El privilegio del futbol

Todos los partidos se quieren ganar y cada uno encuentra diferentes emociones.

Todos los partidos se quieren ganar y cada uno encuentra diferentes emociones. He escuchado a mucha gente sentenciar negativamente que los equipos tapatíos no tienen ya nada que ganar en los compromisos que les restan en este primer semestre del año. Los Estudiantes, oficialmente descendidos. Las Chivas, sin oportunidad de alcanzar la Liguilla en el Clausura y virtualmente eliminados de la Libertadores. Y los del Atlas, que aunque se salvaron de panzazo, no disputan nada relevante en los dos últimos compromisos del torneo local. Claro que los tres podrían caer en una depresión al no aspirar a ningún objetivo de trascendencia pero de ninguna manera coincido en ese afán de ignorar la maravilla que significa participar del más hermoso de los deportes (como jugadores y como aficionados). Cuando pisamos una cancha -en cualquier nivel- lo hacemos consientes del placer natural por jugar. Divertirnos, disfrutar, demostrar, siempre buscar ganar. Es probable que algunos de los integrantes de la Autónoma de Guadalajara no vuelvan a pisar un campo de Primera División (por lo que estos últimos dos juegos podrían ser aún más especiales). Cabe la posibilidad de que ciertos integrantes del glorioso Guadalajara no vistan de nuevo la camiseta rayada que llena de orgullo a millones de aficionados. Y es un hecho que los Zorros están obligados a regalarle al menos una alegría a sus miles de seguidores (más allá del mediocre premio tras salvar el pellejo por los próximos 12 meses en el máximo circuito). ¿Qué buscan o qué se juegan? Eso es evidente (sólo los que nunca han jugado podrían dudar de lo que significa calzar los botines y esperar a la señal del árbitro para iniciar un juego). En el futbol se gana (se empata) y se pierde, pero nunca una derrota debe derrumbar ni una victoria puede hacer pensar que todo está consumado. ¿Qué pensará de esto un gran veterano como el “Pony” Ruiz si es que decide colgar los botines, o el joven prometedor Carlos Fierro en su afán por acumular experiencia, será que los jugadores del Atlas se sientan tan seguros que no se “rajen” para impedir que cualquier jovencito talentoso de su cantera los desbanque la próxima temporada, o una vez que el “profe” Eugui declaró abiertamente querer dirigir a los otrora Tecos para intentar el ascenso no le servirán estos 180 minutos para visualizar con quien se queda o quién huirá volando del infierno (de la otra división)? Digo, porque tampoco es que los equipos del futbol mexicano se caractericen por diseñar y seguir los “grandes proyectos” ¿no? Yo creo que lo peor que le puede ocurrir a un futbolista es no jugar, por lo tanto, todo aquello que lo vincule a una cancha siempre estará bendito. Les platico lo que viví la noche del domingo y de lo que aún no me recupero: El Chicago Fire jugaba en su cancha ante el Dynamo (rival de la misma Conferencia, partido de 6 puntos). De pronto al minuto 12 el juego se detuvo por una tormenta (y más que la lluvia intensa, la amenaza de rayos y centellas) entonces buscando salvaguardar la integridad y seguridad de jugadores y aficionados el partido debió esperar. Una hora después se reanudó el encuentro y cuando corría el minuto 65 -con empate a un gol- de nuevo la tormenta provocó una nueva y definitiva cancelación. Fue entonces cuando la regla de la MLS me dejó perplejo. Según el reglamento de esta liga, una vez jugado el primer tiempo de cualquier partido, si existe alguna situación que impida continuarlo, el resultado se tomará como oficial. Osea, el partido se suspendió a los 65 minutos y el marcador final fue de 1-1. Los 25 minutos restantes no se jugaron ni se jugarán. Claro que coincido en suspender un juego si existe tormenta eléctrica porque ya han habido lamentables casos de accidentes que no queremos recordar, pero eso de dejar inconcluso un partido restando 25 minutos sin el ánimo de reprogramarlo en otro horario u otra fecha y regalando el resultado todavía no lo puedo superar. El espíritu del futbol es jugar siempre y hasta que silbe el árbitro. Ya lo dice la legendaria frase que acuñó el querido y respetado maestro don Fernando Marcos hace 50 años (en el Mundial de Chile 1962): “El último minuto, también tiene 60 segundos”. Yo creo que tanto jugadores como aficionados de estos 3 equipos tapatíos todavía tienen guardadas emociones, porque la grandeza de este deporte no se reduce a un título o a una calificación a los “playoffs”. El sentimiento por el futbol, es un privilegio dificil de explicar pero muy sencillo de compartir.

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