El infierno mediático de un producto

Los técnicos, como las medicinas o la comida enlatada, tienen fecha de caducidad. Y ayer, tras el "inolvidable" partido de la Sub-23, entre lamentos, berrinches, escarnios procaces, risitas...

Los técnicos, como las medicinas o la comida enlatada, tienen fecha de caducidad. Y ayer, tras el "inolvidable" partido de la Sub-23, entre lamentos, berrinches, escarnios procaces, risitas nerviosas y múltiples corajes, millones de televidentes mexicanos vimos cómo por cada gol que fallaron los muchachos comandados por Hugo Sánchez, paulatina pero inevitablemente se fue marcando sobre la frente del polémico técnico nacional, una leyenda indeleble (esperada y vaticinada por muchos). Era su fecha de caducidad. 31 de marzo del 2008. Esa es la fecha que desde ayer relumbra en la ex goleadora frente del (todavía) timonel mexicano. Se trata de una fecha que sin duda los demonios invisibles e inclementes del futbol burlonamente dibujaron mientras activaban la bomba de tiempo que durante 15 largos y agónicos días no dejará dormir a Hugo, a su Cuerpo Técnico y a los directivos que presionados por las televisoras que lo colocaron.   Desde luego, el primero en ver, que digo ver, en escuchar esa bomba de tiempo y en distinguir esa fecha tan vinculada a las letras chiquitas de su contrato, fue por su puesto el propio pentapichichi. Después, conforme transcurrieron los minutos del juego, se intensificaron las emociones y crecieron las decepciones, esa fecha la empezaron a percibir también los miembros de la banca y después los propios jugadores que en el campo ya se habían aburrido de tanto fallar. Paralelamente, fotógrafos y reporteros a ras de campo, así como el árbitro, su suplente y los abanderados, desde sus posiciones miraron con atención cómo esa fecha paradigmática se aclaraba e incluso se profundizaba.  Y cuando ya faltaban solo unos segundos para que la goleada con sabor a derrota se colara a la larga lista de las frustraciones nacionales, la esperada fecha de caducidad que creció en la frente de quien alguna vez fue considerado el "Niño de oro", brillaba tanto, que también comenzó a ser observada (sin necesidad de recurrir a binoculares) desde la tribuna del semi-vacío Home Depot Center de Carson: desde ahí, entre exigentes compatriotas cobijados con banderas tricolores, cornetas e inmejorables pancartas, los primeros en observar azorados la sonada fecha fueron los propios directivos de la FMF, luego los familiares y amigos que acompañaron hasta California a Hugo, así como su representante legal y su apoderado.  Al finalizar el partido, oscilando entre la irritación y el encono, pero movidos como nunca por el mexicano placer de hacer leña del árbol caído, atentos a la fecha que ya para ese momentos también había sido identificada por millones de enfurecidos y decepcionados aficionados, los periodistas y comentaristas deportivos de diversos medios (aprovechando los espacios y tiempos que tienen para realizar sus análisis futbolísticos que en delirantes ocasiones como estas funcionan como estrados patrióticos idóneos para ejercer la caza de brujas en nombre de la nación), simbólicamente comenzaron a exigir, unánimes y a partir de gritos desaforados, la cabeza del técnico nacional. Indignados y enfurecidos, solemnes e iracundos, ayer mismo, tan solo unos minutos después de que había terminado el encuentro donde los miembros de la "generación de oro" demostraron su capacidad para equivocarse, distintos periodistas morbosamente arrancaron la fiesta de reclamos e insultos en contra del dentista macho.  ¡Es una tragedia! ¡Hugo reprobó una vez más el examen! ¡Es un rotundo fracaso! ¡Fue un verdadero ridículo! ¡Es vergonzoso para nuestro futbol! ¡Señores, no podemos admitir esto!¡Que se vaya Hugo! ¡ya es hora de que lo despidan o que al menos por dignidad renuncie! ¡Fue un gran jugador en el Real Madrid, hay que reconocerlo, pero como técnico no sirve, es incapaz e inmaduro!  Con este tipo de rabiosas frases producto de meticulosos análisis realizados con las tripas, ayer por la noche la mayor parte de las figuras del periodismo deportivo nacional se regodearon hasta el cansancio y con ello de paso inauguraron el inevitable linchamiento mediático y conversacional en contra del personaje-producto mexicano más vilipendiado e impopular del momento.  