La televisión nos determina

Las cámaras, sonidos, efectos y repeticiones de la televisión nos condicionan. La inmensa popularidad que hoy presume el balón como símbolo universal fue incitada por la pantalla chica. Lo mismo...

Las cámaras, sonidos, efectos y repeticiones de la televisión nos condicionan. La inmensa popularidad que hoy presume el balón como símbolo universal fue incitada por la pantalla chica. Lo mismo pasó con la televisión, en mediana medida el futbol le ayudó a llegar a todos los rincones del mundo.

El balompié es un género más de la televisión, el más exitoso, el más popular y el de mayores facturas económicas. El programa más visto en el mundo es la Final del Mundial cada cuatro años. Por eso, el escenario, los actores y la producción que gira alrededor del balón funcionan con la lógica del espectáculo.

La obra futbolística todos la entienden, no necesita guión ni instrucciones para los espectadores. El futbol se disfruta desde que se aprende a caminar. Su seducción colosal, además de lo anterior, es el encanto de lo imprevisible, la dinámica de lo insospechado y el final siempre incierto.

Los satélites que saturan el espacio nos concentran en una ventana la visión hacía el mundo. La televisión es la máquina postmoderna que nos condiciona, y lo digo así porque observo los partidos de Brasil y veo planos cortos que me enseñan el lujo, el taquito o el túnel. Miro la liga Premier y me muestran planos largos que prueban la verticalidad, el trazo largo, la rapidez y la táctica europea. La pantalla chica determina a su gusto cuales son las virtudes que más le acomodan al espectáculo del futbol. 

Fatalmente, en México no encuentro que pretenden las dos televisoras. Lo que recibimos es tecnología apostada a la banalidad, infinidad de cámaras que no enseñan los movimientos sin balón, cronistas que retan o dudan de nuestra inteligencia describiendo la imagen, publicidad y más publicidad. Ni Azteca o Televisa respetan la secuencia de este espectáculo.

Escucho a cada televisora presumiendo las mejores repeticiones y tecnología que sólo le quita la continuidad al juego. Creo que lo que realmente vende la televisión mexicana es una perspectiva judicial, que nos otorga un rol de justicieros con la oportunidad de dictaminar.  Pero eso es irrealidad, porque aún no encuentro el botón de mi control remoto que me deje cambiar la decisión del árbitro.

El televisor nos deja una sensación de haberlo visto todo. Sólo en el futbol los aficionados ven mejor las jugadas; quien tiene el poder de sancionar y tomar decisiones de justicia, el árbitro, es quien lo ve peor.

Lo atractivo del futbol es que no siempre eres el mismo, un día eres el malo y la siguiente semana cuando ganas  el bueno. Para que no existan roles eternos debió existir un desliz y un acierto, aunque a veces sea del juez. La televisión lo único que hace es dejarnos con una sensación ilusoria de querer cambiar lo que sucedió en un partido.

La transmisión nos manipula porque le quita poco a poco la singularidad al futbol. El balompié tiene su esencia en la fugacidad de cada momento, algo que el televisor entre otras cosas le ha robado. 

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas