Reflexión

MIWA HIROSHI, PORTAVOZ DE LOS SUPERVIVIENTES DE NAGASAKI

MIWA HIROSHI, PORTAVOZ DE LOS SUPERVIVIENTES DE NAGASAKI

“Mi hijo y mi nieto pagan por la bomba”. Tengo 76 años. Mañana hará sesenta que me levanto cada día temiendo ser  uno de los 7.000 japoneses que mueren cada año por las bombas de Hiroshima y Nagasaki. He transmitido a mi nieto y a mi hijo debilidad congénita por la radiación. La gente huía de nosotros, los de las bombas, como de apestados”. (MIWA HIROSHI, portavoz de los supervivientes de Nagasaki, LA VANGUARDIA, Barcelona, agosto 5-2004)Las bombas siguen cayendo cada día. Y no solamente en Japón. También en nuestro alrededor físico, familiar, social. Es necesario que sigamos contaminando el medio ambiente con tantas radiaciones mortales como la que genera la irresponsabilidad, la injustica, la maldad, y todas las lacras de las que es posible el ser humano? Este reportaje a uno de los sobrevivientes de la bomba atómica me ha dado pie para reflexionar- y comparar- sobre muchas de las “bombas” que seguimos tirando diariamente hacia todo lo que nos rodea y que, aún dandonos cuenta de ello, no percibimos ni remotamente el precio que haremos que otros tengan que pagar por nuestra inconsciencia e irresponsabilidad. No quiero, ni pretendo, hacer filosofía barata o un comentario fuera de lugar en una página que es deportiva, pero una gran parte del desarrollo humano es su habilidad para enfrentar retos, problemas, conflictos. Que también es la esencia del deporte!

Recordando uno de los hechos más sombríos y terribles que ha tenido que soportar la humanidad- la semana pasada se han cumplido 60 años del lanzamiento de la primer bomba atómica- me da pie para recordarnos que los desafíos aumentan. En cantidad y en proporción. Como también aumentan las protestas. Y expresar mis temores. Como la de miles de personas que luchan, se solidarizan, van a marchas, invierten tiempo con su presencia en externar su repudio, arriesgan su físico, demandan sentido común, en tantas causas nobles como justas. Y condenar los actos de valemadrismo que seguimos cometiendo sin reparar en daños sociales, humanos y familiares sin protestar.

La mayoría considera que no hay nada que se pueda hacer al respecto, o que los problemas son tan grandes que se escapan de nuestras manos. Es preferible mirar para otro lado y...ese no es mi problema. Nada más falso.

Existen innumerables cosas que podemos hacer día a día y que están dentro de nuestro círculo de influencia, en lo que nos corresponde hacer y en la manera de responder, para ayudar a que la civilidad, el respeto y una mejor calidad de vida impere. No se trata de luchar contra enemigos invisibles. Solo tomar conciencia del impacto de nuestros actos y aprender a mejorar todo lo que nos rodea para que las ‘bombas’ no sigan cayendo... Lo único que se requiere en muchas ocasiones es apenas una pequeña modificación en nuestro comportamiento. En las pequeñas cosas. En lo obvio. Porque como dice Paulo Coelho nos preparamos para matar dragones y somos vencidos por las hormigas de los detalles, a las que nunca prestamos atención.

Cuáles son las ‘bombas’ que seguimos lanzando casi a diario y son tan destructivas como las de uranio y plutonio? Y que serán otros (familia, hijos, uno mismo) los que tendrán que pagar?

(El reportaje completo de Miwa Hiroshi realizado por LA VANGUARDIA de Barcelona la semana pasada está publicado en www.matosas.com)

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