Por si fuera poco y como si hubiera intentado apagar el fuego con gasolina, durante la conferencia de prensa que Hugo Sánchez obligadamente tuvo que dar al término del encuentro, molesto y acongojado, admitió una cosa que muchos periodistas sádicos disfrutaron: admitió que la palabra fracaso por fin se había incorporado a su exitoso diccionario mental, a su legendario léxico y vocabulario (seguramente forjado por lecturas como "¿Quién se ha llevado mí queso?" y "7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva").  Misterios y curiosidades de la vida mexicana. Justo en el domingo en que para muchos católicos se dio inicio a la semana “santa” (ese  periodo sagrado para los cristianos en el que con misericordia se recuerda la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo), para Hugo Sánchez inició el estrepitoso camino al infierno mediático. Un infierno, que por cierto, el pentapichichi ya había olfateado en las críticas y los abucheos que a costa de su gigantesca autoestima empezó a recibir desde el año pasado en diferentes estadios y que las pancartas y el resultado de ayer, como si de un terremoto se tratara, terminaron por convertir en un gigantesco abismo debajo de sus pies. El infierno mediático en el que hoy Hugo se encuentra (y en el que por cierto lo que más escaseará serán las buenas intenciones y lo que sobrará son las críticas, las injurias y los reclamos); es muy parecido al que él mismo le abrió a su bigotón antecesor, pero sobre todo, muy similar al infierno que también cruzó un insigne ex presidente de la república.  El paralelismo entre Hugo y Fox no es gratuito. El tamaño de las expectativas que ambos "productos" promovieron corresponde con el denuesto y las burlas de los que hoy son objeto. Sintetizando la esperanza de millones y prometiendo ahora si el verdadero cambio, ambos iniciaron muy optimistas y llenos de fe sus respectivos "mandatos", pero la falta de acciones coherentes y triunfos combinada con el tamaño y la torpeza de su lengua, magnificaron sus tropiezos y alimentaron su caída.  Figura polémica, por ignorancia, arrogancia o lujuria mercadotecnica, ante los medios, los anunciantes y los aficionados Hugo quiso jugar el rol del gran redentor de cara al 2010, sin embargo lo único concreto que al paso de los juegos ha logrado es que los medios (esos verdaderos tribunales contemporáneos) y sus miles detractores exijan a gritos su expulsión.  Ávidos de héroes que nos indiquen el rumbo, de caudillos que nos guíen y figuras carismáticas que por fin nos rescaten, empujados por la retórica de los medios millones de mexicanos, desde su imaginario, por algún tiempo vieron en Hugo a otro salvador más: un digno y exitoso representante del coraje nacional. Como ha sucedido en muchas otras ocasiones a lo largo de nuestra historia, hoy ven en él justo lo contrario. Lo curioso es que, acostumbrado desde hace mucho a los reflectores, este personaje-producto ni en su caída ha dejado de llamar la atención.  Víctima de sus propias palabras y acorralado por sus propias promesas, aunque la soberbia hugista es en estos momentos el principal blanco de las críticas, los repudios, los pretextos y las explicaciones, es un hecho que lo que sucedió ayer y ha sido narrado por los medios como una "tragedia nacional", no sólo fue "culpa" o responsabilidad del técnico. No se trata de un complot. No conspiraron los postes, ni los guatemaltecos, ni los haitianos, ni la mala suerte de nuestros delanteros y ni siquiera la supuesta mala leche de los periodistas deportivos. Bien mirado el resultado de día de ayer solo es un reflejo: es el síntoma que nos habla de la realidad de toda una industria y un sistema de competencia del cual Hugo sólo es un millonario botón. La pregunta es: ¿quitarán al dentista del banquillo nacional?  Si tomamos en cuenta que las decisiones en materia de selección no se toman por razones deportivas sino a partir de estrategias mercadológicas y de los dividendos comerciales (entradas flojas a los estadios, bajones de raiting, retirada de anunciantes, notas negativas en la prensa, etcétera), es muy probable que si lo despidan (claro, si él antes no renuncia). Como míticamente le sucede a todos los canes, ahora los dueños de la industria mexicana del futbol-espectáculo (es decir, los empresarios, las televisoras y los patrocinadores y anunciantes de quien dependen) tendrán tan solo 15 días para abrir los ojos y decidir si mantienen en el mercado a este soberbio "producto" que a finales del 2006 consideraron apto e ideal para dirigir los rentables destinos futbolísticos de la selección, o si de plano, reconociendo su fecha de caducidad y cantándole las golondrinas, aceptan públicamente que se les echó a perder antes de tiempo.Opina de esta columna aquí.

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