Ser grande

La pasión revivida, los récords de audiencia televisiva, los campamentos en La Cantera y el Estadio Jalisco, y muchos ingredientes más, no dejan lugar a dudas: la reciente final del futbol...

La pasión revivida, los récords de audiencia televisiva, los campamentos en La Cantera y el Estadio Jalisco, y muchos ingredientes más, no dejan lugar a dudas: la reciente final del futbol mexicano entre Pumas y Chivas ha sido la que más expectación ha levantado en más de una década. No se había vivido una final así desde la tarde del ‘tucazo’ también en Ciudad Universitaria, el último duelo final, antes de éste, entre dos equipos grandes. No podemos entonces resistir la tentación de intentar responder a una pregunta: ¿qué es lo que hace grande a un equipo?

La primera definición que me viene a la mente es que los grandes son los que tienen trascendencia a nivel nacional. Esos pocos equipos de los que podemos encontrar aficionados en Tijuana, Tampico, Salina Cruz, Tapachula, Culiacancito o Mérida. ¿Cómo se logra eso? ¿Por qué sólo unos cuantos pueden presumirlo? Podemos dividir la explicación en dos partes. La primera son los méritos deportivos. Desde luego la grandeza se funda en los títulos, que son los que hacen que un equipo, por una forma de jugar y por dar satisfacciones materializadas en copas, gane adeptos. La segunda es la personalidad propia, ese algo distinto que tiene y que lo hace más que un simple equipo de futbol, que hace que quienes lo sigan sean parecidos entre sí, tengan filosofías de vida afines, que la pasión por esos colores vaya mucho más allá de un rectángulo verde en el que once de un lado y once del otro intentan meter la pelotita en arcos opuestos.

Aunque las opiniones pueden ser muy disímiles y hasta encontradas, podríamos hallar consenso en cuanto a que los grandes del futbol mexicano son cuatro: Chivas, América, Cruz Azul y Pumas. En los setenta y ochenta año con año se veían finales entre estos cuatro grandes (América-Cruz Azul, Cruz Azul-Pumas, América-Chivas, Pumas-América, Chivas-Cruz Azul), y son esas batallas y la historia forjada en esos años (y los anteriores) la que los llevó a ser los equipos más populares del país y emblemáticos para la mayoría de los aficionados mexicanos.

Habrá cuadros que reclamen su legítimo derecho a ser grandes. Toluca, Pachuca o Necaxa por sus títulos; Tigres, Monterrey o Atlas por la pasión y las lágrimas que llevan a cuestas. Pero, sin dejar de reconocer los méritos de estos equipos, bastó con que se diera la única final inédita entre grandes para que, por primera vez en 13 años, volviera a vivirse el fenómeno social que significa el que setenta mil almas contengan las lágrimas y la respiración y un país entero se paralice frente al televisor justo antes de ver un balón volar por encima del travesaño.

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