Los técnicos que mutan

No es la regla, aunque me llama la atención ver a muchos de hombres de futbol que cambian su estilo o sus formas al convertirse en Directores Técnicos.

No es la regla, aunque me llama la atención ver a muchos de hombres de futbol que cambian su estilo o sus formas al convertirse en Directores Técnicos. Los que como futbolistas presentaron ciertas características que no son las que afloran desde la banca. Ricardo Ferretti fue siempre un volante ofensivo de gran poder, dueño de una bazuca a la hora del disparo a gol, aunque normalmente se presentaba sonriente y amable a la vista de todos, disfrutando los partidos. En cambio, como entrenador, su estilo es más apasionado, berrinchudo y hasta gruñón (sólo me refiero a la forma de expresarse, porque no conozco a alguien que no lo destaque como un completo caballero). Tomás Boy fue un virtuoso. Elegante y preciso. Con carácter fuerte, pero frío y calculador sobre el terreno de juego, mientras que en su atractiva etapa como estratega ha mostrado un tono desafiante por demás extrovertido y hasta exuberante. Alfredo Tena en cambio, siempre fue un retador (en el buen sentido de la palabra). Arengaba a propios e intimidaba a extraños. Físicamente imponente como defensa central, fue duro y temido, y desde su debut como entrenador, se nota sereno, claramente respetuoso y hasta cierto punto ecuánime.   José Manuel De la Torre fue muy fino, dotado de una envidiable técnica individual. Más artista que guerrero. Y ahora desde la banca nos muestra su otro yo. El "Chepo" se ha transformado: grita, pelea y reclama, como si hubiera bebido la pócima del Doctor Jekyll y Mister Hyde. Hay quienes presentan características similares cuando se ponen saco y corbata, Ricardo La Volpe o Miguel Herrera se mantienen explosivos y muy emotivos, y otros que guardan la misma compostura que mostraron en su etapa activa como jugador: Benjamín Galindo, por ejemplo. Explicaciones puede haber varias: Unos dirán que como jugador se disfruta y como técnico se sufre. Otros quizá romperán la tensión y la extrema disciplina a la que fueron sometidos como futbolistas, para expresarse de otra manera al momento de dirigir a un grupo de hombres. Lo que es un hecho es que esto pasa. Los cambios de actitudes y de formas se pueden comparar hoy entre los entrenadores a los que muchas veces vimos jugando en una cancha de Primera División. Son muy pocos los casos de los técnicos que no presumen un palmarés como jugadores en activo y que hacen imposible destacar esas diferencias o poner esos parámetros. Y se me vienen a la mente dos hombres que están (cada uno en su nivel) en el escaparate del futbol de hoy: el portugués José Mourinho y el estadounidense Bob Bradley. Dicen que un buen técnico puede ser el que mayor credibilidad inspire con su plantel, por lo que me gustaría terminar destacando a los dos hombres de moda en nuestro balompie, con un ejercicio interesante sobre uno de ellos: Javier Aguirre, es el entrenador consumado que muestra el mismo estilo que se le vio en 15 años sobre el terreno de juego y que lo mantiene con éxito en el vestidor. Y el otro es el futbolista que quiere llegar a ser entrenador, Cuauhtémoc Blanco, al que dentro de algunos años podríamos estar analizando en su etapa como Director Técnico. Y entonces se me ocurre preguntarles ¿se imaginan diferente a Cuauhtémoc desde la banca a lo que ha mostrado desde la cancha?

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