¿A qué diablos jugamos?

Hoy trataremos de entender los sistemas de juego de dos entrenadores de la misma escuela: Manuel Lapuente y Mario Carrillo. Cierto es que en este espacio antes se les reconoció que eran de lo...

Hoy trataremos de entender los sistemas de juego de dos entrenadores de la misma escuela: Manuel Lapuente y Mario Carrillo. Cierto es que en este espacio antes se les reconoció que eran de lo mejor que tenía el fútbol mexicano en cuanto a estrategas, pero parece ser que a uno se le fue la imaginación al salir del América el torneo pasado, y el otro pareció dejarla en su retiro espiritual, canjeándola por esa ridícula barba de “Papá Pitufo”.

La situación de Mario Carrillo es más fácil(relativamente) de explicar. Bien decían que un equipo con figuras si no internacionales, del medio futbolístico, prácticamente se debía dirigir solo. Carrillo logró que el América regresara a jugar de manera ofensiva, pero manteniendo un orden importante en defensa, para lograr un magnífico equilibrio en sus fuerzas y lograr que los azulcremas fueran verdaderamente espectaculares. El cambio de actitud se dio cuando se cumplió el acuerdo de “hombres” entre los mencionados personajes, al llegar el hombre de la boina a dirigir al América justo en el partido más importante del torneo pasado, contra Toluca. Bautizo de fuego que perdió por su necedad y por una falla de un penal que hubiera cambiado las cosas. Ahí el fantasma de Carrillo rondó el nido como antes lo hizo Beenhakker, el último técnico realmente espectacular que tuvieron los de Coapa. Básicamente Carrillo aprovechó el embalaje del equipo y lo llevó a una altura insospechada, creando incluso falsas expectativas de su futuro(incluso hubo un loco que lo propuso para la selección nacional, llamado Víctor Garcés). La experiencia de Carrillo con Cruz Azul, hasta el momento, no deja lugar para pensar que será una buena experiencia. Esperemos que para no arrastrar el mucho o poco nombre ganado por nuestro fútbol a nivel internacional, se recuperen cuando menos en la Libertadores, que será sin duda la obsesión del cuadro azul.

En cuanto a Manuel Lapuente, sigue sin entender que muchos de los jugadores en los que él confía simplemente no le están redituando en buenas cuentas. Jugadores como Pavel Pardo, Christian Patiño o el tal “Fantik” son personas que, al menos en los dos primeros casos, tienen una idea de cómo jugar al fútbol, pero son unas divas de tiempo completo, que cuando salen de buenas nos regalan grandes actuaciones, pero si salen de malas, como el día de ayer(un poco más acentuado) nada más no hacen nada y dejan a su equipo en una situación precaria. Si a esto le agregan la maravillosa estrategia de su técnico, el cuál saca a uno de sus laterales más rendidores, como Castro, para meter a una persona que toca solamente dos balones en el partido(mal por cierto), y que además le quita una plaza a un mexicano, entonces no pueden esperar mucho. El América tiene como obligación el título, para no variar, pero si siguen por este camino, tal vez ni a la liguilla pasen. Cierto es que el torneo es joven, pero también es cierto que estas personas tienen la oportunidad de reivindicarse más que con un servidor que los critica en este momento, con las aficiones de sus equipos, que son de los más importantes de México.

Mención aparte merece el caso de don “Ego” Sánchez. Su verborrea de siempre, sus poses de divo, y sus continuos pleitos con el técnico nacional, aunados a su exceso de protagonismo, están logrando que su objetivo principal no se cumpla: llevar a los Pumas a buen puerto. Los tiene en último lugar general, y el funcionamiento del equipo es pobre, sin mencionar que el único punto que han obtenido se los regalaron. El mismo dicho que al Cruz Azul, esperamos que mejoren por lo menos en la Libertadores, para poner a su institución en el mapa internacional, y sobre todo, poner en alto el nombre de México.

Solo el tiempo dirá cual de los tres técnicos pudo superar estas cuatro jornadas reprobadas.

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