De héroes, anti-heróes y goles

En el régimen actual de la sociedad global de la información se fabrican noticias sobre una cantidad muy grande y variada de sucesos. Marcando la frontera entre un antes y un después, es...

En el régimen actual de la sociedad global de la información se fabrican noticias sobre una cantidad muy grande y variada de sucesos. Marcando la frontera entre un antes y un después, es importante recordar que en Física se le denomina "suceso" a cualquier cosa que ocurre en el tiempo y provoca un cambio, una diferencia.

Aunque no es infinito, el conjunto total de sucesos (físicos, climatológicos, biológicos, políticos, económicos, etcétera) que se presentan día tras día en todo el planeta es tan grande, variado y complejo, que los propios medios de comunicación (a pesar de que funcionan sin parar los 365 días del año y cuentan cada vez con más canales para difundir sus noticias) no pueden abarcarlos en su totalidad. Dada que es enorme su cantidad y naturaleza, la industria mediática lo que entonces hace es seleccionar (siempre subjetivamente, es decir, a partir de sus políticas editoriales) los sucesos que considera relevantes, "memorables" o dignos de atención e interés público, para luego transformarlos (por la vía del  discurso periodístico) en acontecimientos "noticiables".

Aprovechando la ventaja cognitiva que nos da la distancia temporal de los hechos, resulta interesante recordar que hace unos días (específicamente el jueves 19 y el viernes 20 de abril) en la mayoría de los medios de comunicación se habló sin parar de dos acontecimientos que, si bien es cierto se presentaron en ámbitos muy distintos, también es verdad que los dos se convirtieron en noticia por su excepcionalidad. Hablamos de las cartas, fotografías y vídeos que a modo de testamento dejó el multi-homicida sudcoreano de Virginia Tech Cho Seung Hui y del hermoso gol anotado por Lionel Messi en contra del Getafe.

Independientemente del pasmo/desazón y la fascinación (en ese orden) que ambos sucesos generaron a nivel mundial, su co-existencia dentro del flujo de la información mediática dejó muy claro que los medios, por un lado, nos proveen (con crudeza) información-dolor sobre sucesos cuya crueldad provoca malestar e indignación, al mismo tiempo que estéticamente nos proporcionan noticias-gozo, como cuando una y otra vez repitieron ese segundo gol anotado por la "Pulga" en el Camp Nou.

Los medios, como se sabe, necesitan de héroes y anti-héroes para poner en marcha sus narrativas polarizantes de buenos y malos (de buenos contra malos). Su dependencia de estas figuras y mecanismos es tal, que sin ellas se quedarían sin los personajes que nutren y hacen tan atractivas y seductoras sus historias presentadas una y otra vez tanto en los noticieros, crónicas y reportajes, como en las películas, telenovelas y gestas deportivas. En este sentido, está claro que Cho Seung Hui (quien ya ocupa un lugar en la negra historia de las masacres perpetradas en escuelas norteamericanas) fue el anti-héroe de la semana pasada. De eso no hay duda. Pero no está del todo claro que Lionel Messi sea el héroe que la industria mediática construyó (periodística y sobre todo, mercadológicamente) como consecuencia de su memorable gol.

Aunque en el reino de la estadística (ese imperio del número) los goles luzcan exactamente iguales y aunque estéticamente las jugadas que culminen en un gol nos brinden experiencias parecidas, no por ello debemos de sucumbir a los discursos que de manera simplista transformaron momentáneamente en un héroe al bajito joven que a los 13 años cruzó el Atlántico para jugar en el Barcelona y de paso intentó resolver sus problemas con la hormona del crecimiento.

A pesar de que la comparación es el método más estúpido para comprender el complejo comportamiento humano, es un hecho que luego del gol de Messi muchos medios (con el apoyo indirecto de You tube) de manera mecánica y desmesurada expresaron: ¡Maradona ha vuelto! ¡Un gol de 10! ¡Messi con el toque de D10S! Declaraciones todas ellas espectaculares, ocurrentes y muy consumidas, pero erróneas. Y es que además de exagerar al poner en la misma báscula a dos jugadores generacional y temperamentalmente distintos, muchos de los que esgrimieron esto se olvidaron que los goles no solo se juzgan y miden por su valor estético-erótico, sino también por su significado histórico-político.

