Más vale maña que fuerza

En materia de ética, dignidad y coraje, en los últimos días la cátedra no la dieron los futboleros protagonistas de dos sonados aunque muy distintos regresos (el de La Volpe por un lado...

En materia de ética, dignidad y coraje, en los últimos días la cátedra no la dieron los futboleros protagonistas de dos sonados aunque muy distintos regresos (el de La Volpe por un lado -simbólicamente parecido al regreso de Carlitos Salinas- y el emotivo retorno de Don Chava Reyes al Jalisco, con sus dos históricos toquecitos), sino las dueñas de dos emblemáticas y provocadoras despedidas: Carmen Aristegui y Ana Guevara.

No obstante de que trata de dos despedidas muy diferentes (la de Carmen, producto de un acto abusivo y gandaya en contra de miles de radioescuchas y la de Ana, un atropellado y resignado adiós salpicado de memorables procacidades como está: "VA POR MEXICO. Y chingo a mi madre si no"), lo que si es cierto es que ambos sucesos pueden ser leídos e interpretados -tanto desde el ángulo político como desde la óptica de género- de forma muy parecida.

Desde la óptica de la política, evidentemente tanto la salida de la periodista como el adiós de la velocista, directa o indirectamente se presentaron como consecuencia del alto grado de incomodidad que estas mujeres representan para los poderosos, conservadores, anquilosados y falocéntricos sistemas donde ambas se mueven. En el caso de Aristegui, una buena parte de sus notas, reportajes y entrevistas movieron durante meses las buenas conciencias de políticos, empresarios, militares y clérigos autoritarios, corruptos, misóginos y pederastas.

En el caso de Guevara, es un hecho que la mayor parte de sus ásperas declaraciones y opiniones críticas ante los medios, siempre se distinguió por no dejar títere con cabeza; al menos, en lo que a deporte organizado se refiere (recuérdese como desde su posición de heroína deportiva le pegó oportunamente a burócratas, federativos, empresarios, jugadores, etcétera).

Y es en este sentido y bajo este mexicano contexto que la despedida de Carmen de la radio y la huida voluntaria de Ana de las competencias pueden ser vistas como un gesto de dignidad política ante la corrupción triunfante. Un gesto que so pena de dejarlas momentáneamente sin chamba, las ennoblece y fortalece como profesionales pero también como mujeres (¿llegaremos algún día a ver a nuestros futbolistas profesionales haciendo citas con el Presidente para quejarse de las arbitrariedades de sus jefes, protestando en las calles o en los medios en pro de que se utilicen mejor los recursos federales destinados al deporte, poniendo en juego su carrera a cambio de un poco de respeto, quemando los dobles contratos o de perdida mentándole públicamente la madre a promotores, federativos o dueños por la manera tan sucia en que algunos de ellos pisotean sus eximios derechos laborales?).

¿Y qué decir precisamente desde la óptica de los estudios de género, sobre sus dos ejemplares y controvertidos casos? Aquí, no cabe duda, sobra tela para cortar. Y es que se trata de dos mujeres exitosas, fuertes, visibles y respondonas: dos mujeres rebeldes, inteligentes e incómodas que a su manera y desde sus respectivas trincheras y autoestimas han puesto en jaque los viejos y cuadrados estereotipos de la mujer mexicana dócil, abnegada, sufridora, controlada, santurrona pero eso sí virginal, hogareña y "femenina" (una clonada mezcla entre Marga López y la deliciosa Ninel Conde que alguna vez dijo: "Me da tristeza ver tantos niños y ancianos afectados por el surimi…").

En otras palabras, se trata de dos mujeres mexicanas que, como muchas otras, están más cerca de Rosario Castellanos, Elena Poniatowska, Denise Dreser, Martha Lamas, Marcela Lagarde e incluso de Sabrina, Marigol o Paquita la del Barrio (y muy, muy lejos de Sara García, Yuri, Elba Esther Gordillo o Martita Sahagún de Fox): dos mujeres-bandera, mujeres-símbolo, mujeres-escudo cuya voz, libertad, presencia, éxito y desarrollo por un lado dan fe de los innegables avances que en México se han dado en materia de derechos y equidad de género, pero cuyas recientes y esporádicas salidas representan un peligroso y sintomático retroceso que nos habla de la todavía persistente desigualdad que existe entre las mujeres y los hombres que habitamos este país.

