Locales y de visita

Es un fenómeno extraño ver a un equipo obtener mejores resultados cuando juega de visita que de local. Un buen dato estadístico, aunque no deja de ser poco común y yo diría que preocupante.

Es un fenómeno extraño ver a un equipo obtener mejores resultados cuando juega de visita que de local. Un buen dato estadístico, aunque no deja de ser poco común y yo diría que preocupante.

En cualquier parte del mundo, la localía da ventajas: Jugando con el clima acostumbrado y la cancha que dominas, el público que debe pesar como un jugador más, y hasta las condiciones alternas como el arbitraje (por más que los árbitros argumenten imparcialidad, en cualquier campo se inclinan a favor del de casa).

Hoy, los Jaguares, se llevan los aplausos por su estilo cuando juegan en patio ajeno, aunque para mi, no es otra cosa que buscarle el lado bueno a una Temporada mediocre.

Este equipo chiapaneco que ha festejado más afuera de Tuxtla Gutiérrez (victoria sobre el Cruz Azul, ante los Tigres, sobre el San Luis y Monterrey, además de los empates con Gallos y Águilas), pero que es incapaz de sacarle ventaja a las condiciones tan particulares de la Selva en el Víctor Manuel Reyna.

Algunos me dirán que lo que pasa es que los jugadores que recién llegan, sufren para adaptarse a esas condiciones climáticas, y por eso juegan mejor de visita. Pudiera ser, pero es ahí en donde debía destacar el término tan trillado de los futbolistas que viven de esto: Profesionalismo.

Sí porque igual de complicado es prepararse en una altitud de 2600 metros sobre el nivel del mar que hay en Toluca, o una similar en el Distrito Federal sumada a la fuerte contaminación. Y qué me dicen del calor deshidratante de La Comarca Lagunera o Monterrey, o hasta los fuertes vientos que pegan en Pachuca (y que muchos extraños hacen a la pelota).

Es bueno jugar bien de visita, pero no es lo normal. Esos resultados hablan de algo que no se ha solucionado ¿Se acuerdan cuando Nacho Trelles dejaba crecer el pasto en Zacatepec para regar la cancha pocos minutos antes del partido, provocando que los visitantes se evaporaran junto con sus aspiraciones de buen juego? Así también deberían sucumbir los visitantes de la capital chiapaneca, cuando se les ocurra ponerse al tú por tú con estos felinos.

Y no se puede hablar de falta de trabajo, cuando los que conocemos el estilo entregado de Luis Fernando Tena, sabemos que es uno de los entrenadores mejor preparados y más entregados.

Ocurre en otras partes del mundo. La Selección de Costa Rica, quizá termina por no acostumbrarse a la cancha sintética y maltratada del Ricardo Saprissa, y aunque mucho destaquen estas características como favorables para los ticos, resulta que sólo dos o tres (que juegan en el Monstruo Morado) son los futbolistas que no lo resienten, y todos los demás sufren para controlar un balón.

Le ha pasado en los últimos Torneos al América (aunque este Apertura mejoró un poco), parándose en el Estadio Azteca, no significaba sinónimo de triunfo (ni siquiera por lo inexpugnable que pudiera parecer el escenario más importante de nuestro balompié), y quizá en el caso de las Águilas, se haya tratado de otros factores de autopresión y falta de confianza ante su público y el compromiso que significan los colores.

Claro que jugar bien en patio ajeno resulta anhelado por cualquier equipo. Simplemente, en nuestro caso con la Selección Nacional, es “de lo que pedimos nuestra limosna”, pero no es lo recomendable para un club, un equipo de Liga debiera hacerse siempre fuerte en su casa.

¿O ustedes prefieren jugar mejor de visita que de local? ¿A qué atribuyen que se de este fenómeno? ¿Será físico, futbolístico o psicológico? ¿O de plano, tendríamos que aprender de ello, para que a nuestro Tricolor por fin le vaya mejor en un Mundial?

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