Lo sabemos: existen los goles estéticamente grandiosos (como los que vemos varias veces por año y continuamente a lo largo de la vida), pero también existen los goles políticamente demoledores e históricamente inolvidables (aquellos cuya rareza los hace presentarse sólo de vez en cuando). Los primeros dependen de la sagacidad física y la inteligencia creadora-poética del jugador y el equipo que lo anota, mientras que los segundos dependen de la magia-talento pero sobre todo del contexto en el que se realizan.

Si asumimos que todo encuentro de futbol se puede leer (de hecho se lee) como un  texto (tal como lo señalan las reglas de la Hermenéutica, esa ciencia de la interpretación), entenderemos por qué el significado de los goles sólo se podrá comprender si se analiza a detalle su contexto. En este sentido, si bien es cierto que a Messi y a Maradona los hermana su país de origen y hasta su estatura física, además, claro, de haber avanzado desde media cancha para eludir a varios contrincantes y anotar un gol casi en el suelo luego de evadir al guardameta (algo que no acontece futbolísticamente todos los días, pero que si ha pasado, ahí está Ricardo Salazar para corroborarlo); también es verdad que los distancia y distingue el contexto de sus respectivas hazañas.

Cuando Diego encaró a seis rivales ingleses tomando la pelota atrás de mediocampo y culminando ante la salida de Shilton (en lo que podríamos denominar un poema borgiano, por la velocidad y el sentido de belleza que le imprimió), en los argentinos palpitaba la idea de que con ello se estaba culminando (a menos psicológicamente) un conflicto bélico que hacía cuatro años se había escenificado en las Malvinas. En ese instante el estadio Azteca acogió al mítico jugador argentino que en la cancha lideró una cruzada contra quienes habían mancillado  (y ya en 1806 habían colonizado) a su nación a partir de las armas desplegadas en el archipiélago del Atlántico Sur. Si, fue también un "dos por cero" como el de Messi frente al Getafe, pero el contexto histórico fue completamente distinto.

Gran diferencia. Diego Armando Maradona metió su gol a los odiados británicos aquel 22 de junio de 1986 en el contexto de un inolvidable Mundial de Futbol, mientras que Messi deslizó la pelota en el contexto de una deslucida Copa del Rey ante un equipo respetable pero sin duda menor en jerarquía. Una más: Maradona enarboló heroicamente con su gol la revancha política de un país tras la batalla perdida unos años antes en las Malvinas, mientras que Messi cruzó sorpresivamente la cancha con su magia pero con la ayuda psicológica que da el tener de compañeros a Eto';o, Xavi, Giuly, Márquez y Ronaldinho en algo que sin serlo por momentos pareció un partido de entrenamiento.

Otra diferencia que separa al mítico y contradictorio héroe (que de forma inevitable se ha construido siempre de cara a la tragedia) de la joven promesa, es que mientras la empresa Adidas ha nutrido rápidamente su campaña de "Impossible is Nothing" con el gol del brillante pero parco Messi (cuyas declaraciones políticamente correctas no aportan mucha pólvora a las notas); el "Barrilete Cósmico" a pesar de su drogadicción sigue alimentando la esperanza e identidad de todo un pueblo desde el cómodo hospital psiquiátrico que lo hospeda.

Desde luego, la "Pulga" Messi tiene aún muchos juegos por delante para escribir, quiebre a quiebre, su historia. Y habrá que estar atentos a ella. Pero sin adelantarse ni compararlo. Porque como bien lo muestra el hecho de que Maradona cada vez salta con más frecuencia de las secciones deportivas a las de nota roja, afortunadamente en futbol los héroes no sólo se construyen con goles estéticos.

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