Los que gozan y los que sufren

Hay jugadores que disfrutan cada momento sobre la cancha y otros en cambio, que sufren desde el primer minuto, esperando ansiosos el silbatazo final.

Hay jugadores que disfrutan cada momento sobre la cancha y otros en cambio, que sufren desde el primer minuto, esperando ansiosos el silbatazo final.

Esos futbolistas que se "echan el equipo al hombro". Los que buscan todas y piden a gritos el balón, son muy diferentes a los que la tocan poco, los que se hacen los desentendidos. Los que parecieran esconderse detrás del árbitro o de un compañero, para no cometer error.

En otras oportunidades he expresado mi repudio por la exagerada carga de partidos que algunos jugadores profesionales afrontan en la actualidad. Esos que juegan más de 70 partidos al año con poco descanso y que terminan por deslavar la pasión por el juego.

Pero esa situación, no tiene nada que ver con el cansancio mental que algunos jugadores parecen demostrar a veces sobre el terreno de juego (ese hastío que hace dudar sobre el gusto por el que actúan).

Jugar futbol es una profesión muy demandante, que exige total entrega, sacrificio, preparación fisica y mental, aunque nunca debe de entenderse alejada del placer por jugar.

Sí, porque todas las personas, estamos sujetos al trabajo diario para salir adelante, y pocos somos los privilegiados (yo me incluyo) que podemos hacer lo que más nos gusta (la inmensa mayoría realiza tareas rutinarias, rudas, cansadas o simplemente no deseadas, para llevarse un pan a la boca).

Un albañil o un obrero, pueden amar intensamente su trabajo, aunque muy probablemente no se divierta del todo, en las 12 ó 15 horas de árdua labor cotidiana.

El futbolista en cambio, tiene la gran posibilidad de disfrutar cada instante en que está ejerciendo su profesión (entrenando, concentrándose y jugando). Aunque a veces, terminan por perderse entre las presiones y las distracciones.

Ejemplos existen muchos, y podríamos aplicar algunos a los dos casos grandes de nuestro balompié en la actualidad:

Hoy, existen jugadores en el América que no "dan el ancho", como Núñez, Domínguez, López, Cervantes, Mosqueda, Higuaín, y otros que por el momento han dejado pasar el tren de la consagración como Argüello, Silva, Esqueda, Cerda y Navarrete.

Ellos parecen tener una enfermedad que para otros resultaría la mejor medicina. Quizá la cruz que cargan a cuestas, sería tomada como la mayor bendición por otras personas (jugar en uno de los equipos más importantes del continente americano).

Así mismo, ver a Guillermo Cañedo y a Ruben Omar Romano renunciar con 3 meses de anticipación, me deja mudo. Lavarse las manos "librándose" de la responsabilidad  por lo que pudiera ocurrir de aqui a junio (total, peor imposible, y si el dueño les pide después que se queden lo harán gustosos) hace evidente que tampoco ellos se divierten.

Este problema, se puede trasladar también a lo acontecido a últimas fechas en la Selección Nacional. Jugadores en la Sub-23 que nunca "jugaron con la pelota", sino que intentaron controlar el ataque asfixiante de nervios. Seleccionados mayores que en su momento decidieron a qué partidos sí, y a qué partidos no (algunos que no quisieron ir a la Copa América y otros que han preferido no ser llamados a todos los insignificantes amistosos).

Yo de verdad espero que el que esté (como técnico y como jugador), entienda la verdadera responsabilidad de ser profesional del futbol, pero que no la confunda con la rigidez del sentenciado que va al paredón. Para jugar bien, hay que divertirse y disfrutar. Esto sólo es futbol, a fin y al cabo, lo que se supone que más nos gusta.Opina de esta columna aquí.

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