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¿Quién es el ofendido?Martes 5 de Abril del 2011
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¿El futbol es un deporte o una guerra? ¿O ambas? Si se vale de todo dentro la cancha, entonces quitémonos el hipócrita saco del “Fair Play”.
Lo que sucedió en la cancha del Territorio Santos Modelo no debería terminar sólo en una suspensión al agresor físico (muy merecida), tendría que hacernos reflexionar sobre la doble moral que existe en el deporte más popular del planeta.
Hoy en día se amonesta a los jugadores por festejar un gol más de la cuenta para evitar “calentar” al adversario. Se castiga a un delantero que dispara a puerta después de pitada alguna infracción para no exponer a los árbitros a la controversia. Se expulsa a entrenadores por reclamar cuando no están de acuerdo con el silbante intentando hacerlos actuar como caballeros del deporte. Se desfila con la banderita blanca en los Torneos internacionales presumiendo la búsqueda por el respeto y la paz, pero se rechaza aceptar un cáncer social tan nocivo como el racismo, sólo porque dentro de la cancha los protagonistas pueden decirse lo que quieran.
Los seis partidos de suspensión a Carlos Darwin Quintero son inobjetables, la sanción es justa porque el delantero santista agredió de manera flagrante al volante del Cruz Azul, pero lamentablemente la supuesta causa de esa reacción está siendo minimizada.
Rogelio Chávez no admite haber querido denigrar al delantero colombiano como él declaró y ahora será casi imposible comprobarlo. Una vez más los vicios y defectos de nuestra sociedad invaden al deporte. Las versiones cruzadas y los valores como el civismo y el respeto a los demás quedan sujetos a la comprobación de los sistemas legales (quejas, pruebas y sanciones): Sólo si me vieron o me oyeron, sólo si me lo pueden comprobar entonces lo llegaré a aceptar para cumplir un posible castigo.
Yo entiendo que en el futbol se deben aguantar muchas adversidades y estilos. Entiendo también que dentro de la cancha un jugador se puede transformar diciendo y haciendo cosas por impulso o frustración, pero eso no debía eximir de responsabilidades. El futbol debe seguir siendo una expresión pura de deportivismo.
Escuchar a Carlos Darwin Quintero aceptar su error y ofrecer disculpas me deja tranquilo porque él sabe que actuó equivocadamente, pero comprobar cómo se intenta pasar por alto un supuesto brote de racismo en nuestro país, me revuelve el estómago ya que me hace ver que en ocasiones no se quiere medir con la misma vara. El terreno de las ofensas es siempre subjetivo y analizar los insultos e intenciones no resulta sencillo aunque sí muy necesario para encontrar una armonía.
¿Ustedes creen que llamar a alguien simio convierte a un jugador en mejor futbolista o puede resultar normal minimizando el posible daño provocado? ¿Qué hubiera pasado si eso que supuestamente le dijeron a Quintero se lo dedican al Silbante? ¿Ustedes creen que hubiera tenido la misma repercusión en nuestro país si la queja hubiera venido de algún jugador mexicano que milita en Europa?
Yo no puedo asegurar que Rogelio Chávez efectivamente realizó un acto de racismo en contra del colombiano, aunque dudo que Quintero haya mentido para aminorar su castigo. Aquí lo triste es la forma en la que se analizan las versiones y se minimizan los supuestos acontecimientos, argumentando que antes ya han ocurrido, y señalando como el más equivocado al quejoso (el colombiano) por romper la discreción de lo que sucede dentro del terreno de juego.
Yo creo que tras este incidente el más ofendido resulta el mismo futbol, porque de esta forma sólo se convertirá en potencial terreno de lo indeseado en lugar de enaltecer siempre y sin excepción los valores humanos en la búsqueda por el balón.
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