¡Avance, avance!

Inició octubre y con esto, la parte final de este importante año futbolero.

Mientras nosotros seguimos tronándonos los dedos para saber si “Vuce” podrá o no con el “milagrito”, los vecinos del norte siguen avanzando, aunque sigamos sin darles mérito.

Vienen los dos juegos cruciales para el Tricolor con miras a una Copa del Mundo y escucho voces muy heridas que dicen preferir ver a nuestra Selección afuera de Brasil para así provocar un supuesto cambio sustancial en nuestro deporte (en lo que además de no coincidir, seguro estoy, no provocaría necesariamente ninguna mejora).

La situación es clara, México tiene que sacar los sies puntos restantes para asegurar por lo menos el repechaje y cruzar los dedos para esperar un resbalón de Honduras que pudiera significar el boleto directo.

Igual, aunque sigamos lamiendo las heridas tras las derrotas frente a los “Catrachos” en el Azteca y Estados Unidos en Columbus, que les dio a ellos el pase y a nosotros la peor crisis en una Eliminatoria,  tengo que destacar la otra cara de la moneda.

Estados Unidos sí se está haciendo más fuerte en este deporte.

Hoy, es Campeón de la zona (Copa Oro), primer lugar del Hexagonal, sigue exportando jugadores a Europa y produciendo nuevos valores locales. Crece en su Liga, aumenta la afición y construye fortalezas empresariales que le dan la razón a menos de dos décadas de “romper el molde” tras organizar ellos mismos la Copa del Mundo.

En este mes se definirá la temporada más larga en los 18 años de la MLS. Por primera vez inició en Invierno y terminará en Otoño tras ocho meses completos de acción con 34 fechas y 19 equipos. Hoy, justamente se definirá al Campeón de Copa, la US Open Cup, que cumple 100 años de vida.

Por segunda temporada consecutiva, la audiencia anglosajona ha podido ver los partidos de esta Liga profesional en las diferentes plataformas de la Cadena de mayor abolengo (NBC). Sumado a la ola de  “raitings”  que ha provocado la Liga Premier inglesa, por primera vez transmitida en televisión abierta, por la misma NBC, y que ha superado en 70% los niveles de audiencia del año anterior, una vez concluido el primer mes de actividad de esta nueva temporada.

Los estadios están llenos y lo mejor es que la población es en su mayoría son familias que disfrutan un ambiente que cualquier otro país con mayor tradición futbolera envidiaría. Es, creo, la única liga en la que los niños llevan a los papás (a diferencia de cualquier otra liga, deporte o país, en donde los papás intentamos convertir a nuestros hijos en aficionados como nosotros).

Hoy, mientras en las canchas y tribunas de México aumentan los brotes de violencia (verbal o física) y los infractores siguen sin escarmiento ejemplar, los estadios de la Unión Americana construidos en su mayoría “solo para soccer” reciben a más y nuevos aficionados que salen deseosos de volver al siguiente partido).

Quedarnos nosotros sin un Mundial ya sucedió tres veces (dos tras no poder con la Eliminatoria y la otra por la suspensión de los “Cachirules”). Eso fue cuando solo había un boleto en disputa lo que ahora resultaría más vergonzoso y perjudicial. 

Después del “fracasototote” del 73’, la siguiente participación fue en la que peor nos fue (último lugar en Argentina 78’) y el público estaba muy dolido. Y tras la tristeza del 81’, México por fin planeó, trabajó y jugó mejor para el siguiente 1986 (aunque debemos destacar que fue un Mundial en casa, con todas las ventajas emotivas que pudieran suceder).

En nuestro pasado futbolero no encuentro ningún escarmiento real tras quedarse nuestra Selección sin Mundial y en cambio sí recuerdo la última depresión por no ir a Italia 90’, por lo que no coincido con aquellos que aseguran vendría una “revolución benéfica” para el futbol en caso de no llegar a Brasil.

Creo que en nuestro estilo se nos da mejor cuando se puede recomponer el camino por lo que se debería hacer desde hoy mismo y esperar salvar el prestigio dentro de ocho meses en tierras “Canarinhas”.

Independientemente que México califique o no al siguiente Mundial, se tendría que cambiar de inmediato todas los vicios por algunas virtudes: Anteponer el desarrollo deportivo antes que el negocio, respetar cabalmente a la afición (ejercer en los estadios el derecho y la obligación de comportarse anteponiendo la seguridad general, y por otro lado, dejar de “jugarles chueco” a los seguidores que suelen “desayunarse”  con la noticia de que su equipo desapareció o cambio de cuidad, nombre y colores).

Así como me gustaría ver de regreso los torneos largos en nuestra liga local me encantaría volver a ver solamente 24 equipos en una Copa del Mundo (ambos deseos provocarían en diferentes escaparates una mayor seriedad en las competencias) aunque sé que ninguno de los dos se harán realidad.

Aplaudo y reconozco el trabajo bien planeado, el desarrollo y avance de los estadounidenses en el futbol, pero aun así sigo creyendo convencido en que si México llega aunque sea de “panzazo” a Brasil, tendría mejores argumentos incluso que los americanos para sobresalir (por ilógico que parezca). Avanzar en una competencia tan corta como un Mundial es algo a lo que estamos más acostumbrados incluso que ellos. Pero la última palabra la darán en la cancha de juego. Sígueme en Twitter @guzmanjuegue

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