oguzman

El nio y el 'Profe'

Martes 27 de Noviembre del 2012



Meza niega su influencia sobre Mohamed aunque los hechos y testimonios demuestran lo contrario.

Yo prefiero los torneos largos de 34 jornadas pero debo reconocer que uno de los equipos que más me ha emocionado en las últimas décadas vino de uno de estos “torneitos”.

Hace poco más de 15 años, juntos escribieron una brillante página en el futbol mexicano. Uno era el entrenador y el otro el cerebro del equipo. Hoy, el destino los pone frente a frente para pelear por el Campeonato desde la banca. ¿Quién deseará más quedarse con esta corona, el consolidado o el primerizo?

En el Verano de 1997 sorprendieron a todos con su estilo alegre, desparpajado y “locochón”. Era un equipo gitano que igual goleaba que salía escupiendo cuero. Todos iban al frente… Futbol asociación.

Era la hora de divertirse en ese cuadro que mezclaba al experimentado guardameta Pablo Larios con el carismático “Colorado” Lussenhoff, al aguerrido y temperamental “Piojo” Herrera con el rapidísimo Javier Saavedra, al desequilibrante “Pony” Ruíz con el eficaz Carlos Arangio, aunque sin duda lo mejor recaía en los dos últimos personajes: un crack de trazos mágicos y un Director Técnico de época.

Seguro estoy que si no hubieran estado Antonio Mohamed en la cancha y Enrique Meza en la banca, ese Toros Neza hubiera pasado inadvertido.

El “Turco” brilló siempre en México. Yo lo colocaría entre los extranjeros más talentosos de la década de los años noventa en nuestra Liga, junto a estrellas como Pepe Cardozo, Alex Aguinaga e Ivo Basay. Un virtuoso que llegó ya consolidado proveniente de su natal Argentina, -alguna vez el “Coco” Alfio Basile reconoció haberlo dejado fuera de su Selección porque en ese tiempo no había seguimiento a los “pamperos” que militaban en nuestro país pero sin duda “Tony” tenía calidad de sobra para seguir siendo titular en la Albiceleste-.

Aun así creo que el “Turco” aprendió algo en México que difícilmente olvidará (y que probablemente hoy valora más que nunca).

Fue un loco en el vestuario y un genio en el campo. Su mejor momento en nuestro país lo vivió apenas en ese corto lapso dirigido por el entrenador de más “bajo perfil”.  Ese “Ojitos” que no robaba cámara, que no atraía los reflectores en medio del “Circo del Bordo de Xochiaca” (ni cuando aparecieron con las máscaras de Halloween, ni cuando se presentaron con los pelos pintados, ni cuando festejaban bailando como elefantitos, si acaso se mostraba enérgico para reprimir actitudes irrespetuosas o anti-futboleras como aquella bronca brutal en las canchas junto a Paseo Tollocan en la que esos “Toros” tuvieron faena ante los enfurecidos jamaiquinos del brasileño Rene Simoes  -yo estaba a un lado del campo, viendo como sacaban de los botes de basura botellas de vidrio, palos y piedras, entre golpes y patadas voladoras-).

Y es que cuando a Mohamed lo encarabas con histeria eso terminaba en una descarga de rayos y centellas (Yo lo vi también agarrarse a trompadas con Carlos Reinoso, cuando el chileno dirigía al León, siendo que a los dos los unía un cariño enorme, en el vestidor del Neza 86). En cambio puedo constatar cuando el Turco se “cuadraba” ante los regaños respetuosos y bien fundamentados de Enrique Meza.

Un día el “Ojitos” nos dijo “off the record” tras un entrenamiento cuando los reporteros le cuestionamos la fórmula para controlar a semejantes personajes, jugadores de gran calidad pero de carácter y comportamiento complicados, y su respuesta fue tan seria como tierna y sincera. Nos dijo “Apaguen sus  grabadoras, les voy a platicar una anécdota”:

“A mí me gusta respetar y querer a estos jugadores como parte de mi familia.  Por ejemplo, el más talentoso es Mohamed y podría parecer el más complicado pero no es así, él es como un niño. “Tony” (Mohamed) es como un niño chiquito, igual de juguetón y sentimental. Miren, el otro día lloró por una derrota, no paraba de llorar, y cuando le pedí en el vestidor que ya no llorara, me ensenó su mano, se la habían pisado y le dolía mucho. ‘Tony’ es un grandísimo jugador, es un genio en la cancha pero es un niño chiquito y como a un hijo lo tengo que aconsejar”.

Esas palabras describían perfectamente a uno y a otro.

Enrique Meza, es un hombre sensible y muy franco. Exige pero entiende, regaña pero apapacha. Se entrega de corazón a lo que más le gusta, por eso todos sus jugadores lo quieren y respetan tanto.
Nos encanta poner etiquetas: Los Lavolpistas, los Lapuentistas. Curiosamente tres de los entrenadores más exitosos en la historia de nuestro balompié reconocen abiertamente que su gran maestro siempre fue don Nacho Trelles (Raúl Cárdenas, Manuel Lapuente y Enrique Meza), pero seguramente nunca escucharemos oír decir de la propia voz del maestro que ellos son sus alumnos o que heredaron su estilo.

Antonio Mohamed fue una joya como jugador y como director técnico ha decidido ir labrando su camino, largo y sólido camino. Fue estruendoso con la pelota en los pies y ahora prefiere ser prudente, se hace a un lado, prefiere que los reflectores vayan a sus jugadores. Ha formado su propio estilo con la misma inteligencia de siempre pero con el equilibrado que probablemente le hacía falta.

A mí no me queda duda, “Tony” aprendió del “Ojitos”, y lo ha sabido traducir a sus jugadores. Estos Xolos hablan de familia cuando se refieren a sus compañeros y levantan el pecho cuando destacan a su entrenador. Yo creo que ese niño chiquito creció y ahora el profe estará muy orgulloso. Pero como es natural en el deporte más hermoso, en la cancha ser verán como dos rivales. Dejemos entonces que los jugadores decidan al nuevo Campeón.



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