La leyenda del "Pirata" Fuente (Epílogo)

Cuando el profesionalismo llegó al futbol mexicano, Luis de la Fuente era ya una estrella refulgente; campeón con el equipo Marte en el 42-43, es reclamado por su “patria chica”. Cuentan que el...

Cuando el profesionalismo llegó al futbol mexicano, Luis de la Fuente era ya una estrella refulgente; campeón con el equipo Marte en el 42-43, es reclamado por su “patria chica”. Cuentan que el entonces Presidente Municipal, Santos Pérez Abascal lo llamó para decirle que formara parte del Veracruz, que se encontraba en plena gestación: “Ya hiciste lo que quisiste, jugaste donde se te dio la gana, ¿por qué no  juegas con el equipo de la tierra que te vio nacer?” Para Luis fue suficiente esta súplica y firmó con el equipo de Veracruz, donde jugó durante siete años, aunque muchos historiadores presumen que “jugó 11 temporadas con los Tiburones”. Para empezar, “El Pirata” juega con Veracruz hasta la temporada 49-50 cuando deja al equipo y este desciende en la siguiente a Segunda División, donde nunca jugó; es hasta 1954  cuando se retira definitivamente en un partido homenaje; además, Manuel Seyde todavía no bautizaba con el mote de “Tiburones Rojos” al Veracruz.

Las hazañas de Luis a lo largo y ancho del país eran reconocidas por propios y extraños: en Veracruz era un verdadero ídolo, que nunca tuvo por costumbre valerse de los medios para que se hablara de él; hubo  jugadores como el crack argentino “Charro” Moreno, que visitaba el Puerto o la Ciudad de México para ver jugar a su amigo, a quien calificaba como el mejor jugador de Latinoamérica. Logró dos campeonatos de  Liga y uno de Copa; era un deleite para los aficionados de la época que quedaban maravillados de su elegancia para jugar, de su contundencia al rematar y de sus increíbles saltos sobre las manos de los porteros. Después del último campeonato de Veracruz  decide tomar un descanso; con 36 años de edad se dedica a la bohemia y es hasta el 13 de junio de 1954 en la Ciudad de los Deportes, cuando recibe una despedida monumental de los equipos Atlante y Veracruz, así como de miles de aficionados que abarrotaron las tribunas.

Aquel hombre recio, duro, de hierro, fue derrotado por el sentimiento y derramó lágrimas al centro de la cancha, conmovido por el gran cariño que le tenía la familia futbolera. Pronto buscó su propio espacio, alejándose de las cámaras; le disgustaba que le hicieran hablar de él y no soportaba la adulación. Desaparecido el Club Veracruz, buscó el apoyo de su gran amigo Dn. Nemesio Díez, quien le ayudó a que los ahora sí Tiburones Rojos regresaran a la Segunda  División. Luis fue nombrado director técnico y en cada plaza donde se presentaba, era homenajeado por la afición. Alternamente, lo nombraron “Caballero Corona” y se le dio la concesión de un bar en Los Portales de Veracruz. De ahí salían los viáticos para el equipo y sus hijos conservan los vales que él mismo depositaba para sufragar los gastos de su querido equipo.

Aficionado a la bebida, al buen comer y distanciado de los médicos, pronto resintió las consecuencias. Una arteroesclerósis amenazó con quitarle una pierna. Luis negó la operación aduciendo que nunca parecería un pirata verdadero, pero que pudo alargarle la vida. Finalmente, el 28 de mayo de 1972, su corazón no resistió más y un paro cardíaco terminó con su vida, en el Centro Médico de la capital mexicana. El médico que practicó la necropsia, italiano de nacimiento, comentó que el corazón de Luis de la Fuente era el más grande que había visto en su carrera de doctor y que esa pudo haber sido la razón de su fortaleza y sus descomunales saltos “en el aire”. El duelo en el Puerto fue impresionante y la afición exigió que el Estadio llevara el nombre de su ídolo, siendo a la fecha, el único con esta característica en nuestro futbol.

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