Arqueros reencarnados

¿Ustedes creen en las coincidencias? Porque yo sí y les quiero hablar de las similitudes que encuentro entre las dos figuras de la portería hoy, con dos de los grandes bajo los tres palos hace más...

¿Ustedes creen en las coincidencias? Porque yo sí y les quiero hablar de las similitudes que encuentro entre las dos figuras de la portería hoy, con dos de los grandes bajo los tres palos hace más de veinte años. Para empezar, creo que no hay duda: El mejor portero nacional de la actualidad, se llama Guillermo Ochoa.

Joven pero sereno. Largo, elástico y con reflejos de pantera. Volador y muy ubicado. Ochoa, es el mejor alumno de un guardameta argentino que triunfó en nuestro futbol, aunque de manera poco publicitada. Nestor Rafael Verderi, contó con la mala fortuna de coincidir entre las dos décadas apartadas para los inmortales en México: el cordobés Miguel Marin y el rosarino Héctor Miguel Zelada.

Verderi, fue un gran atajador, llegó al América y se coronó en 1975, cuando la liga mexicana le pertenecía sólo al Cruz Azul. Peleó el puesto con el popular "Guama" Puente y terminó su carrera con los Coyotes del Neza, para después dedicarse a la enseñanza en el arte de cuidar la portería.

Memo Ochoa, es una version mexicana (corregida y aumentada) de Nestor Rafael Verderi y hoy está en la antesala de lo que podría significar la carrera más exitosa para un portero mexicano en la historia. No en vano, la prestigiosa revista France Football lo tomó en cuenta como candidato al Balón de Oro.

Pero ojo, que no es el único que brilla al máximo. Los Potros tienen a un argentino que se ha ganado también un lugar privilegiado.

Federico Vilar, parece inviolable, inexpugnable y de igual forma desquicia a los rivales. El bonarense, posee todo para hacer historia en nuestro país y dejar su nombre en el corazón de nuestra afición: Reflejos, personalidad y carísma.

Es ya un ídolo entre la viajera afición atlantista y a diferencia del Chamagol (por ejemplo), aceptó con gallardía su papel de héroe (prefirió hacerse ídolo, antes que ganar más dinero y jugarse su futuro en otro lugar como lo hizo Sebastián Gonzalez).

En Argentina no brilló y a nuestro país llegó en busca de fortuna en la división de ascenso (Zitacuaro y Acapulco), por lo que la afición azteca puede presumir orgullosa: ¡Vilar se hizo en México!

Debo confesar que en ocasiones el arquero atlantista me ha puesto la piel de gallina al hacerme recordar las atajadas del ex portero americanista Héctor Miguel Zelada (quien hiciera época con las Águilas en los años ochenta): Su pinta, su melena, su atuendo y sus reflejos. Esos recorridos de poste a poste que hacen casi imposible anotarle por muy colocado que sea el disparo y por muy inteligente que sea el disparador.

Zelada, como Vilar, llegó a México sin mucho cartel y se terminó de converter en gran figura aquí en nuestra liga.

Mañana, se enfrentarán el Atlante y el América. Vilar frente a Ochoa. Sin duda, los dos mejores arqueros de nuestro balompié y el recuerdo claro de otros dos grandes.

Quizá piensen que estoy loco, pero mañana en Cancún, tendré un platillo por demás atractivo. Dos equipos enrachados. Con los dos mejores arqueros (que siempre son espectáculo). Y el nostálgico recuerdo de las actuaciones de esos dos arqueros argentinos que me hicieron vibrar cuando era niño, gacias a los reflejos del espigado Verderi y a la imponente presencia del imbatible Zelada.

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