Darle vida al cemento

Un estadio no sólo es un montón de cemento. Para hacer uno se necesita mucho más que esfuerzo y dinero. Para que funcione se requiere más que boletos en una taquilla.

Un estadio no sólo es un montón de cemento. Para hacer uno se necesita mucho más que esfuerzo y dinero. Para que funcione se requiere más que boletos en una taquilla, y para que la gente regrese a darle vida, se necesita mucho más que un vender camisetas y dar cerveza gratis.

Un estadio requiere una cara, un alma, una esencia y una pasión. Para aventarse a la osadía de construirlo hay que estar dispuesto a dejar algo de ti en él, a sentirlo, a imaginar como sería cantar un gol en el lugar de tus sueños. Para mantenerlo necesitas que muchas vidas se conviertan en su alma, tienes que lograr que miles de personas decidan ser las células de un organismo que funcionará con su energía.

Tener un nombre, un escudo y una playera no garantiza nada. Debes poseer algo más, debes pertenecer a algo. Debes ser capaz de unir a jugadores, técnicos, trabajadores y afición, a tener familias que ofrenden su tiempo y su alegría en pos de la existencia de ese coloso que a cambio los cobija. Y entonces sí, lo que era cemento se convertirá en "estadio", soñará los sueños de aquellos a los que alberga y tal vez, sólo tal vez, alguna vez logre realizárselos.

Un estadio de futbol es un templo en el sentido más puro de la palabra, donde se rinde culto a algo que conforman muchos. Es ese lugar donde los dioses son ídolos de carne y hueso, donde se le reza al que, sin la capacidad de patear un balón, podría ser para nosotros el más insignificante de los seres. Es donde pasan cosas que se recuerdan por siempre.

Un estadio de futbol se vuelve un poco tú, o yo o cualquiera de los que hemos soñado en él. Uno de esos espacios que probablemente será un templo, vivirá este miércoles su primer partido de futbol. El silbatazo inicial lo imagino como poner a funcionar un corazón, como un acto de concepción en el que comienza a latir un balón que alimentará de alegría a miles de células que a su vez le darán vida. No me imagino lo que significa ver un sueño así convertido en realidad. Pero sé que la Directiva de Santos, su joven Presidente, y todos los "locos" que hicieron realidad su "templo perfecto", tendrán lágrimas de alegría en los ojos este miércoles cuando comience a vivir el TSM.

Aún no conozco el coloso físicamente, pero lo haré en unas horas. Nunca he estado en un primer juego de un estadio de futbol, pero sé que será algo inolvidable. Sé que tal vez el dinero no fue fácil de conseguir en medio de la crisis, imagino que la ardua labor de construcción requirió de esfuerzos loables y extraordinarios. Pero pese a todo, falta lo más difícil, lograr que todos sus asistentes decidan vertir sus sueños sobre esa estructura reluciente y decidan darle vida. Muchas felicidades a todos los que se sienten parte del Club Santos. Que nazca sano, fuerte y con buena estrella.

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Por hoy me despido. No olviden que mi correo, wgonzalez@mediotiempo.com, está abierto para recibir todos sus comentarios. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda. Muchas gracias a todos por hacernos grandes y por darnos una Jornada Doble de históricas visitas. Walter González Editor General

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