El Aficionado Traicionado

Si bien no se tiene que asistir a todos los partidos del equipo al que uno apoya, se considera que los más aficionados son los que van a todos y cada uno los juegos de su equipo, y más aún, los...

Si bien no se tiene que asistir a todos los partidos del equipo al que uno apoya, se considera que los más aficionados son los que van a todos y cada uno los juegos de su equipo, y más aún, los que se unen a algún grupo de animación. A este tipo de aficionados, la directiva de sus equipos primero los apoyan, los aman y hasta les pagan los boletos para el estadio y les ponen camiones para que vayan a apoyar al equipo a provincia. Esto sucede en todas partes del mundo, ejemplos nos sobran, como podría ser “La 12” de Boca Juniors, o “Los Borrachos del Tablón” de River Plate. Aquí en México, las barras más conocidas son la Barra Ultra Tuza, La Rebel de Pumas, y La Monumental del América. Antes que nada, es pertinente aclarar que este tipo de grupos de animación provienen de Argentina, y es una manera muy intensa de apoyar a sus equipos. No es como en las porras de México que los integrantes van y se sientan cómodamente, como la mayoría de los aficionados, gritan dos o tres veces y se acabó. En las barras se trata de “alentar” en las buenas y en las malas al equipo, estar cantando, saltando, y vivir de manera muy distinta los partidos. Digamos que la clase social del aficionado se podría dividir en dos; los aficionados comunes y corrientes, y los aficionados de barra. Por lo cual, el concepto de “porra” no aplica para estas agrupaciones. El problema de las barras y las directivas viene cuando, en un principio, las directivas controlan a un grupo de animación que no pasa de las 150, 200 personas. Pero, lo que no tienen contemplado, es que las barras se van haciendo populares y van teniendo más afiliados. Es ahí cuando, después de apoyarlos con boletos, con camiones para ir a provincia, y otros tantos privilegios que se les da a los aficionados “más fieles” , se dan cuenta que les está costando dinero, y tratan a toda costa de deshacer las barras que una vez vieron como sus hijos. Esto sucedió con la Rebel, cuando en el partido del torneo pasado entre Pumas y América, que acabó en un desastre armado por los “seudo aficionados” , la directiva encabezada por Jiménez Espriú metió reventadores en esa barra para negarles el acceso y quitarles el apoyo, que , según datos que me dieron, consistía en boletos regalados o descuentos en los mismos. Ese fue el hecho que deterioró la relación de la directiva con sus aficionados, que había empezado antes, con el despido por capricho de Hugo Sánchez. Asimismo, sucedió hace unos días con la Barra Monumental del América, la cual fue provocada por los granaderos, haciendo uso de sus bastones y de gas lacrimógeno, lo cuál trajo como resultado una batalla campal entre los hinchas del América y los uniformados, y derivó en el “destierro” a la zona de arriba del Estadio Azteca. El problema aquí, además de la violencia que esto genera, es que las directivas piensan que pueden controlar todo con sus políticas tontas, y al final que no lo logran, se lavan las manos y tratan de desaparecer a los que les dan de comer. Esto es un acto de hipocresía de parte de ellos, y acaba perjudicándolos a largo plazo. Agradezco a los integrantes de las Barras arriba mencionados que me ayudaron a la realización de esta columna. No incluyo sus nombres a petición suya.

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