¿En la guerra y en el futbol?

Navegando por Internet me encontré unas anécdotas de Maradona. Debo decir que me parece que él junto a Pelé son los mas grandes futbolistas de todos los tiempos. No conozco mucho de Di Stefano y a...

Navegando por Internet me encontré unas anécdotas de Maradona. Debo decir que me parece que él junto a Pelé son los mas grandes futbolistas de todos los tiempos. No conozco mucho de Di Stefano y a Cruyff lo vi en videos, y aunque los grandes del futbol hablan de estos cuatro como los máximos exponentes, yo a estos últimos los pongo debajo de los primeros dos, pero debatir entre uno y otro no es el tema del que hoy quiero hablar. 

Leyendo a Maradona en algunas de sus declaraciones más recientes, en las cuales confirma cosas que en su momento se sospecharon, quisiera compartir varias de las ideas que me pasaron por la cabeza. Yo viví a Maradona en el mundial de 1986, como seguramente muchos de ustedes. En esa época tenía yo 17 años y ya era un jugador de primera división, por lo cual  intentaba devorar todo lo que se refiriera a los jugadores que estaban por jugar el mundial. Recuerdo haber leído en ese entonces, en una revista “El Gráfico” que aún conservo, los motivos de las peleas del Diego con Passarella, a quien yo admiraba  también desde el mundial del 78, cuando mi edad era de apenas 9 años. No entendía como dos grandes capitanes podían pelear justo antes de la copa del mundo. El gafete no era la causa principal, según decía el Gráfico. Passarella se manifestaba en contra de una supuesta invitación de Maradona a algunos jóvenes a que se doparan durante el mundial y Maradona negaba la acusación. Era una realidad dramática: el equipo que después quedó campeón del mundo tenía problemas internos de una naturaleza muy fuerte. Después de la corona y de la gran actuación de Maradona, la famosa discusión por la “falopa” pasó a segundo término y nadie quiso recordarla. Es como el hecho de festejar un gol y olvidar que fue con la mano simplemente porque Maradona metió después uno que ni con la misma mano la hubiera llevado mejor. Yo no se que sería en nuestro país si esa jugada hubiera eliminado al equipo mexicano de la copa del mundo. Seguramente no le seguiríamos el juego a la famosa “mano de Dios”. Pero, bueno, ese es tema de otra polémica y me estoy desviando de algo más importante.         

Hace unos días, en un programa de televisión en Argentina en el que entrevistaban al “burrito” Ortega, apareció de sorpresa Maradona. Nadie lo esperaba ni lo habían invitado, pero como siempre, bastó con que llegara para que toda la atención se volcara hacia él, robando cámara al cien. Fue entonces que habló de muchas anécdotas, pero sobre todas, yo rescato una que ahora tiene indignados a los brasileños, que piden que la FIFA intervenga y aplique alguna sanción extemporánea.  Maradona confesó que en el partido del mundial del 90 contra el scratch, el utilero argentino entró a la cancha, en una falta, con dos garrafones de agua. Uno para que los brasileños tomaran y otro para que lo hicieran los argentinos. Lo que a Maradona hoy le parece gracioso fue en realidad algo desleal y antideportivo. Él era el autor intelectual en complicidad con el utilero de aplicar rohypnol en el agua para que los jugadores brasileños que bebieran, sufrieran de los efectos de este tranquilizante que sólo se vende con receta médica. Maradona invitó a Valdo a que tomara, pero fue Branco quien lo hizo y, aunque anunció terminando el partido que se había sentido mareado después de haber tomado esa agua, nadie quiso  prestar atención a su queja y le dieron etiqueta de justificación por la derrota.

Se que habrá muchos que justificarán a Maradona por haber sido grande.  A mi no me corresponde juzgarlo y no sé si a ustedes tampoco como aficionados. Sólo quiero contar esto porque en México no hubo comentarios al respecto y a mi me sirvió para recordarme que el futbol es sólo un deporte, pero incluso actualmente hay gente que se vale de todos los medios para poder ganar. 

La próxima semana contaré, sin nombres para no herir a nadie, algunas de las cosas que me ha tocado enterarme o vivir y que no pueden recibir ningún otro calificativo que no sea el de viles “trampas”. Hay quien dice que un partido es una guerra bien entendida. Ustedes sabrán si comparten esa idea o no. Yo si creo que en la guerra y en el amor, todo se vale, pero no creo que el futbol sea una guerra en ningún sentido literal. La competencia es parte del deporte, y mientras se trate de competir deportivamente, las “trampas” serán sólo para los tramposos.  Por supuesto que hay gente que disfruta ganar aunque haya hecho trampa. Yo no sé que se necesita tener dentro para poder reírte después de haber drogado a un rival para poder ganarle. Ustedes qué opinan

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