El síndrome del 'Sophomore'

Una vez más nos falta confirmar el éxito en una segunda oportunidad para seguir creciendo.

Una vez más nos falta confirmar el éxito en una segunda oportunidad para seguir creciendo.

México fue Campeón Mundial Sub-17 en el 2005, en lo que significó el resultado más sonoro en nuestro balompié hasta ese momento, a pesar de ser una categoría netamente amateur; pero no se pudo reafirmar en la siguiente edición (Sub-17), ni con el mismo equipo que participó  dos años después en el Sub-20 del 2007.

Después, volvió a ganar el Sub-17 en el 2011 y ahora otra vez se está quedando corto en las aspiraciones de este Mundial Juvenil en Turquía.

Cabe recordar que estas competencias con límite de edad son cada dos años y casi nunca (salvo excepciones extraordinarias) repiten jugadores en la misma categoría (lógicamente los que disputan un Sub-17 al siguiente van al Sub-20 y después al Preolímpico), por lo que los resultados son muy variables a diferencia de las súper potencias, acostumbradas a competir al más alto nivel y a marcar diferencia (como Argentina que ha salido 5 veces Campeón en las últimas 9 ediciones del Mundial Juvenil).

Entonces me surge una pregunta: ¿Cuántos jugadores de cualquier deporte brillan de igual forma en una segunda temporada (oportunidad) tras un debut fantástico (en la primera aparición)?  Por ejemplo, hay ocasiones en que los novatos del año que destacan en los deportes estadounidenses suelen pasar apuros para brillar en las segundas temporadas  –cuando ya tienen los ojos y la presión puestos encima-  y entonces bajan o por lo menos no destacan de la misma forma para el segundo año.

¿Será deficiencia en el trabajo o una baja en la motivación?, ¿Será cansancio o exceso de confianza?, ¿Será mayor competencia? ¿Será que la realidad acaba con el espejismo?

Francamente el hecho de triunfar en un Sub-17 o en un Sub-20 no garantiza ningún camino seguro a ningún jugador en el ámbito profesional. Si bien es cierto, grandes estrellas brillaron en estos torneos, prematuros para después consolidarse como estrellas del firmamento ya en su etapa de “adultos élite” (Maradona, Bebeto, Van Basten, Messi entro otros).

También es cierto que muchas de las estrellas juveniles se han esfumado al paso del tiempo sin pena ni gloria, y viceversa, futbolistas que no alcanzaron éxito en ese primera prueba del gran escaparate (mundiales infantiles o juveniles) después se han consolidado con carreras sólidas escribiendo páginas memorables.

Por ejemplo, en nuestro balompié  ¿ustedes a quién prefieren, a alguno de los Campeones Mundiales Sub-17 como Eder Guzmán, César Villaluz  o el arquero Alfonso Blanco, por encima de ex seleccionados juveniles que no consiguieron nada en esa experiencia Sub-20 hace 30 años por ejemplo en el Mundial de 1983, como Miguel España, Nicolás Navarro o Marcelino Bernal?  

Evidentemente los del segundo renglón tuvieron espléndidas carreras gracias a su calidad técnica, de contar con un carácter férreo, especial y de construir día con día su futuro gracias a la constancia que marca a los jugadores importantes.

Tengo que referirme a la Sub-17 porque es en donde se ha conseguido éxito y la que antecede a la Sub-20 (que puede considerarse más seria, porque en su mayoría son jugadores con contratos profesionales); pero es ahí en donde estamos muy lejos del trabajo y resultados de las potencias de este deporte. Nos falta más y mejor trabajo, más roce, experiencia; más (constante) mentalidad para alcanzar y mantener una alta calidad.

Estamos ya en la línea para conseguir buenas actuaciones en el ámbito internacional (los Sub-17, el tercer lugar Sub-20 de hace 2 años, la Medalla de Oro en Juegos Olímpicos, y un par de Finales en Copa América), pero para repetir, nos va a costar mucho. Constancia, serenidad y trabajo. Persistencia. Como en ese segundo año en el que los estudiantes que dejaron atrás el nerviosísimo del ingreso a la Universidad se enfrentan al verdadero reto para decidir trascender o claudicar.

@guzmanjuegue

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