¿Águilas históricas o histéricas?

No hay remedio. Este América es el peor de la historia. Último lugar general y la peor cosecha de puntos en los casi 92 años de vida no es poca cosa.

No hay remedio. Este América es el peor de la historia. Último lugar general y la peor cosecha de puntos en los casi 92 años de vida no es poca cosa.

Yo quiero compartirles lo que platiqué con uno de los históricos de este equipo (por sus buenos resultados, no como los de esta generación que seguramente provocarán verguenza al paso de los años).

Nilton Pinheiro Da Silva, mejor conocido como "Batata", llegó al América en 1980 y fue parte de esa metamorfosis que los hizo después multicampeones (aunque él no se quedó en México para festejar).

Batata fue figura en el mejor América de todos los tiempos, que curiosamente no logró el campeonato en la 82-83. Esas Águilas de los récords, de los 61 puntos en 38 jornadas, las goleadoras y de mejor defensa, las espectaculares arriba y abajo, en casa y de visita, las del uniforme nuevo y el himno recién estrenado, las que hacían suspirar a los aficionados de Coapa y provocaban odio entre todos los rivales.

Esas poderosas Águilas que distan completamente de las pálidas y flacas emplumadas de ahora.

Claro, todo empezaba a nivel directivo. El recambio de Emilio Díez Barroso y Panchito Hernandez, tras la salida de Guillermo Cañedo padre. La herencia de Don José Antonio Roca y la inigualable interpretación de Carlos Reynoso en la banca. Las contrataciones atinadas, los refuerzos justificados y los jugadores nacidos en casa (surgidos de la cantera) que se querían comer el mundo a cachos (Tena, De los Cobos, Luna, Ortega, Aguirre, Trejo, Bravo).

Era un poco de todo (o un mucho de todo), calidad, entrega y mentalidad, pero por sobre todo, la exigencia de los de pantalón largo, de los aficionados y de los propios compañeros en cada entrenamiento.

Cuando contrataron a Batata, el contacto fue pensado y bien trabajado. Lo observaron (ya lo conocían por su participación con la Selección Brasileña en la Copa América del 79) y fueron por él, nadie les platicó sobre un tal Batata, y aún así, este chaparrito y habilidoso delantero tuvo que llegar a pelearse el puesto, a convencer al entrenador (Roca) y a ganarse el respeto y aprobación de sus compañeros (igual tenía que convencer al técnico como al Capitán Alfredo Tena y sudar la camiseta para sacarle una sonrisa).

Cuando este estupendo extremo llegó al balompié mexicano, también el club de Coapa pasaba por momentos de emergencia, e igual otros extranjeros no daban la talla (dos brasileños llegaron casi junto con él y que no rindieron: Roberto Biónico y Zizinho, padre de Giovani Dos Santos quien tuvo que ser movido al León por su bajo rendimiento de inicio).

Y es que las crisis suceden y aunque eso a veces no se pueda detener, las formas de salir de ellas son las que hacen grandes a los equipos también. Por ejemplo, cuando Batata llegó a México, recordó en algo la renovación que había vivido como joven en el mítico Santos de su país.

Tras la salida de Pelé del Santos (1974) el equipo brasileño cayó en un bache. Sin poder brillar como la última década, se empezó a llenar de jugadores caros y que no daban resultados.

En la Temporada 76-77 vino una "limpia" a conciencia en el cuadro santista en donde había 50 jugadores en el plantel. Los malos torneos y la presión de la afición (que durante la década de ensueño se había formado) exigían un remedio inmediato.

Figuras como Clodoaldo y Ramos Delgado, tuvieron que salir acompañando a su técnico Calvo Núñez para dar paso a la oportunidad generalizada de jóvenes de Fuerzas Básicas.

El nuevo entrenador apodado "Formiga" (hormiga), un hombre de perfil bajo, de buen trato personal y mejor comunicación, se encargó de la reconciliación. (cuenta Batata, que este hombre dejaba en claro su idea en las charlas técnicas para después salirse de la habitación y que los propios jugadores se pusieran de acuerdo para aplicarla).

Este nuevo Santos, consiguió el título paulista en 1978, lo que significó incluso la catapulta de los nuevos talentos (incluso a la Selección Mayor de la maxima potencia mundial).

Esta interesante anécdota que me platicó (como siempre) llena de sabor mi amigo Batata, me hace reflexionar sobre si eso mismo pudiera ocurrir con estas Águilas que hoy ya no pueden volar más bajo.

Suponiendo que en el América sucediera algo similar, yo no sé si los jóvenes surgidos de las Fuerzas Básicas den el ancho. Yo no sé si la crisis de las Águilas también ha tocado a una escuela de futbol que durante décadas fue ejemplo de trabajo y personalidad, pero que hoy –como otras de nuestro balompié- huelen a viejo. Yo no sé si en las inferiores de Coapa se les sigue enseñando a defender la camiseta con la vida, para después convertirse en figuras legendarias, o en cambio, se están creyendo estrellas antes de tocar la pelota. Yo no sé si estas escuelas de los equipos grandes en nuestro país, estén a la vanguardia y a la par de lo que se necesita para trascender como potencia futbolera.Opina de esta columna aquí.

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas