Ese frío en mi interior

Era inevitable... El silbatazo final venía a confirmar la eliminación que se había pactado desde semanas atrás. Podía descifrar el murmullo de la gente, saber que todos se despedían entrañablemente...

Era inevitable... El silbatazo final venía a confirmar la eliminación que se había pactado desde semanas atrás. Podía descifrar el murmullo de la gente, saber que todos se despedían entrañablemente en las tribunas, ya sin el pesar de una derrota, más bien con la esperanza de una nueva temporada después de las fiestas, y portando una sonrisa sin gloria, sin egolatría, sin vergüenza... simplemente una sonrisa. No sé por qué, pero siempre que se acaba un torneo y salgo del vestidor, me asomo a ver la tribuna que hibernará por semanas y algo se aplasta dentro de mí; es como si el frío naciera de mi interior, es una sensación de escozor en mis entrañas que me hace imaginar como solución a mi mano rascando dentro de mis pulmones, de mi pecho. Hoy es un día así, dejo el eterno olor a pomada y loción cara del vestidor y camino hacia la tribuna fría. La gente piensa que por ser profesional ya no te acuerdas de esas cosas que pudieron cambiar la historia. A veces creen que por traer una playera A/X y unos tenis muy caros que hace tiempo no tienes que pagar, ya no te asalta esa ansiedad de que pudiste cambiar las cosas, como en la cáscara, como en la escuela, como en el llano cuando durante semanas duermes pensando "si la hubiera cruzado...". La cosa es igual cuando juegas en Primera, el coraje y la necesidad de ganar no se borran con dinero, ni con esa pseudofama que rodea como aura inevitable a todos los que pudimos bajar de las tribunas a la cancha y vivir de esto. Sigue doliendo aquella Jornada 1 cuando la volaste, aquél recorrido que no hiciste y aunque nadie en la tribuna o en la tele lo notó, tú, tus compañeros y tu técnico, saben que ese gol se debió evitar si hubieras cerrado tal como se entrena cincuenta veces en la semana. ¡Cómo se atormentan cuando alguien falla un mano a mano! Pero el futbol está lleno de un fino tejido de aciertos y errores, y los que más virtud o más gravedad tienen, casi siempre son los que preceden a la jugada grande, al golazo o al osote. Aquél tiro libre en el que el portero te dio el espacio y tú no pudiste pasar la barrera, aquél pase que no diste, esa necedad de recortar a tu perfil malo o la estupidez de siempre barrerte antes de tiempo. Esas cosas se siguen agolpando en tu mente antes de dormir, igual que recuerdas los golazos, los pases filtrados que se encuentran en el punto exacto con el pie del compañero, o la barrida con timing exacto. El futbol se agolpa antes de dormir, no sé por qué razón, pero me gusta imaginar que es porque este jueguito es tan real y tan cerca de un sueño como tu cabeza al tocar la almohada. Y ahora, justo antes de dejar el estadio por última vez en la temporada, esas cosas llegan como cascada. Las buenas, las malas, las cotidianas, ese extraño equilibrio que hace el futbol inolvidable e inevitable. Y ya lo extrañas, y ya lo añoras, y ya cuentas los días para volver a meterte en ese estado de abstracción total que provoca el jugar futbol. Camino por el túnel, subo al auto y me pierdo al entrar al tráfico de las 4 de la tarde, dispuesto a volver siempre, o al menos hasta que la muerte o las rodillas nos separen.

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La noticia llegó a la Redacción de Medio Tiempo de golpe, como una cachetada al terminar el día. Era tan inverosímil que no bastaba sólo una confirmación, pero luego de buscar por todas las vías que alguien nos dijera que era sólo un rumor sin fundamento, nos dimos cuenta que era verdad, que Antonio de Nigris había muerto. Aún recuerdo cómo grité su gol contra Brasil en el Jalisco, cómo me impresionaba lo potente que podía prender la pelota siendo un rematador de cabeza. Recuerdo cuando, apenas contratadito por América, tuvo el atrevimiento de irse a España con sólo tres partidos jugados. Me acuerdo que Hugo lo llevó a Pumas, y que de repente no le gustó estarse quieto. Lo recuerdo disfrutando lo que hacía. Yo no era amigo del "Tano", pero no entiendo cómo es que pasó lo que pasó y lamento mucho que alguien tan joven y con tantas ganas de vivir tuviera que dejar de hacerlo. Es curioso pero se siente que falta a pesar de que su último gol en la Primera División lo festejó con Pumas en el 2005 y después, prácticamente no pudimos volverlo a ver jugar en un club por la distancia que puso de por medio.

Quiero recordar al "Tano" tal cual lo muestra Medio Tiempo, sonriendo sincero, con los ojos siempre viendo hacia un sueño, y con el gesto y la franqueza que sólo surgen de la satisfacción de poder hacer lo que más te gusta. Mi más sentido pésame a todos los seres queridos de Antonio de Nigris.

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Por hoy me despido. Les recuerdo que mi correo, wgonzalez@mediotiempo.com, está siempre a sus órdenes para recibir todos sus comentarios con emoción y respeto. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda. Muchas gracias a todos por hacernos grandes. Walter González Editor General

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