Brasil a través de su piel

Estaba prohibido jugar con negros. Para patear el balón, se pintaban la cara y las piernas con polvo de arroz. Les decían los "polarroz" y eran los primeros futbolistas de piel oscura que jugaron...

Estaba prohibido jugar con negros. Para patear el balón, se pintaban la cara y las piernas con polvo de arroz. Les decían los "polarroz" y eran los primeros futbolistas de piel oscura que jugaron en Brasil.

El país del "orden y progreso" suprimió la esclavitud en 1880, muchos años después que la mayoría de los países latinoamericanos. Los ingleses, colonizadores del futbol en el mundo, eran los únicos en América que podían correr tras la pelota en el siglo XIX. (Tal vez por eso, el balompié europeo es físico; los negros y latinos es joga bonito).

La exquisitez obscura en un estadio se disfrutó por primera vez en Rio de Janeiro con los equipos: Bangú y el Vasco da Gama. El primero: el equipo de una fábrica que incursionó en su alineación a obreros. El segundo: uno de los más grandes de Río, luchó siempre por la profesionalización del juego. En el presente, ambos pelean por retratarse en la historia como los primeros en alinear jugadores con sangre africana.

Ya con futbolistas negros, los equipos brasileños iniciaron el mestizaje en el futbol hasta ese entonces practicado por europeos. Aceptados los mestizos, siempre se pensó que no podían jugar bien, se les descalificaba por no tener el temple europeo.

Volvió a ocurrir la discriminación en 1950. En la tragedia más grande, el "Maracanazo", la prensa culpó de la infelicidad a Moacyr Barbosa. El primer portero negro de la Selección Brasileña fue señalado por no haber desviado el tiro decisivo del 2-1, "ese Barbosa fue el hombre que hizo llorar a un país", repetían en las calles.

Tuvieron que transcurrir 8 años más, para que el pueblo brasileño les rindiera culto a los futbolistas negros. Pelé y Garrincha en Suecia 58 iniciaron el culto al baile, ese movimiento hecho ritmo en el terreno de juego.

Desde entonces el "juego bonito" tiene éxito. En Chile 62 dieron un espectáculo y en México 70 no eran suficientes los 220 mil ojos presentes en el Estadio Azteca para retener la belleza del  futbol del  "scratch do oro".

Es tiempo que sus vitrinas guardan el éxito en cinco Copas del Mundo. Hoy que nadie duda de su grandeza, su historia de campeones está forjada por jugadores de sangre africana: Garrincha, Pelé, Tostao, Romario, Rivaldo y Ronaldinho.

Gracias a ellos, Brasil es mucho más que Pentacampeón del mundo, más que sus trofeos, son unos analfabetas del futbol aburrido.

Quién lo especularía: hace 126 años no eran libres; hace 100, se pintaba con polvo de arroz para patear la pelota; hace 56, se les acusó del "Maracanazo", el día más triste.

Hoy un siglo después todo es radicalmente diferente gracias a los futbolistas negros todos en las calles de Brasil dicen, "a los brasileños siempre hay algo que los llama en un estadio: un balón que pide ser jugado, algún ritmo que pide ser bailado y un trofeo que pide ser besado".

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