¿Tendrá alguna conexión lo experimentado por estas dos exitosas mujeres con lo que día a día le sucede a otras millones mexicanas en el hogar, en el mundo laboral, político, económico y hasta en el deportivo? Por su puesto que sí. Y para muestra fiel de lo que acontece con las mujeres en el futbol, ahí está (para el homo soccer que quiera darse una vuelta por la Cineteca Nacional) el interesante y recién estrenado documental de "Más vale maña que fuerza".

Escrito y dirigido por la cineasta chilanga María del Carmen de Lara (quien es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y ha incursionado en varias ocasiones en la desigualdad de género que impera en la sociedad mexicana), este documental, que en palabras de su autora busca "romper con la idea de que las mujeres son un objeto decorativo", lo que nos muestra son "dos situaciones extremas que se expresan a través de oficios que tradicionalmente han sido ejercidos por hombres".

¿Resultado? Ahí boxeadoras como Laura Serrano ("La poeta del ring") y futbolistas como Maribel Domínguez, sin salirse de sus roles de madres, hijas, esposas, trabajadoras o estudiantes, nos hablan de lo difícil que es ejercer su profesión en un país de cada vez menos orgullosos machos sinceros y cada vez más disfrazados machos postmodernos (estos últimos, claro está, más políticamente correctos que los primeros).

Co-producida por el Instituto Mexicano de Cinematografía y "Palomas y Calacas Producciones", en esta cinta de 70 minutos en la que también participan Iris Moya, Andrea Rodenbaugh, Charlyn Corral y Thania Cortés, se ofrecen distintas experiencias y opiniones "sobre la situación del deporte en nuestro país, el feminismo, la igualdad de oportunidades y el contraste con las oportunidades de trabajo que existen en el extranjero". No se olvide que en nuestro país jugar al futbol o boxear para una mujer no sólo implica vencerse a sí misma, "sino también a un postulado social, un prejuicio, y derribarlo".

Narrada por la periodista radiofónica Georgina González, "Más vale maña que fuerza" se hizo con el objetivo de cuestionar y crear conciencia respecto a que no existen terrenos exclusivos para hombres y mujeres; lo cual de facto la convierte en una película reflexiva, a veces graciosa pero muy crítica y pedagógica. Al punto que uno sale del cine con la idea de que por cada mujer que boxee o juegue futbol en nuestro país (por cada cuerpo femenino que disfrute y conquiste un lugar en el espacio público de una calle, cancha o campo), tal vez no haya un macho menos pero si quizá  un poco más equidad de género.

Y es que como afirmó su realizadora (quien por cierto aseguró que le gustaría hacer una película sobre la vida de Ana Guevara), "no es justo que un boxeador o un futbolista ganen un millón de dólares, mientras que una mujer que ha ganado premios y ha sido reconocida en otros países a menudo sea remunerada con escasos 3 mil pesos. Creo que parte del problema es el desconocimiento de lo que implica para una mujer compaginar una vida profesional y a la vez atender un hogar. Está película es una ventana para que las nuevas generaciones comprendan esa realidad".

Tomando en cuenta de que hablamos de un trabajo que aspira a cambiar el concepto que en México se tiene sobre las mujeres, vale la pena advertir que dado que se trata de un documental crítico y no de un film de consoladora y confortable ciencia ficción, en él lo que los espectadores encontrarán no será la historia de mujeres plásticas y esculturales repartiendo amor a deportistas triunfadores, sino el retrato fiel de deportistas mexicanas de carne y hueso (como aquellas con las que convivimos todos los días) y que a pesar de haber "vivido las inequidades; no se victimizan, al contrario, toman un papel casi heroico, con un cuestionamiento social más profundo que el que a veces podemos ver en atletas masculinos de su mismo nivel".

Por lo que toca y mueve y por el género desde el que está hecho, seguramente este documental (que no se distribuirá en los circuitos comerciales) no será un éxito en taquillas y tal vez ni siquiera alcance a ser pescada por los astutos y comercialmente sensibles vendedores de "devedeees" piratas. Lo que sí es un hecho es que los pocos hombres que alcancen a verla (en algún festival o canal cultural de televisión) sin duda obtendrán elementos de juicio para comprender y valorar más lo que hacen las mujeres deportistas (que como todo mundo sabe, son quienes en los últimos años más triunfos y medallas le han dado a México), mientras que las mujeres que la vean además de sentir un goce revanchístico contra los machos obtusos, tendrán una razón más para mirarse orgullosas en el mismo espejo en el que con más maña que fuerza también se miran Aristegui y Guevara. Opina de esta columna aquí.

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