La traición naranja

Las formas deben estar por encima de todas las cosas para un equipo que vende eso precisamente, "forma".

Las formas deben estar por encima de todas las cosas para un equipo que vende eso precisamente, “forma”. Holanda, luego de rediseñar el balompié en los años setentas creando el concepto de "futbol total", ganándose la admiración del mundo, tal vez no logró levantar la Copa en las Finales de 1974 y 1978, pero sí consiguió enamorar a todos con ese estilo de juego entonces revolucionario y efectivo.

A partir de ahí, el equipo naranja desarrolló una escuela, un método y lo vendió al mundo. La Federación Holandesa convirtió los conceptos en un manual y los ofrece a todo aquél que quiera conocer cómo se forma un "estilo de juego", y tenga la infraestructura para ponerlo en práctica, la seriedad para respetarlo y el dinero para pagarlo.

Si tú así lo deseas, puedes contratar "maestros" para que compartan el método holandés y así adaptarlo a tus necesidades en cualquier club profesional. O si eres un Director Técnico, puedes tomar el curso de entrenador que se ofrece en varias ciudades europeas y aprender la forma de trabajar que tienen. Y es que la escuela de La Naranja Mecánica va más allá de una Selección. Ellos establecen claramente los tiempos que se deben seguir en cada una de las edades del proceso del futbolista desde su niñez hasta su madurez, y como unificar un estilo de juego.

Es la mejor manera de enseñar y desarrollar el futbol, generando tus propios jugadores que prácticamente "maman" desde la lactancia futbolera el estilo que van a aplicar en el Primer Equipo, con técnicos igual o mejores que los del nivel profesional, infraestructura y cuidados de gran nivel y una educación integral que prepara para el profesionalismo globalizado. Es la escuela que han seguido el Barcelona, el Arsenal y muchos clubes alrededor del mundo.

Por eso, lo que hizo la Selección de Holanda en la Final de la Copa del Mundo fue una alta traición al futbol, que si bien no les había dado Copas, si les dio en custodia una especie de "libro de los secretos". Digamos que les encargó el trabajo de ser los voceros de "cómo" jugar bien este deporte y ellos aceptaron la responsabilidad y la hicieron su modus vivendi.

Ensuciar todas las jugadas y buscar que el balón esté parado el mayor tiempo posible, cuando llevas toda tu historia moderna pugnando porque en el futbol se respete el toque y el traslado de pelota, es escupir para arriba. Establecer como sistema la presión psicológica al árbitro, reclamando las jugadas tan airadamente cono si fuera un robo en despoblado, y usar los zapatos de juego como armas de guerra, es algo equivalente a patear en la entrepierna a Johan Cruyff y pisotear tu historia con desprecio.

Y no es jugar defensivo u ofensivo, ese es un derecho que todos tienen y simplemente responde a gustos, genética, generaciones y necesidades. De lo que estamos hablando es de bases, de coherencia y de evitar la hipocresía.

Porque hay que intentarlo. Hay que trabajar para respetar tu estilo, cualquiera que sea y bajo cualquier circunstancia. En un equipo nacional se requiere forzosamente una identidad que refleje tus valores y tus condiciones. No importa si eres de elaboración o vertical, si te cargas hacia atrás o hacia delante, si te gusta tocar mucho o resumir, el chiste es que intentes hacerlo lo mejor posible y sobre todo, que defiendas siempre tu idea.

Y me da gusto por España, no porque tenga una afición hacia ellos o porque haya alguna relación en mi pasado con la llamada Madre Patria; de hecho, no soy de comprarme la playera de otras Selecciones ni de apoyar a alguien cuando han eliminado a México.

Me da gusto porque si bien La Furia no siempre da unos partidazos, de unos años para acá decidieron emprender una lucha por su estilo, trabajaron con continuidad más allá del técnico y respetaron un proceso del grupo de jugadores jóvenes que tuvieron la suerte de foguearse en ligas muy competitivas.

En la Final, España se casó con su idea. Le saliera o no, decidió aferrarse a sus características y acabó cosechando premio. Pudo perder el partido por eso mismo, cuando mantuvo la defensa adelantada al medio campo a pesar que Holanda los cazaba a la contra. Pudo acabar en la lona porque en el mano a mano, Puyol iba a perder casi todas, pero no cambió su estilo. También pegó y también el árbitro se equivocó a su favor como lo hizo en su contra, pero siempre jugaron a lo que saben, siempre intentaron imponer su forma.

Quiero confesar que antes de iniciar el Mundial, Holanda era uno de mis equipos marcados como favoritos. Por su juventud, por la velocidad, por ese jugar como de puntitas y porque la historia les debía un golpe de fortuna. Después del juego contra Brasil, donde confundieron y eliminaron al Penta con el mismo cochinero que hicieron ante España, ahí me acabé de convencer que esa Holanda no iba a dar el estirón que esperaba, y en contraparte, estaba traicionándose sin remedio.

La Final fue el colmo. El juego pude verlo en el Soccer City y tenía mucha prensa y afición neutral, pero con el correr de los minutos, comenzó a ser más que molesto lo que estaba pasado y cuando Iniesta mandó la pelota a las redes, todos los neutrales habían escogido muchos minutos atrás sus preferencias.

Lástima por sus aficionados, que son un auténtico deleite por su orden, sus espectaculares disfraces y aditamentos, la belleza de sus mujeres y su alegría, pero esta Holanda, se ha traicionado a sí misma…

Ha traicionado al futbol. Por hoy me despido, no sin antes recordarles mi correo wgonzalez@mediotiempo.net que recibirá todos sus comentarios con alegría y respeto. Nos vemos el próximo lunes o antes si el futbol nos lo demanda.

Muchas gracias a todos por hacernos grandes y por su confianza en esta gran cobertura mundialista. Estaremos aún un par de días en Sudáfrica para llevarles los últimos detalles de este Mundial irreverente, sorprendente y entrañable.

Walter González Editor General

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