Con lo mejor que se tenga

Hoy se habla mucho de que, una vez más, no pudimos dar el paso, y todos nos cuestionamos si alguna vez podremos darlo. Desde luego hay que saber que nos falta muchísimo para codearnos con los...

Hoy se habla mucho de que, una vez más, no pudimos dar el paso, y todos nos cuestionamos si alguna vez podremos darlo. Desde luego hay que saber que nos falta muchísimo para codearnos con los grandes, y eso no significa que no se les pueda ganar un juego, ya antes le hemos ganado a Brasil, o hace unos días (¡hoy parece que fuera hace tanto!) a Argentina. Pero México no tiene aún esa pasta, y un mundo nos separa de tenerla. Podríamos hablar del trabajo en fuerzas básicas, del sobrevalorado mercado interno que bloquea la exportación de jugadores, de los torneos cortos que coartan proyectos a largo plazo, de los seis extranjeros por equipo, en fin. Pero tratar de abordar la problemática completa y compleja del futbol mexicano en un solo artículo es tarea demasiado ambiciosa. Quisiera pues tratar de responder a una pregunta mucho más básica: en Piura, en cuartos de final de la Copa América, ¿era imposible ganarle a Brasil?

Yo creo que no. Aún sabiendo que siempre serán superiores a nosotros, se les puede pelear y ganar un partido oficial en ronda definitoria, a ellos o a cualquiera, se puede llegar incluso a un lugar de honor en Copa del Mundo y darle una alegría a los que mantenemos la pasión y la ilusión sin haber tenido antes que cambiar de fondo la estructura (ahí están Bulgaria, Croacia, Turquía, Corea). Pero me parece que para aspirar a ganar, cuando no eres uno de los grandes del futbol mundial, tienes que emplear lo mejor que tienes, y creo que México concedió ventajas que no puede conceder.

Está claro que Brasil puede montar dos y hasta tres selecciones, a la primera no le gana nadie y las demás pueden ganarle a cualquiera. Tan es así que ese equipo que los medios menospreciaron diciendo que éramos favoritos sobre ellos, hoy es el Campeón de América. Pero México no puede darse ese lujo, nuestro futbol es competitivo pero no como para montar una selección “A” y una “B”. A la Copa América se llevó a jugadores que bien ya no están para selección o nunca lo estarán (Davino, Claudio, Briseño, Osorno, Palencia, Valdez, Oteo). En su lugar a mí me hubiera gustado ver a Luis Pérez, Diego Martínez, Rafael Márquez Lugo, Alberto Medina… que están preparándose para la olimpiada, cierto, pero, ¿es mejor preparación un campamento en Acapulco que jugar contra Uruguay, Argentina y Brasil? Ahí está Paraguay, llevó a su equipo olímpico a foguearse a la Copa América, veamos hasta dónde llega cada uno en Atenas y saquemos conclusiones.

Pero además de la selección de jugadores, me parece que La Volpe se equivocó también en el planteamiento, no sólo de ese último partido, sino en toda la Copa. Si revisamos una a una las alineaciones, encontramos cada vez seis defensas nominales, dos medios de contención, un media punta y un delantero. Que si Carmona y Valdez, o por momentos Lozano o el Piti jugaban un poco más adelantados, puede ser, pero un torneo como el que se jugó no es para experimentar nuevas funciones, sino para poner en la cancha lo mejor que se tenga. Así, no se le puede ganar a Brasil, y mucho menos aspirar a ser Campeón.

Es momento de hacer el recuento de los daños, aprender la lección, levantar la cabeza y seguir adelante. La Volpe debe continuar, pase lo que pase en las olimpiadas, hasta el Mundial. Es muy válido pensar ahora que nos situaron en nuestra triste realidad y que jamás daremos el famoso pasito. Yo creo que no, que tenemos aún para ilusionarlos, tenemos un futbol competitivo, que si bien no se acerca ni de lejos a los verdaderos grandes, sí nos da para soñar con ganar partidos, avanzar a rondas definitorias de grandes citas y hasta levantar copas. Eso sí, poniendo en la cancha el mejor equipo que podamos poner, sin tratar de reinventar el futbol en cada partido y, quizás lo más importante de todo, no dando juegos por ganados antes de jugarlos.

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