Estamos perdiendo el color

Recuerdo aún mi primera experiencia yendo al estadio. En ese entonces hubo muchas situaciones que me marcaron para posteriormente enamorarme de este juego.

Recuerdo aún mi primera experiencia yendo al estadio. En ese entonces hubo muchas situaciones que me marcaron para posteriormente enamorarme de este juego. Desde el ver tanta gente reunida en un solo sitio, los colores de los uniformes, el intenso verde de la cancha y la manera en como los futbolistas se movían sobre el terreno. Sin embargo, tengo en mente aún de manera muy clara, como era sorprendente cuando caía un gol, como salían banderas por doquier e inclusive ahí era cuando los comentaristas solían calcular que equipo había convocado a más aficionados. Las porras eran las que marcaban la pauta y las barras no existían. Esto comenzó a cambiar, al menos en la Primera División, a partir de mediados de los noventas y entonces las banderas empezaron a convivir con los trapos, los "cinturones" y papelitos que salían por todos lados. Inclusive, los juegos nocturnos llegaban a ser espectaculares por la cantidad de luces que se veían adornando la tribuna. Los cánticos que de inicio eran totalmente sudamericanos empezaron también ha "mexicanizarse" y aunque sigue habiendo una influencia extranjera, cada vez más barras han compuesto sus propios cánticos de guerra. De hecho, hay muchas historias escondidas de integrantes de grupos de apoyo los cuales trabajan o estudian toda la semana para juntar dinero y asistir a la cancha o viajar muchas horas para ir a apoyar a un club casi de entrada por salida. Todo este color sin duda era un pretexto más para ir al estadio. Lamentablemente, esto se ha ido extinguiendo.   En aras de evitar violencia pero sobre todo, de salvaguardar intereses comerciales, se ha prohibido todo lo que solía adornar con colores nuestras tribunas. Los "trapos" ya no aparecen, los "cinturones" también han desaparecido, no puedes llevar banderas, no hay papelitos e ir al estadio se está convirtiendo en una experiencia muy gris con poco sabor. Lo que es peor, antes si no había espectáculo en la cancha por lo menos la atmósfera era amena para pasar un buen rato. Hoy, algunas medidas parecieran que se están esforzando para inclusive disminuir aún más las formas en como un aficionado o un grupo de fanáticos desean expresar su apoyo. Desde luego que los trapos y demás elementos de las porras o barras son en ocasiones moneda de cambio para generar violencia. También acepto que algunos "barristas" pueden llegar a comportarse de manera primitiva y descerebrada. No obstante, me parece que los federativos podrían hacer más y no únicamente imponer disposiciones por decreto para intentar sanar la violencia cuando lo único que se está logrando es matar el color y la atmósfera inigualable que es ir a un estadio de futbol. Una posible alternativa sería tener de manera periódica, reuniones entre la Federación y los líderes de las barras o porras, así como verdaderamente arrancar un proceso de control y registro de los elementos que conforman un grupo de apoyo. Obviamente que existiera un verdadero ánimo de las autoridades para imponer castigos ejemplares a los desadaptados que se comporten como tales. Y también, acordar mejores técnicas conjuntas con la policía para nulificar intentos de salvajismo entre las barras y sobre todo de parte de los medios, una verdadera campaña para desarrollar conciencia de cómo estamos aniquilando el color que solía haber en las gradas. Aunque siempre habrá estadios más calientes que otros y aficiones más frías y apáticas que otras hay una realidad, la experiencia de marca de ir a los estadios en México es cada vez más monótona pero no por la pasión que de manera innata tienen los aficionados sino más bien, porque pareciera que hemos hecho hasta lo imposible para acabar con ella. De verdad creo que a los que adoramos la sana pasión por unos colores nos toca proponer alternativas y sugerir caminos para que dentro de lo que está en nuestro alcance, podamos retomar el color, la picardía y la magia de ir a un estadio de futbol, evidentemente sin violencia y haciendo de nuestro futbol un verdadero espectáculo incluyente.

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