Otra vez la mula al trigo

Yo si noté un equipo con más conexión. Prueba de ello, fue que –aún sufriendo el clima hostil en contra- arrancó dominando los primeros minutos de juego, incluso con un trio de llegadas al área rival.

Yo si noté un equipo con más conexión. Prueba de ello, fue que –aún sufriendo el clima hostil en contra- arrancó dominando los primeros minutos de juego, incluso con un trio de llegadas al área salvadoreña (con Arce y el Guille). El problema fue el gol tempranero (que como decían los de antes, puede ser al "táctico") y que agudizó las carencias de siempre (no sólo de ahora). La semana pasada pronostiqué un grupo más compacto y con mayor identidad, aunque también esperaba ver un nulo avance futbolístico. Y eso fue. Seamos honestos, los partidos en la zona más áspera del mundo no se ganan necesariamente jugando mejor. Lo que es un hecho es que la calificación está en extremo riesgo y no ir a Sudáfrica, significaría el peor fracaso en la historia del balompié azteca. Pero me gustaría destacar algunos puntos al margen, por ejemplo: Ayer Ricardo Osorio habló (cosa rara) y dejó ver que no les gusta que los tachen de desganados. Destacó el cansancio físico (que no es poca cosa, aunque de ninguna manera resultaría una excusa válida) y me hizo pensar de inmediato en el hombre que mejor se vio sobre la cancha del Cuscatlán. Por un lado, es triste confirmar la dependencia que persiste en torno a Cuauhtémoc Blanco. Sigue siendo el jugador de mente más clara y con mejores argumentos. Se sigue divirtiendo en los partidos con mayor presión. Y hablando de lo físico que destacaba Osorio, vimos que a sus 36 años destacó por el despliegue en los 45 minutos que estuvo sobre el terreno de juego (lo demostró al final incluso con el pique para marcar el segundo gol, que le anularon equivocadamente). Cuauhtémoc es un caso único y no sólo por sus condiciones personales, sino porque además aprovecha las bondades de la liga en la que se desarrolla (apenas suma 11 partidos en este 2009 con el Chicago Fire, a diferencia de los 25 que cargan otros de la liga local sumados a Interliga, Libertadores, o CONCACAF).   Para nadie es un secreto que las Selecciones Nacionales son los equipos que menos trabajo en conjunto tienen (no se compara con los clubes que trabajan el día a día). Siempre las concentraciones son al "cinco para la hora" y los entrenamientos suelen ser más regenerativos que otra cosa. A mí no me gusta exagerar, por eso no destaco una sola razón como la culpable. Tampoco coincido en pensar que este equipo mexicano es el peor de los últimos 20 años. Una cosa es cierta: el estancamiento es claro (como lo dijo Rafa Márquez hace unos meses). Yo no lo veo peor, sino muy parecidos a otros momentos (por eso sí estan estancados): También se perdió ante El Salvador previo al Mundial de EUA 94. También con Lapuente se veía un equipo completamente desdibujado a tan solo días de arrancar Francia 98. Igualmente hacían falta líderes en la Selección del "Ojitos" rumbo a  Corea y Japón 2002. Las dudas que se generaron durante cuatro años ininterrumpidos por La Volpe, quedaron sin respuesta hasta el último partido jugado (que terminó siendo el más emotivo y de mayor nivel ante Argentina) en Alemania 2006. La Selección Mexicana, debe trabajar para vencer al siguiente rival de la Eliminatoria, antes que intentar revolucionar nuestro balompié de pies a cabeza (eso le corresponde a otros). Quizá lo que más duele es que muchos (lo acepten o no) se han creido durante todos estos años las clasificaciones de la Federación de Historia y Estadistica, en las que México aparecía en la cuarta, sexta o séptima posición, y no soportan verlos caer ante un rival sin blazones. Hoy los titulares en la prensa son los mismos que hace 16 años. Ojo, no destaco los de antaño porque en los años 50, 60 y 70 no nos sentíamos parte de la élite mundial como ahora (aunque también había feos tropiezos y orgullosas satisfacciones). Insisto, no ir a Sudáfrica sería el peor fracaso de la historia. Ojalá que el Tri se recupere y no haga caso ni de las críticas arteras de los furiosos ni a los elogios baratos de los complacientes.

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