No veo la hora de salir, para seguir cantando

Era el primer día de práctica para un psiquiatra que con el título recién impreso y una carta de recomendación, había llegado al internado, con muchos libros encima pero poca calle. Transitó los...

Era el primer día de práctica para un psiquiatra que con el título recién impreso y una carta de recomendación, había llegado al internado, con muchos libros encima pero poca calle. Transitó los largos pasillos acompañado por el director y entre preguntas, respuestas y comentarios llegaron al jardín, un lugar plácido donde todos suelen caminar hacia ningún lugar. Al joven le llamó la atención un hombre que bajo un árbol observaba fijo una fotografía en blanco y negro con expresión nostálgica. Dirigiéndose al director le preguntó sobre el caso y él le respondió que era buen momento de empezar a trabajar, le palmeó la espalda y lo dejó solo. El principiante entendió la cuestión y se dirigió hacia el hombre de la foto. -¿Cómo le va? -¿A mí? Fenomenal- Le respondió. -¿Hace mucho que está acá? -Sí, creo que sí. Respondió el hombre con voz melancólica y sin soltar la foto. Ninguna de las preguntas parecía disparar una conversación que le permitiera esbozar un diagnóstico. Al día siguiente volvió al jardín y la postal era idéntica. El hombre, el árbol, la foto y ese aire fresco de la mañana. Esta vez fue el hombre de la foto el que inició la rueda del interrogatorio. -¿Le gusta el fútbol doctor? -¿El fútbol? Sí, como a todos, es un lindo juego. -¿Un lindo juego?- Volvió al ataque con una sonrisa socarrona. -Es una pasión doctor, una pasión ¿entiende?- Y ahí nomás comenzó a contar una historia que su oyente desconocía. -Era el año 1983, una cosecha memorable; salimos campeones, los muchachos que fundaron el club esa noche templada de marzo de 1983-84 en ese magnifico Estadio Azteca se cansaron de verlo campeón, pero cada campeonato tiene un gustito distinto. Como las mujeres, ¿Vio?. Todas iguales hasta que nos enamoramos. -Después de la copa que decía que éramos los mejores de México vino La Campaña 1988-89 "No hay Quinto Malo", 5 a 4 en la final contra Cruz Azul. Antonio Carlos Santos y Carlos Hermosillo nos regalaron el título del Equipo de La Década. -El camino siguió y nos llevó hasta La Copa Interamericana. Enfrentando al Olimpia de Paraguay más de 100, 000 Americanistas gritaban el Águilas !! Águilas !! que hacia que el estadio azteca temblara. Gracias al aguante de todo ese Equipo salimos con la Victoria. Se vino la Semifinal en La Copa Libertadores contra el Equipo de Boca. Se veía en los Jóvenes Azulcremas la fuerza y el hambre que tenían por llegar a esa final Todavía tengo la foto, mire que maravilla. Esa noche llegué al Azteca y salí con la cabeza en alto, dando un grito y alentando a toda la gente porque este no era el fin de una historia, si no el principio del América en Las Copas Libertadores, Empecé a gritar en un estado tal que aunque traté de dar explicaciones no me hicieron caso , me internaron directamente. Yo les hablaba sobre el Equipo de la Década y la copa que decía que éramos los mejores de México, pero ya tenía el chaleco puesto. -Me diagnosticaron locura, paranoia, psicosis y no se que sarta de cosas, pero lo mío fue, es y será más simple Doctor. Hace como 3 años que me tienen acá y no veo la hora de salir para seguir cantando como aquella noche en el Estadio Azteca. -Usted cree que puede curarme y se equivoca, el fútbol es más que un lindo juego. El hombre sacó de su bolsillo un papelito arrugado y se lo dio al doctor. -Guárdese esto amigo y cuando lo lea imagínelo cantado por un desafinado coro de miles de almas. El médico tomó el papel y comenzó a leer en voz alta lo que parecía la estrofa de un poema: Vamos!!! Vamos América!!! que esta noche!!! tenemos que ganar!!! Después de un silencio el joven de blanco guardapolvo sentenció: -Lo suyo es grave, realmente no le encuentro explicación. -Todo los días se aprenden cosas doctor - Trató de explicarle el hombre de la foto. Y con una sonrisa como de resignación, le dijo: -Hay pasiones inexplicables, ¿entiende?. Pasiones parecidas a la euforia, a la depresión, a la locura, a la alegría, al llanto y que están ligadas a los colores de una camiseta, por eso yo y todos los que sentimos así, sabemos lo que con orgullo padecemos. Algo que no se cura y que es simplemente eso, una pasión inexplicable.

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