y algunos meses después (ya en 1983), hubo otro punto de encuentro extrafutbolístico. En el aeropuerto de Guadalajara, el plantel del Cruz Azul conectaba un vuelo a la Ciudad de México y ahí estaba nuevamente Cordero. Camacho, se lanzó de nuevo a los golpes y en medio de una veintena de futbolistas intentando separarlos, se escuchó la voz delgada de Enrique Meza (entonces compañero en el Cruz Azul) advirtiendo: "Vénganse al baño y que nadie se meta, uno contra uno, que Camacho se la tiene que cobrar".

Veinticinco años después, a Adrián Camacho se le traba la quijada al relatar detalladamente aquella bajeza del defensor de los Coyotes. Hoy, el ex jugador del Cruz Azul y del América, dirige una escuela de futbol en Houston llamada "Primavera Soccer Club", a donde por cierto llevará a viejos conocidos de nuestro balompié a  jugar los próximos 8 y 9 de Septiembre (nombres como el "Chaplin" Ceballos, Porfirio Jiménez, Adrián Chávez, Miguel España, Isaac Terrazas, "Guamerú" García, el "Chima" Ruiz, Juan Hernández y Misael Espinoza, entre otros).

Compañeros de profesión con los que mantiene permanente contacto –todo lo contrario al defensor de apellido Cordero y de quien ni siquiera el nombre recuerda-.

Es cierto que en el futbol profesional a veces se vive una guerra para salir adelante, pero yo me pregunto de nuevo: ¿Materazzi merece que la gente demerite su carrera por el recurso soez que utilizó ante Zidane en la Final de Alemania 2006? ¿El anonimato en el que vive el defensor Cordero es apenas justo luego del deseo tan vil expresado a Camacho? ¿O se vale decir y aguantar de todo en nuestro deporte?

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