La libertad del futbol

En pleno mes patrio y con la euforia por el Bicentenario, se me antoja relacionar algunas reflexiones con el deporte que más disfruto.

En pleno mes patrio y con la euforia por el Bicentenario, se me antoja relacionar algunas reflexiones con el deporte que más disfruto. Primero, quiero decir que desde mi óptica, el futbol es sinónimo total de libertad. Jugarlo desde niño me hizo sentir pleno, natural. Era la oportunidad perfecta para actuar con soltura, fue de lo que más disfruté. Hoy, aunque con mucha menor frecuencia, me sigue transportando a esa faceta diestra, osada y alegre, que me desconecta (para bien) de la rigidez del momento actual. Alguna vez, tuve la fortuna de presenciar una Olimpiada de reclusos. Una experiencia única en la que vi como los presos transformaban su rostro con el simple hecho de vestir pantalones cortos y calzar zapatos para jugar futbol. Parecía como si terminaran de pronto su condena, como si abandonaran por un instante la prisión. Ese sentimiento de ligereza natural, de independencia, lo regala el futbol y no se encuentra fácilmente en otra actividad, aunque en ocasiones ciertos abusos lo puedan convertir en monótono y ordinario. Es aquí en donde quisiera detenerme para intentar preservar la esencia propia de este deporte. La fuerte manipulación con la que hoy se maneja, agrede su franqueza. A veces el exceso de materia, información y polémica prefabricada, provocan hastío. Es más, el desenfoque de algunos aficionados creando círculos poco virtuosos, en definitiva contaminan su pureza: El que se involucra sólo para obtener un beneficio (fama, reconocimiento o dinero) denigra la nobleza intrínseca de esta actividad. A mí me gustaría que estas fechas tan publicitadas, nos sirvieran también (hablando exclusivamente de futbol) para recuperar algunos valores que todos hemos disfrutado alguna vez, jugando o viendo jugar: Valentía, respeto y libertad. Me encantaría ver más “levantamientos pacíficos” como el del sábado anterior en Guadalajara, en el que la afición muestre su repudio ante la falta de respeto que envuelve a nuestro representativo nacional. Celebraría gustoso que nuestros dirigentes entendieran que todo negocio tiene un principio y un final, por lo que no se puede seguir “pateando el pesebre”. Me emocionaría al ver a más caudillos que de manera sincera lideren sus batallas sobre el terreno de juego y a la vez más futbolistas que se independicen de lo que les rodea, creciendo dentro y fuera del césped para no depender de “otros” y poder así hacerle frente a uno que otro sistema nocivo. Gozaría en todo momento la libertad para utilizar nuestra voz, fortaleciendo el concepto de lo que significa futbol, sin manoseos ni estereotipos.

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