Los Gigantes de Concacaf (Primera Parte)

Desde que era niño he venido escuchando que México ya no es el gigante de Concacaf, que las distancias con el resto de los equipos del área se han reducido, que Estados Unidos un día de estos será...

Desde que era niño he venido escuchando que México ya no es el gigante de Concacaf, que las distancias con el resto de los equipos del área se han reducido, que Estados Unidos un día de estos será la potencia del mundo también en futbol y que muy pronto ya no vamos a calificar. Los recuerdos que tengo de los Campeonatos del Mundo empiezan en el 74 y no precisamente en el Premundial famoso del 73 en donde Trinidad y Tobago goleó a nuestra selección. Yo sólo recuerdo que México no estaba ahí y que sí estaba un equipo llamado Haití y que supuestamente era el que estaba en nuestro lugar. Desde entonces, en el Mundial de 74 tenía yo cinco años, las historias de que México estaba estancado y que nunca había pasado una cosa así acecharon mis ideas sin que yo entendiera del todo lo que significaban. Para el 77 mi papá me llevó al estadio Azteca y recuerdo la “pena ajena” que me dio escuchar a la gente de las tribunas abuchear el himno de los haitianos y mi papá me explicó entonces la historia de las brujerías y fetichismos que habían pasado cuatro años antes. Ahí comprendí el porqué la selección no había estado en Alemania 74. No es que aceptara yo esa falta de respeto en el himno de los caribeños, pero sentí en ese momento que se lo tenían merecido. En esas fechas yo tenía ocho años y ver el Premundial en México que ganaba fácilmente, no me causó sorpresa. Mis expectativas eran las que la gente grande había creado en base a lo que los mexicanos habían hecho en su gira anterior a la Copa del Mundo de Argentina 78 y yo me contagiaba de ellas. Le ganamos a Túnez, perdemos con Alemania, que era campeón del mundo, y empatamos con Polonia y ya estamos en la siguiente ronda. Yo tenía nueve años y ya el futbol era el deporte en torno al cual giraba mi vida. La derrota de Túnez tuve oportunidad de escucharla por radio en la primaria y la de Alemania de verla en televisión. Ya contra Polonia, yo me había vuelto “hincha” de Argentina, porque México había sido goleado y porque mi papá decía que los locales iban a ganar el mundial. Desde ese entonces me sé los nombres de los 22 integrantes de esa selección campeona del mundo y Kempes fue mi primer gran ídolo. México había quedado en último lugar según un libro que mi papá compró y que me cansé de ver todo ese año. Si habíamos sido últimos, entonces entendía , mas o menos, lo que los grandes decían de que estábamos estancándonos. Cuando el Premundial de Honduras en el 81, yo ya había decidido a mis doce años que quería ser jugador profesional y Hugo Sánchez ya era “orgullo nacional” La eliminación para el Mundial de España no me causó tanta sorpresa, ya que con las experiencias anteriores y con todo lo que yo escuchaba y veía en la televisión, referente a que nuestro nivel ya estaba siendo alcanzado por los centroamericanos, me hizo ser más pesimista y desgraciadamente, México quedó eliminado nuevamente para ese mundial. En el 86, la decisión de Colombia de retirarse como organizador de la Copa del Mundo nos dio la oportunidad de no tener que calificar. Ya en ese entonces sabía yo de las actuaciones de México en mundiales anteriores al 70 y de la misma cantaleta de siempre, “ya no somos los gigantes del área de Concacaf” Ser locales influyó mucho y México superó lo conseguido anteriormente y empezó la maldición de los penales al quedar eliminados. Una vez más, México había demostrado a algunos “sabelotodos” que futbolísticamente no habíamos avanzado al parejo de las potencias. Me pregunto que es lo que esa gente esperaba, ¿Qué México fuera campeón del mundo? En la próxima columna seguiré explicando mi punto de vista y las historias que me ha tocado oír en mi vida por el futbol y aprovecharé las noticias que surjan alrededor de la selección, que seguramente le darán un final más conciso a la conclusión a la que quiero llegar.

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