En equipo, todos defienden

El buen jugador (persona) siempre está atento para cuidar la espalda de su compañero, para dar o recibir apoyo en un momento de aprieto.

La solidaridad en el futbol es intrínseca. El buen jugador (persona) siempre está atento para cuidar la espalda de su compañero, para dar o recibir apoyo en un momento de aprieto. Algunos de ustedes recordarán a Jesús Estrada, jugó para el Pachuca, Atlante, Irapuato y Veracruz en una corta carrera profesional en la Primera División. Cumplidor defensa central al que se le recuerda entrón mandando al hospital al goleador de época (Carlos Hermosillo) con las costillas fracturadas. Al no recuperarse de las lesiones tuvo que colgar los botines a una edad temprana y entonces buscar -como otros muchos futbolistas- un desarrollo en terrenos diferentes. Hace algunos años se mudó a la Unión Americana en donde vive con su familia y trabaja –entre otras labores- como entrenador de la escuela del Pachuca. Hoy, sin la adrenalina que provoca estar siempre en competencia, el motor que lo mueve es aún más fuerte, más ganador. Estrada ya no detiene delanteros rivales, su objetivo ya no es evitar que le encajen goles a su portero, hoy la defensa que realiza es aún más entregada, requiere mayor certeza y no acepta pestañeos Hace un par de meses recibió la noticia que lo desarmó, lo aniquiló: su hijo mayor de 10 años de edad fue diagnosticado con leucemia. El golpe más difícil de reponer. El gol en contra más amargo pero del que tendrían que salir airosos y no aceptar titubeos, lamentaciones, ni culpas. Aquí el carácter si era fundamental para reponerse con fiereza. Pero a “Chuy” le llegó una fuerza que no esperaba aunque inconscientemente sabía que podía aparecer -cuando te sabes apoyado por un verdadero equipo-. De inmediato comenzó a recibir mensajes de apoyo y oraciones de sus amigos futbolistas en México que lo volvieron a hacer fuerte. El amor por su hijo lo metió de nuevo al partido y su inquebrantable fe en Dios lo hizo ser imbatible. Ahora la lucha era contra el reloj y sin margen de error. Fue entonces cuando conoció a su nuevo héroe, al único que podía ver ya como ídolo: Su hijo, soportó estoico demoledoras cesiones de 10 horas de los tratamientos de quimioterapia y con la sonrisa en el rostro fortalecía cada vez más al resto de su familia. Milagrosamente tras 4 semanas del bombardeo certero, la noticia se festejó justo a tiempo: La sangre estaba limpia y el cáncer no se había propagado. La vigilancia seguirá atenta pero Jesús Estrada ha recibido la mejor inyección de toda su vida. Agradece su hoy y su ahora. Porque existen otras motivaciones para un ex jugador profesional más allá de aferrarse a ser afamados entrenadores o populares comentaristas. No todos los futbolistas son presa de los vicios ni de las tentaciones de una sociedad cada vez más afectada. También existen quienes bendicen el poder guiar a su familia y agradecen el apoyo de los que siguen formando parte de su mejor equipo.

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