Irregulares

De regreso a México, aunque sea por unos días, me encuentro con que la irregularidad ya no nada más se vive en nuestra liga sino también en casi todo lo que tiene que ver con el futbol.

De regreso a México, aunque sea por unos días, me encuentro con que la irregularidad ya no nada más se vive en nuestra liga sino también en casi todo lo que tiene que ver con el futbol.

Los equipos mexicanos en libertadores son una incógnita y sirven para romper las quinielas de cualquier lugar del mundo. Podríamos pensar que es bueno que pese a no ser los favoritos, de repente se consigue una victoria inesperada en alguna cancha de esas difíciles de Sudamérica, pero para mí sería mejor si pudiéramos pensar que esas victorias no fueran sorpresivas y mucho más, si de local se tuviera esa hegemonía de la que incluso yo presumía al inicio de este año.

La irregularidad de nuestro futbol también empapó y contagió a la Selección Sub-17. Yo sé que muchos de ustedes siguen pensando que los Campeones del Mundo  (y me refiero a todos o nada más los jugadores) eran el inicio de una época en el futbol nacional. El inicio de una era en donde el aspecto mental, el que más nos hace falta y nos falla, sobresalía de manera victoriosa por encima de nuestra sumisión a la presión y de nuestra pobre competitividad deportiva.

Yo vuelvo a mencionar lo que ya había dicho muchas veces. Nuestro problema mental va mucho más allá y es más profundo como para verse curado simplemente por un éxito deportivo en lo colectivo. Si algo tiene Chucho Ramírez es que trabaja en lo mental y en eso nadie lo debe dudar, pero en los momentos de presión, ese trabajo mental normalmente es olvidado por aquellos cuya debilidad de carácter los vuelve jugadores de pobre desempeño.

Chucho es el primer Campeón del Mundo en México, pero no es el primer técnico preocupado y consciente de esa falla en nuestra raza, muchos han intentado y luchado por encontrar la medicina. Chucho, nos hizo ilusionarnos creyendo que había descubierto la pócima mágica, que había encontrado las palabras y frases adecuadas, que su mensaje rompía con esa deficiencia cultural (deportivamente hablando) de manera contundente y que de ahora en adelante el mundo tendría que cuidarse de nosotros.

Los resultados conocidos por todos nos demuestran que no fue así, que el campeonato de Chucho tiene más mérito específico que hereditario. Si algo han tenido estas selecciones nuevas de menores es trabajo y apoyo, se han cansado de tener concentraciones y giras, se habrán cansado también de ver películas y hacer dinámicas buscando la fortaleza mental.

Hoy en día la gente sabe perfectamente de qué se habla cuando se menciona la Sub-17 y la Sub-20. Si sumamos todo eso a la idea de muchos de que estando Chucho Ramírez ya no habría problemas en la parte psicológica a la hora de enfrentar las competencias ¿quién podría parar a las selecciones mexicanas? Pues bien, y aunque suene a disculpa grabada y estudiada porque cada vez que se fracasa se escucha y se lee permanentemente, habrá que seguir trabajando, habrá que seguir buscando por dónde, habrá que no detenerse a llorar por la derrota. Todo eso que muchas veces es disculpa y que pocas es realidad dolorosa, es lo que le sigue a Chucho.

Viene el Mundial Sub-20. El futbol ofrece revanchas, viene una oportunidad de volver a intentar vencer esa jefatura, y créanme que Chucho lo va a intentar aunque nunca ha sido ni será fácil. Pero también ubiquémonos en nuestra aún triste realidad. No estamos para ser de los permanentes favoritos para ser Campeones del Mundo todavía. Aún seguimos careciendo de muchas cosas y se debe seguir buscando dónde encontrarlas, sólo que si esa búsqueda sea hace de manera humilde y objetiva, será mas fácil realizarla que si nos engañamos y creemos que ya llegamos a donde queríamos.

Muchos me tacharon de pesimista cuando me preocupé antes del Premundial jugado en fuera de México. Ahora espero me tachen de optimista cuando deseo que ese grupo de chavitos que tiene trabajo y más trabajo a sus espaldas, contribuya a que en México progresemos en un futuro a mediano plazo. De Chucho no me preocupo, estoy casi seguro (dije casi) que estará más de acuerdo conmigo que con aquellos que lo nominaban ya para ser el entrenador de la Selección Mayor que ganaría un Mundial.

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