Aprendiendo a ganar

¿Qué se necesita para ganar? ¿Cuánto tiempo tarda? ¿De qué sirve?

¿Qué se necesita para ganar? ¿Cuánto tiempo tarda? ¿De qué sirve?Éstas pueden ser preguntas muy subjetivas, porque el concepto "ganar" tiene diferentes enfoques. Puede ir desde el significado simple de adueñarse de lo que está en juego, salir victorioso de una competencia, hasta conseguir un logro o hacer crecer en objetivos alternos.Ganar debería ser un premio siempre benéfico, aunque algunas veces resulta peligroso. El no saber ganar, puede traer retrocesos y perjuicios.Y es que el problema es que hay algunos que se "confunden" con un triunfo. En sólo instantes pasan de ser humildes aspirantes a soberbios maestros, con tonos omnipotentes. En otras palabras, hay a quienes una victoria les hace más daño que 100 derrotas.Aún así yo creo que la capacidad de asimilar el triunfo no tiene nada que ver con el tiempo, la edad ni los años. De pronto escucho sentenciar "Le llegó muy pronto el éxito", algo que a mi particularmente me parece por demás equivocado. ¿Qué rayos tiene que ver la edad con la valía o madurez de los triunfos? Si así fuera, nunca habría recompensas ni galardones. Desde niños, antes de tener completo uso de razón, ya disputamos competencias y buscamos adueñarnos de los premios en los deportes y en los estudios (ganar un partido o hacerse merecedor a una estrellita en la frente).Pero quizá ganar no sea tan difícil como saber lo que se debe hacer después. Para lo que podrá servir el éxito. Y eso, tiene que ver sólo con el estilo y educación de los ganadores.El verano pasado durante la cobertura de los Juegos Olímpicos de Beijing, platiqué con Jefferson Pérez (el deportista más ganador en la historia de Ecuador) Tricampeón Mundial en marcha y dos veces medallista olímpico: Oro en 1996 y Plata en 2008. Este ídolo ecuatoriano, me regaló las mejores respuestas que pude haber imaginado."Una Medalla de Oro o de Plata por sí sola no valen nada, ni siquiera recordar qué tanto sacrificio y esfuerzo te costó conseguirla. Lo importante es saber qué hacer con ella. De qué servirá y a quién servirá. Para la qué la puedo hacer valer... sino, mejor me la compro en la tienda, porque sólo será un metal".Esto me lo respondió cuando le pregunté lo que sentía al ser el máximo medallista de su país, un héroe deportivo, pero él me respondió pensando en su entorno, su contexto."Yo no soy ningún héroe. Héroes son los anónimos que ganan diario la batalla de la vida. Los que no tiene que comer y luchan por sobrevivir honestamente. Esos sí son héroes”.Los orígenes de Jefferson Pérez, fueron de extrema pobreza y lucha cotidiana. Nació en uno de los barrios de mayor índice de delincuencia en Cuenca, y ahí su madre Doña Lucrecia, mujer invidente, lo sacó adelante a él y a sus 3 hermanos, lejos de las malas compañías y cerca del estudio y el deporte. Jefferson Pérez entrenaba, competía y estudiaba. Hoy, inicia una maestría gerencial en Madrid, a unos meses de su retiro como brillante andarín.Jefferson Pérez siempre ha buscado que la fama le sirva para ayudar a la gente a salir adelante (desde hace años encabeza una fundación de labor social). Cada quien está en su derecho de darle a sus logros el uso que mejor le parezca.En nuestro país damos la impresión de haber caído en una depresión deportiva. Los últimos resultados nos aniquilan. Quizá sería bueno replantearnos y recordar conscientes  lo que ya sabemos, que a veces se gana y a veces se pierde, pero que por escasas que sean las victorias, no deberían nunca ser estériles. Y no para festejar eufóricos y presumir unos cuantos días, sino para darle forma a un reinicio. Darles un uso inteligente, adecuado, que nutra y alimente.Opina de esta columna aquí.

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