El jugador del partido: un espejismo

A pesar de que el futbol es, en esencia, un deporte relativamente simple (de ahí su belleza y eficacia cultural), desde que legítimamente se hizo de él un espectáculo y un jugoso negocio, sin que...

A pesar de que el futbol es, en esencia, un deporte relativamente simple (de ahí su belleza y eficacia cultural), desde que legítimamente se hizo de él un espectáculo y un jugoso negocio, sin que cambiaran mucho sus 17 reglas se la han ido agregando una serie cosas.  Es un animal al que en definitiva se le han agregado adornos para su mejor venta. Como sucede en muchas otras industrias del entretenimiento (el circo quizá es el mejor ejemplo de esto), el Futbol-espectáculo de nuestros días es un ámbito donde constantemente se realizan "innovaciones" para hacer más atractivos y rentables los partidos y las transmisiones. Son dos los grandes grupos en los que se pueden dividir la mayor parte de las "innovaciones": el primer grupo está constituido por aquellas innovaciones que desde mí punto de vista han mejorado o potenciado el espectáculo (ya sea dentro del estadio o en la televisión)  y el segundo por aquellas innovaciones que paradójicamente han entorpecido su gozo o apreciación. A nivel de la experiencia dentro del estadio, entre muchas otras, en el primer grupo de "innovaciones" se encuentran las repeticiones casi instantáneas de las mejores jugadas en las mega-pantallas, las coreografías y los cánticos de las barras, la surrealista incorporación de las mascotas de los equipos, el suculento despliegue de las porristas y edecanes, los concursos y espectáculos del medio tiempo, la temible aparición del carrito de las desgracias, la indicación del tiempo de reposición por parte del árbitro suplente, etcétera. Mientras que a nivel de la experiencia de consumo televisivo, entre las grandes innovaciones que han mejorado el espectáculo, tenemos: las tomas desde ángulos insospechados, los enlaces en vivo a diferentes puntos del estadio, las imágenes que vomitan las cámaras de última tecnología, la fiel reproducción de los sonidos que se emiten desde las gradas y el campo, las curiosas entrevistas al finalizar el encuentro, la participación en votaciones o concursos por vía telefónica, los softwares que con la nitidez de un videojuego permiten a posterior el análisis a detalle de cada jugada, etcétera. En el segundo grupo (en el de las innovaciones por decirlo así más nocivas), además de las menciones y de los -odiosos pero inevitables- comerciales que interrumpen la contemplación de un gol, una dolorosa lesión o una gran atajada; yo incluiría especialmente la invención del denominado "jugador del partido".¿En futbol realmente se puede declarar de manera tajante y "objetiva" la existencia de un "jugador del partido"? Aunque es algo que de manera mecánica e irreflexiva se viene realizando desde hace algunos años en torneos internacionales y locales, es importante afirmar que por supuesto que no. A pesar de que es un tema que sirve para animar las conversaciones, desde luego que no es justo que cada encuentro se designe así al futbolista más "visible" del partido. ¿Se imaginan un equipo donde todos los participantes egoístamente quieran ser el "mejor jugador del partido", el más visible?Más allá de su valor emocional o estético, ¿con qué criterios se puede afirmar que un gol tiene más valor que una atajada, que un disparo de media distancia vale más que un buen saque, que un despeje preciso es menos importante que un pase a gol, que un cabezazo defensivo es menos relevante que un tiro de esquina? ¿Quién tiene la autoridad y la objetividad necesaria para decidirlo?, ¿los cronistas, los periodistas, los técnicos, los propios jugadores, el público o los anunciantes y patrocinadores?Si aceptamos que el futbol-espectáculo es el reino de la subjetividad (un deporte cuya naturaleza hermenéutica produce un sin fin de opiniones e interpretaciones, toda ellas igual de personales y válidas), lo primero que habría que reconocer es que la designación del "jugador del partido" siempre es un acto arbitrario que tiene que ver más con el color de la  camiseta, los gustos particulares o el poder de quién lo decide así, que con su capacidad para evaluar con justicia el desempeño de todos los jugadores que pisaron la cancha.Efectivamente, en el futbol hay héroes y existen jugadores cuya espontaneidad, suerte, genialidad o coraje cambian el rumbo de los partidos y deciden campeonatos, pero de eso a que existan jugadores que por una o varias jugadas arbitrariamente sean designados (en detrimento del resto de sus compañeros) como los jugadores del partido, hay un gran trecho. ¿Por qué? Porque tratándose de una danza guerrera y un juego azaroso por antonomasia, el futbol –el motor de once imaginaciones- es un deporte colectivo donde el genio individual florece pero en el que bien mirado nunca es tan determinante cómo parece. Juego de conjunto, el futbol es un deporte donde por el tamaño del campo las individualidades solo aparecen por destellos, de tal forma que lo que allí brilla son las jugadas en las que siempre son varios los que intervienen y no solo un jugador y su arte exclusivo. Claro, el balompié profesional es un deporte donde casi siempre brillan los que meten o paran goles, pero en el que también ambas acciones solo se logran gracias a la cooperación de los otros miembros del equipo.Verdadero espejismo mediático, la idea de declarar el "jugador del partido" (ese chivo expiatorio que todos los reporteros quieren entrevistar al final del partido) es un estorbo que no ayuda a los espectadores a apreciar la belleza del futbol, esto es, su capacidad para organizar colectivamente el trabajo como una orquesta donde todos contribuyen con su cuota de sonido. Se trata más bien de un artilugio mercadológico para anunciar algún producto o marca, una estrategia debajo de la cual se esconde una concepción específica del futbol y del deporte en general: la concepción norteamericana del deporte-espectáculo, la concepción que defiende el individualismo (que no el colectivismo) como su valor máximo. Inventado por los norteamericanos (los creadores de la industria del deporte-espectáculo moderno) y creada específicamente para referirse a las actuaciones de basquetbolistas, jugadores de futbol americano y beisbolistas, la denominación del "jugador del partido" es una engañosa innovación que a-críticamente se "importó" de las transmisiones deportivas gringas a las transmisiones locales -televisivas y radiofónicas- del futbol. Se trata de una innovación quizá imperceptible y que tal vez a muchos no preocupe o llame la atención, pero que corre el riesgo de convertirse –por vía de la pura repetición mecánica- en una engañosa tradición. Sí, en todo juego hay figuras más destacadas que otras, a veces hay héroes y hasta hazañas inolvidables, hay "jugadas claves", grandes destellos o genialidades, pero nunca un  "jugador del partido": ese es solo un gran fantasma.Opina de esta columna aquí.

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