Antes de volver de Marsella

La semana pasada de plano no escribí nada porque el trabajo venía pesado. Hoy aún desde Marsella y con el amargo sabor de estar fuera de la Copa del Mundo, no tengo muchas ganas de darle muchas...

La semana pasada de plano no escribí nada porque el trabajo venía pesado. Hoy aún desde Marsella y con el amargo sabor de estar fuera de la Copa del Mundo, no tengo muchas ganas de darle muchas vueltas a lo que nos sucedió. El análisis deberá ser más profundo y tengo tiempo para ello.

La diferencia de éste y el otro Mundial no es tan difícil de encontrar y hay cosas en ella que no deben salir del interior del seno del grupo como dicen los grandes conceptualizadores del futbol debe ser. Exhibir a unos y exonerar a otros no debe ser algo que suceda hacia el exterior. Sólo puedo decir que hacia dentro de esta Selección, ya todos sabemos qué es lo que hicimos mal o dejamos de hacer y quiénes no se pueden ni siquiera autocalificar de manera aprobatoria por más que se trate de justificar algunas de las equivocaciones.

Cada uno de los que observó la Copa del Mundo y nuestros partidos sacará sus conclusiones. Yo, como ya lo he dicho en algunas entrevistas, veo dos puntos importantes que no cambian ni para bien ni para mal, por más que ahora tengamos seudoexpertos de esta modalidad rondando por los medios. En el numérico y frío aspecto de ser o no ser y pasar o no pasar, fallamos y duele. No importa el grupo, si Brasil o si España. La idea de cualquier equipo en un Mundial debe tener como meta primaria superar la ronda de grupos y nosotros no lo hicimos.

La segunda es entender el porqué ahora somos considerados potencia o candidatos en tan poco tiempo y con tan poca historia en este deporte. Si seguimos siendo un país sin antecedentes pesados, sin siquiera una cancha oficial para practicar y sin realmente poder tener a los mejores posibles jugadores de nuestro país sobre la arena. A los nuevos que jugaron por primera vez, supongo que les debe de quedar más claro que a nadie, la magnitud de lo que significó el Subcampeonato del mundo del año pasado.

A los que creyeron que ese era nuestro piso para desenvolvernos y buscar el campeonato como nuestro techo, lamento haberlos hecho despertar. Yo que supongo que en estos momentos puedo ser la persona con más experiencia y vivencias dentro del futbol de playa como mexicano, creo sin estar del todo seguro, que si sumamos lo de ahora y lo del pasado, y lo dividimos entre dos para sacar el promedio, encontraremos como resultado lo que sea posiblemente nuestro sitio en el escalafón playero.

En Marsella no hubo sorpresas. Están en la siguiente ronda los que la lógica mandaba. México de los ocho países que quedaron fuera, es el que ha roto esas fronteras y lo difícil del partido contra el Campeón Europeo, así lo indica. Este deporte aún no tiene el tiempo suficiente para hablar de paridades como en el pasto. Así que todos aquellos que hicieron sus cuentas y sus juicios como si fuera futbol de once, fallaron por mucho en el resultado. Ni siquiera el Brasil de pasto tiene algo que ver con el Brasil de arena. Y mucho menos México. Y a todos aquellos que sumaban y restaban goles para saber el supuesto marcador que necesitábamos para estar en la siguiente fase, les explico que los criterios de desempate tampoco tienen nada que ver con lo que ustedes conocen. Así que si ni siquiera de ahí podemos pisar sobre terreno firme, no se molesten los que han sido poco considerados en sus críticas y calificaciones.

Lo mejor de tanta revoltura y desinformación es que al menos ya no pasamos tan inadvertidos. Prometo en alguna otra ocasión si el tiempo y ustedes lo demandan, ser más específico y compartir mucho más de lo que pasó en los partidos. Al final, muchas gracias a todos los que apoyaron. Ese apoyo fue muy notorio y fue lo mejor que tuvimos de las cosas que cambiaron desde hace un año.

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