Premeditación

El sábado pasado, el portero Oswaldo Sánchez fue expulsado en menos de un minuto, provocando con esto una ola de críticas y acusaciones al árbitro Germán Arredondo, que ya a lo largo de los...

El sábado pasado, el portero Oswaldo Sánchez fue expulsado en menos de un minuto, provocando con esto una ola de críticas y acusaciones al árbitro Germán Arredondo, que ya a lo largo de los minutos había dejado que desear; al suscitarse la doble amonestación, inmediatamente, en más de una mente, se llegó a pensar que dicha decisión fue tomada con premeditación y con todo el dolo e intención de afectar al equipo rojiblanco en su próximo partido que obra de la casualidad calendarica resulta ser el América.

Antes de emitir un juicio a favor de alguna de las partes involucradas y de manera imparcial, debemos tener en cuenta que el portero tapatío nunca ha tenido problemas con los árbitros en cuanto a cuestión de reclamos o insultos, sabemos que es un jugador que vive plenamente los partidos, siempre alejado de la polémica hasta en sus modos de llegar a discutir una jugada difícil con el obvio resultado de que dicha acción haya sido marcada en su contra; como capitán del Guadalajara, ha sabido llevar y controlar al resto de los compañeros, amén de su magnífico desempeño en la cancha, que le ha servido a las Chivas para evitar derrotas o más goles en contra.

Como se había citado en un comentario anterior sobre una revisión a las reglas del juego, es aquí donde nuevamente la falta de una actualización en las mismas así como la tecnología insuficiente de más cámaras o el uso de micrófonos tanto para el árbitro como de ambiente nos arrojan a una nueva polémica para poder discernir en que pasó realmente para que Sánchez haya sido expulsado de una manera sumamente rigorista; hasta ahora, no se puede afirmar que hay o había un plan para disminuir al plantel en vísperas de el partido más importante para ellos en cuanto a cuestión de rivalidad e historia y, peor aún, en la recta final del torneo, en la que ya sabemos que cualquier resultado puede mover todo.

No se pretende defender al portero ni de poner en plan de villano al árbitro, pero hay que tener sentido común en las actuaciones del capitán chiva como para que sea expulsado en un partido que si bien fue intenso no tenía las características de un juego de alto riesgo para que el colegiado se pusiera traje de protagonista y llegara a las decisiones que ahora encienden más el fuego para un partido de inmensa rivalidad.

¿De que forma se mide el comportamiento o supuestas indisciplinas de los jugadores cuando se trata de sacar ventaja en un partido? ¿Qué es lo que realmente se dicen el árbitro y el futbolista en la cancha que al término de las hostilidades se declaran que uno al otro se insultaron? ¿Por qué en Europa no suceden este tipo de cosas? ¿Será necesario un cronometrador oficial en el campo para evitar las supuestas pérdidas de tiempo? ¿Esa actitud grandilocuente y todopoderosa de los árbitros mexicanos de donde la sacan y a que jugadores se la aplican? ¿Le tocará arbitrar al señor Arredondo la próxima semana?

La semana anterior hablábamos de que el arbitraje es una actividad propensa a errores humanos o de apreciación, pero una actitud así deja mucho que pensar y pone en evidencia la crisis arbitral que, así como luce, no es nada promisoria para un mayor desarrollo del futbol mexicano en el futuro. Esperemos que las cosas cambien y no se caiga otra vez en estas cuestiones sea para el equipo que sea.

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