Matando el folklor

Sé que no influyen en el resultado, ni en los esquemas tácticos o en el desarrollo de los jugadores pero al final en ocasiones terminan por ser ese elemento diferencial que nos hace acercarnos a...

Sé que no influyen en el resultado, ni en los esquemas tácticos o en el desarrollo de los jugadores pero al final en ocasiones terminan por ser ese elemento diferencial que nos hace acercarnos a nuestras figuras, e inclusive a colores que en algunas ocasiones se convierten en el origen para crear ídolos o elegir equipos. Me refiero al color que termina por ser esa sazón que en algún momento marcó a tu corazón o tu mente y que evidentemente  algunos de nuestros federativos no terminan por entender.

¿De qué hablo? De aquel desorden lógico que algunos jugadores marcaban fuera de lo que es el desempeño en el terreno de juego y que marca su personalidad. Como consecuencia, también ayuda a crear ídolos, a vender más playeras, a aumentar el raiting televisivo y también a incrementar el seguimiento hacia determinados jugadores y clubes.

Hay un viejo refrán en México que dice que en ocasiones se quiere inventar el hilo negro e igualmente que algunas veces terminamos siendo más "papistas" que el papa, por ello, me parece que la comisión disciplinaria y su "brillante" iniciativa de prohibir lo mismo paliacates, que bendajes sobre las medias o bendas sobre las melenas de nuestros ídolos termina siendo burda, fuera de contexto y lo más importante, que termina por atentar al principio básico de que cada jugador forma una imagen al igual que una personalidad tanto dentro como fuera del campo de batalla.

Se imaginan por ejemplo a Memo Ochoa sin su tradicional banda en la cabellera a Adolfo Bautista sin sus usuales bendajes sobre sus medias o a Marioni; a Hugo Droguett o a Gerardo Lugo sin sus tradicionales bandas en sus melenas... Yo no.

Por eso digo que sin darse cuenta, la Comisión Disciplinaria está aniquilando gran parte de la esencia de nuestro juego no admitiendo ningún tipo de expresión individual que permita al jugador desmarcarse de lo establecido o que complemente los rasgos de su personalidad, todo esto bajo la bandera del orden y la disciplina. Alguna ocasión decía Eduardo Galeano que una de las gracias del futbol era que se permitía el desorden dentro de un orden establecido, parece que en México esto cada vez se entiende menos.

Hace ya año y medio que se prohibieron los trapos, mantas y demás manifestaciones coloridas que daban vida a la cancha, ahora tampoco están permitidas cualquier manifestación de irreverencia o protagonismo individual en aras de preservar el orden y mantener la uniformidad. Al final, me da la impresión que más bien tiene que ver con defender de manera equivocada los intereses comerciales a costa del color que pone la sal y pimienta a nuestro juego.

Absurdo, patético, aburrido y hasta amargado son algunos de los calificativos que se me vienen a la cabeza para describir esta medida la cual además de restar elementos para construir imágenes de ídolos  y fetiches de mercadotecnia, me parece que no dañan ni la disciplina ni el orden en un deporte que más bien  ha sido afectado por una extrema comercialización hecha en México al bulto y en muchas ocasiones sin planteamientos estratégicos que verdaderamente justifiquen el nombre de "mercadotecnia" en su trasfondo.

Irónicamente en México tratamos de poner "disciplina y orden" en materias que a mi entender no lo requieren del todo ya que al final, coartan la libertad de expresión y hasta de libre mercado lo mismo de jugadores que de patrocinadores y por el contrario, aspectos más importantes como un correcto programa de profesionalización en nuestro arbitraje o un mejor control sobre los exámenes antidoping, por citar un par de ejemplos no se realizan.

¿Qué sigue? ¿Decirles a los clubes qué tipo de uniformes deben utilizar? ¿O indicarle a los fans con qué ropa y qué atuendo se puede o no entrar a la cancha? Han ido aniquilando los trapos, han continuado con los festejos y ahora terminan por limitar en exceso la personalidad de los actores principales de este espectáculo.

De verdad respeto todo tipo de apreciaciones y comentarios pero me parecen miopes las medida "disciplinarias" arriba señaladas, ya que lo mismo en países de primer mundo como en otros Latinoamericanos se han preocupado por resolver asignaturas pendientes más prioritarias de manera más eficaz olvidándose de ser más "papistas que el papa".

Conclusión: Mientras nuestra industria se dice ser más abierta a innovadoras tendencias así como a nuevas maneras de generar personalidades e ídolos, algunos de nuestros dirigentes se empecinan en hacernos ver que siguen encerrados en su cubículo o que simplemente continúan con prácticas arcaicas las cuales nos recuerdan la falta de apertura que vivimos como país no sólo en el futbol sino en otras materias aun más importantes que el deporte mismo.

De verdad urgen dirigentes con visión moderna, vanguardista y que si bien salvaguarden la esencia del juego, no se olviden que la afición por los equipos y la fidelidad hacia los futbolistas se hace por aspectos adicionales a lo que se muestran en la cancha ya que al final, el futbol es un entretenimiento cargado de subjetividades y parcialidades que terminan marcando la diferencia entre ser un simple espectador y convertirse en un verdadero fan.

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