China 1985 (Última parte)

Ya hace dos semanas que debí haber escrito la tercera parte de mis recuerdos del mundial, así que les pido a los que estén realmente interesados o los que no sepan de que hablo, que lean las...

Ya hace dos semanas que debí haber escrito la tercera parte de mis recuerdos del mundial, así que les pido a los que estén realmente interesados o los que no sepan de que hablo, que lean las primeras dos partes para poder hacer contundente lo que pretendo con este relato. Sé que hay muchos que no están interesados y algunos otros que sólo quieren leer de los partidos de liguilla, pero mi intención de traer al presente estas vivencias es compartir algunas de las cosas que giran alrededor de una selección y que pocas veces salen en los medios. El motivo por el que hablo en primera persona es porque todo esto lo viví yo y así es como lo recuerdo. Que me disculpen los que se sienten ofendidos pues no me interesa quedar bien o mal con ninguno. Aquí continúo: Después de que los médicos de Qatar intentaran rehabilitarme, vino lo que me temía. Justo antes de la charla técnica, me llamaron al cuarto del “monito” Rodríguez. “Panchito” Hernández y no el entrenador fue quien me dio la noticia. Habían decidido que no participara en el encuentro e incluso ni siquiera saldría  a la banca. Yo rogué y supliqué. Intenté decirles que mi ausencia podría pesar en el equipo, pero fue inútil. No sólo me regañaron, sino que me amenazaron con separarme del plantel por dudar de la capacidad de que pudiéramos al menos empatar y pasar a la siguiente ronda. Entonces fue que vino lo que determinó mi carrera como futbolista profesional. Se me ocurrió como último recurso, decirle a “panchito” que mi sueño era ser el mejor jugador del mundial y que si quedábamos fuera no podría serlo. Nuestro querido directivo se rió y con mucha ironía me dijo “Me vale madres tu sueño” “Lo que importa es que estés bien y que regreses al América porque tenemos planes para ti”. En ese momento yo decidí que no quería seguir en el club y que aceptaría la propuesta que tenía de Pumas.

 El partido fue lamentable. Salvo dos o tres jugadores que ya mencioné antes, los demás se “cagaron”. Brasil nos ganó y nos pasó por encima dos a cero. El primer mundial sub-17 se terminaba para México. Algunos diarios en México lo achacaron a mi ausencia y en China, la FIFA me dio unos reconocimientos como el mejor jugador mexicano y el mejor jugador en mi posición. No sé si fueron premios de consolación o si fueron merecidos, pero hoy los guardo con orgullo. Lo que siguió fue más triste aún. En el hotel, cuando decidí pedir mis uniformes para guardarlos, el utilero me dijo que los directivos se los habían repartido todos. Formé un grupo de compañeros y fui a exigir que nos dieran nuestras camisetas. Era importantísimo para mí el tener algo que en el futuro pudiéramos mostrarle a nuestros hijos o a nuestros nietos. Por lo menos así lo pensé en ese momento. Muy molestos, los directivos empezaron a devolver los 10 ó 15 juegos de uniformes que tenían cada uno. Para mi tristeza, sólo unos cuantos valoraron lo que hicimos  y la gran mayoría del equipo subió a pelearse por cambiar sus playeras con los brasileños que llevaban  de sobra. Al final se podía intercambiar una playera de Brasil por un par de cocacolas, pero eso ya es otra historia.

Al regresar a México, cumplí con lo que pensé en China  y ese fue el motivo que orilló mi salida del América junto a las declaraciones del “zurdo” López  acerca de que yo era muy joven y me hacía falta un proceso de varios años para poder debutar. El tiempo me dio la razón. En menos de un año estaba yo jugando en Pumas en primera división aunque la lesión del tobillo nunca la pude superar.

Sé que, como dije antes, habrá quien crea que lo cuento para “agrandarme”, como si esto me sirviera de algo o algún lector fuera a contratarme o algo así. Lo único que pretendo es que los lectores vean que para poder jugar y ganar un mundial, “Chucho” Ramírez y sus jugadores deben haber pasado y superado muchas cuestiones también fuera de la cancha. Nada me dio más gusto que ver a México derrotando a Brasil. En el momento que su mejor jugador se lastimó el tobillo y tuvo que salir desde el principio del partido, supe que de alguna manera se cobraría con creces lo que me tocó vivir a mi como mexicano en 1985. Que bueno que ya no existe el mismo “respeto” por los jugadores extranjeros y los mas jóvenes empiezan a demostrarlo. Pero créanme, aun hay mucho camino por recorrer en ese tema.

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