Se guardan para la Selección

Un fenómeno común a nivel mundial es ver a jugadores que no rinden igual en sus clubes que en sus representativos nacionales, aunque en México hay casos que ejemplifican exactamente lo contrario.

Un fenómeno común a nivel mundial es ver a jugadores que no rinden igual en sus clubes que en sus representativos nacionales, aunque en México hay casos que ejemplifican exactamente lo contrario.

El ejemplo que todos destacan (y critican) es el del mejor jugador del mundo. Lionel Messi es un astro con el Barcelona pero uno más con la Albiceleste. Ha ganado todo lo que se le ha cruzado con su equipo (ligas, champions, mundial de clubes, copas, copitas y copotas) pero con su selección no puede -aún- dar el “do de pecho” (después de 2 mundiales, Copa América y eliminatorias) siendo su único gran logro, la medalla dorada en los Juegos Olímpicos de Beijing. Hemos escuchado muchas veces frases como: “hay jugadores de club y jugadores de selección”, “le pesó la camiseta nacional”. Hoy por ejemplo, aparece el nombre de Guillermo Ochoa como el mejor arquero mexicano del Siglo 21. Memo ha brillado en sus clubes, un arquero con inmejorables condiciones, grandes reflejos, aunque algunos errores claros de juego aéreo todavía por solventar. Fue pieza importantísima del América desde su debut y actualmente es el estandarte del milagro que busca el Ajaccio por la salvación de la categoría y que lo pondría en un nivel superior a cualquier otro guardameta azteca (yo lo aplaudí cuando tomó la valiente decisión de “jugársela” con este modesto equipo francés a pesar de que algunos aseguraban que para ir a un equipo así era mejor quedarse en México). Memo es un excelente arquero pero no lo ha demostrado con nuestra Selección, antes creo que han sido mejores Oscar Pérez y Oswaldo Sánchez. Pero además existe un caso curioso con nuestros futbolistas. Los que no son grandes figuras en sus equipos pero que al ponerse la camiseta verde se agigantan como ninguno otro. Recuerdo bien cuando Bora Milutinovic convocó al equipo que participaría en la Copa América del 97, los nombres hacían presagiar un mal resultado por su poco rodaje. Al final, un decoroso tercer lugar y el nacimiento de una gran estrella: Luis Hernández no era novato pero no había tenido mayor impacto en los clubes en los que había jugado. El Matador siempre fue entregado, enjundioso, correlón y carismático aunque nunca brilló como la figura desequilibrante de ninguno de sus equipos de liga, en cambio con el Tri, fue sin duda una de las máximas figuras (en ese certamen continental y en el Mundial del Francia 98) valiéndole eso para recibir la oportunidad de jugar algunos meses en el Boca Juniors y compartir con Diego Armando Maradona en los últimos instantes de su carrera en las canchas. En estos momentos, los ejemplos son claros (aunque mucho más preocupantes). Algunos titulares de nuestro equipo nacional no brillan con sus clubes porque ni siquiera son tomados en cuenta por sus directores técnicos. Giovani dos Santos fue la figura de México en la pasada Copa Oro consiguiendo el golazo del triunfo y la remontada cardíaca en la final ante Estados Unidos pero cada seis meses va y viene de un equipo a otro. Efraín Juárez destacó como una de las piezas más importantes en la apurada calificación mundialista a Sudáfrica pero ni en Escocia ni en España ha demostrado tener nivel para seguir en el terreno de juego. Pablo Barrera es sin duda un hombre de la baraja del Chepo de la Torre, con cualidades claras de potencia ofensiva pero sufre lo mismo tras no afianzarse en el West Ham y ahora luchando por la confianza en el Zaragoza, con el reloj en contra y el descenso a “tiro de piedra”. Yo aplaudo sinceramente a los futbolistas que se agrandan con la camiseta nacional, a los que no les pesa la presión y que afrontan el reto de representar a su país, pero la inactividad obligada por desprecio creo que les podría afectar aún peor que cualquier lesión de gravedad. O quién sabe, a lo mejor para ellos lo único que cuenta es jugar cada 3 meses con su selección nacional.

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