Es Clásico, joven

Los grandes equipos atraen miradas y provocan expectativa, aunque hace mucho tiempo que no veía tantas consecuencias arrojadas por los llamados Clásicos en el futbol.

Los grandes equipos atraen miradas y provocan expectativa, aunque hace mucho tiempo que no veía tantas consecuencias arrojadas por los llamados Clásicos en el futbol. Después de la victoria del Real Madrid en el Camp Nou, volvieron a salir del closet muchos de los aficionados merengues que durante años estuvieron guardados apretando los dientes. Sí, porque si bien es cierto que el Madrid se llevó la Copa del Rey anterior venciendo a los Blaugrana, la rivalidad e importancia de ambos clubes hacían ver como “poca cosa” esa victoria madridista (al fin y al cabo el Barça se coronó en la Liga y en la Champions anteriores). Hoy, los aficionados merengues festejan, se burlan y levantan el pecho recordando que el uniforme más blanco es el más grande de la historia. Tienen la Liga ganada y la Champions en la mira. Por su parte los ahora millones de seguidores del cuadro catalán (el aumento exponencial de quienes hoy esperan las victorias del Barcelona no ha sido obra ni de la casualidad ni de la mercadotécnica, sino producto de un enamoramiento paulatino durante el último sexenio por la forma -y el fondo- de juego) han caído en una depresión enfermiza. Silencio, preocupación y tristeza, ahora sólo esperan a que el Chelsea no les clave la puntilla, sino, podrían caer en un abismo sin regreso (lo cual me parece exagerado ya que sólo habría que entender que en el futbol no se puede ganar todos los días). Hoy el mundo está dividido entre la belleza, armonía y humildad (Barcelona) ante la fanfarronería, efectividad  y egocentrismo (Real Madrid). Ambos frentes llenos de enorme y probada calidad. Hoy el Clásico entre “Merengues” y “Culés” ha vuelto a retumbar el planeta, haciendo que se ignoren a los otros cuadros ibéricos que desde mi opinión demuestran el mejor momento de la Liga española en mucho tiempo: El Athletic juega “por nota”, el Atlético impone a cualquiera, y entre el Valencia y los pequeños como Málaga y Levante elevan el nivel generalizado de lo que antes se destacó como un torneo solo de 2 (o quizá de uno y medio).  En estos momentos el campeonato español ha recuperado su poderío, superando por lo pronto a los ingleses e italianos en este 2012. Pero hay otros Clásicos que también sacudieron. En “nuestro patio”, las victorias levantaron muertos y las derrotas hundieron a los desvalidos. Las Águilas alzaron el vuelo después de pegarle a los Pumas en la Fecha 11 y a las Chivas en la 14. De no convencer a todos, pasaron a pelear por la punta general. Si el América puede arrancar la Liguilla como líder único asegurando cerrar todas las series de local, no veo por qué no se le deba creer al “Piojo” en sus pronósticos de llevar la Copa a Coapa. En cambio los Pumas después de esa derrota hace tan solo 5 semanas ante los americanistas, firmaron su sentencia (sumados a las ausencias por lesión de Verón y Cabrera) para pasar “las de Caín” en uno de los peores cierres de campeonato. Mientras que las Chivas se desfondaron tras entregar el partido del honor ante el América en el Omnilife, el desgaste y la desorganización los aniquilaron también en el certamen continental (goleados por el Deportivo Quito) y tras ser humillados por los Zorros (cayendo con uno de los únicos 6 goles atlistas en 16 partidos) ahora esperan conocer al nuevo verdugo (quiero decir, jefe) tras el “dedazo” de Johan Cruyff. Lamentablemente el Guadalajara marcó su camino y los resultados en los Clásicos empeoraron su realidad en partidos de semejante trascendencia y rivalidad, me hace recordar eso de que “los Clásicos no se juegan bonito, se ganan”. Por ello, seguro estoy que lo que veamos este domingo en el Azteca será un partido de Liguilla, un encontronazo de fase final. Si el América vence a los azules podría quedarse con el liderato general y con el optimismo en lo más alto, fortaleciéndolo como pocas veces en la fase final. Y si el Cruz Azul festeja,  entonces no me queda ninguna duda en que la Máquina podría pelear de tú a tú por cualquiera de los dos torneos (o quizá ambos, en el Clausura y la Libertadores). Son las bendiciones que cualquiera anhela antes de un Clásico de semejante envergadura  previo a la Liguilla, recordando que este Clásico joven justamente nació de los primeros enfrentamientos setenteros en la fiesta grande del futbol mexicano, en donde no se corona el que mejor jugó el torneo regular sino el que mejor llega y con moral más alta.

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