Un Tri invicto

Una causa, esa es la gran diferencia. Cuando se tiene algo que defender, algo a lo que se pertenece, en ese momento se puede empezar a dar más de lo que la lógica diría, y en el caso del deporte...

Una causa, esa es la gran diferencia. Cuando se tiene algo que defender, algo a lo que se pertenece, en ese momento se puede empezar a dar más de lo que la lógica diría, y en el caso del deporte, específicamente del futbol, es cuando se gestan la grandes hazañas que marcan el juego, es cuando un equipo deja de ser un resultado y se convierte en un símbolo dentro de la historia y evolución de una sociedad.

Eso es lo que cuenta "Invictus", una película que sirve de prólogo para el Mundial y que cuenta una de las historias más impresionantes del deporte. Pero sobre todo, nos narra el inconcebible proceso de reunificación que emprendió Mandela en Sudáfrica cuando tomó el poder gracias a la primera elección democrática de ese país.

La pregunta más importante del filme es, cómo un hombre que estuvo 27 años encerrado en una celda de tres por tres debido a cuestiones políticas y obligado a picar piedra -literalmente- como parte de su sentencia, fue capaz de perdonar a aquellos que lo encarcelaron, al momento de convertirse en el primer Presidente votado en ese país. La historia gira en torno a esa pregunta y busca la respuesta en el rugby, un deporte que marcaba las clases sociales y que era símbolo del Apartheid, la última gran organización oficial que se sustentaba en el racismo.

Invictus es una película que hay que ver. Si te gusta el deporte y si te gusta el futbol, con mayor razón. Nos muestra un poco de Sudáfrica, nos quita de la cabeza es imagen de foto de safari que es inevitable tener como estigma de ese país africano, pero también nos confirma la pobreza y la marginación que sufre, además de recordarnos que el racismo como sistema de gobierno, que la colonización y opresión aceptadas oficialmente, aún existían en la sede de la Copa del Mundo hace apenas 30 años.

Lo que realmente me quedó muy claro es que todos necesitamos una causa, todos necesitamos saber qué estamos defendiendo, a quiénes estamos representando y qué significan los colores que portamos para la gente real, más allá de la "definición oficial" que está en los libros. Y así como Sudáfrica lo tiene perfectamente identificado por lo reciente de sus heridas, la Selección Mexicana debe lograr hacer conciencia de ello, debe sentir qué significa cada centímetro de la playera que lleva puesta, debe entender que el vestirse para jugar representa mucho más que ser parte de un equipo deportivo.

Eso no se enseña en ningún lado, eso hay que sentirlo, hay que saber dónde vives, para quién juegas, a quién defiendes.

Ahora estoy convencido. Si la Selección Mexicana quiere ganar a Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial, debe jugar un gran futbol, pero también, debe querer ser algo más que un equipo de futbol. El chiste no es caer en un patrioterismo barato, la idea no está en cantar México Lindo y Querido con un tequila en la mano. Hay que sentirse parte de algo, hay que ser un personaje dentro de una historia que van a querer contar, hay que ver más allá de nuestras narices. Hay que hacer las cosas con la pasión, convicción, firmeza e inteligencia que tuvo un hombre para aguantar 27 años de la peor tortura psicológica y seguir siendo libre en su interior... Y eso, no es un juego.

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La noticia del asalto a Salvador Cabañas nos despertó como un fuerte golpe, por ahora no hay nada más que decir, sólo desear que Chava se recupere de esta lamentable situación. ¡Venga Salvador!

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Por hoy me despido. Les recuerdo que mi correro, wgonzalez@mediotiempo.com, está abierto para recibir sus comentarios con total alegría y respeto. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda.

Muchas gracaias a todos por hacernos grandes.

Walter González Editor General

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