Amar es sufrir, querer es gozar

En ninguno de los casos se deja de sufrir, porque aún los equipos más exitosos viven bajones y decadencias, y entonces se añoran virtudes por las que se empeñó el corazón a esos colores.

No existe un solo aficionado que no sufra en el futbol.

Es cuando un seguidor pasa de ser un simple espectador a un incondicional de su equipo.

Yo creo que un niño comienza a seguir a un club por tres razones: Por herencia (familiar), por convicción (incluso casual) o por lógica (éxitos).

Quizá la más común sea la tercera, ya que por lo general los niños apoyan al equipo ganador, al que cosecha los triunfos y festeja los títulos: Barcelona en la actualidad internacional.

En ninguno de los casos se deja de sufrir, porque aún los equipos más exitosos viven bajones y decadencias, y entonces se añoran virtudes por las que se empeñó el corazón a esos colores: Los americanistas de hoy reclaman el espectáculo con el que festejaron en los años ochenta, los aficionados de las Chivas quieren ver el orgullo y amor con los que defendían la camiseta en la década de los sesenta, los aficionados Celestes suspiran por esas grandes figuras incomparables que robaron la atención de los años setenta. Mis amigos atlantistas aseguran estar acostumbrados al sufrimiento constante y lo único que exigen es que sus jugadores corran, suden y se entreguen independientemente del resultado final. Cuestión de enfoques.

Hablando de selecciones nacionales es diferente, porque ahí le vamos al representativo de nuestro país y entonces se mezclan sentimientos, frustraciones e intereses.

A diferencia de las grandes potencias que han seguido festejando títulos mundiales como Brasil, Argentina, Italia o Alemania, todas las demás esperan con cierto dolor que el sueño se convierta en realidad. A lo mejor por eso, el título de Francia en el 98 o de España en el 2010 resultó tan especial y la euforia tan espontánea, hasta con cierta incredulidad.

El fin de semana anterior platicaba con un amigo uruguayo que festejaba el triunfo sobre Argentina en la Copa América y destacaba que esos eran los logros que a él le han tocado (por su edad no vio los títulos mundiales del 30 ni del 50) y ávido de volver a celebrar en grande tras la sequía de los últimos años, resaltábamos la frustración que debieran pasar los argentinos y brasileños en este certamen. Así es el futbol, una esencia de este deporte

En nuestro país hemos tenido dos décadas de mejoría y hemos empezado a saborear algunas mieles: La Copa Confederaciones del 99, los dos Mundiales sub 17, aunque para los éxitos grandes todavía nos falte. Me queda claro que no existe un solo aficionado que no sufra o no se decepcione, aunque mantenga intacta la condición paciente del que espera el gran momento de gloria, por el puro amor a sus colores.

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