Martín del Palacio

De futbol, no sabemos nada (Parte 2)

Jueves 18 de Julio del 2013



Hacía mucho que en el futbol no se vivía un fenómeno como el del Barcelona entre 2008 y 2010. Como hicieran el Ajax o el Milan en su momento, los blaugrana revolucionaron al balompié, dentro y fuera de la cancha. Su estilo se convirtió en un ejemplo a seguir e incluso fueron capaces de revertir la tendencia que indicaba que el juego se había convertido en parcela de los futbolistas altos y fuertes.

Más allá del terreno de juego, el club transpiraba perfección. Era una familia modelo, con jugadores de la cantera, que no salían de fiesta, directivos que no robaban y un entrenador que enseñaba con gentileza y no se metía en polémica. Se escribieron odas y libros enteros. Los poetas del futbol gastaron ríos de tinta en sus versos. Y, cuando llegó José Mourinho al Real Madrid, la sensación quedó aún más reafirmada. El Barça era el protagonista de la película, que sale avante por su valor e integridad, mientras que los merengues eran los villanos, cuyas fechorías eran siempre castigadas al final.

Ahora sabemos que no era así. Que el Barça era una especie de castillo de naipes, con muchísimos problemas internos, que se tapaban para dar una mejor cara al público, y una vez que se abrió la Caja de Pandora, los demonios se han decidido a salir, con intensidad inusitada.

El último intercambio de críticas entre Pep y Tito Vilanova, traiciona todo ese ejemplo de “valores” que el equipo quiso mostrar. Fueron ataques personales en conferencias de prensa, golpes bajos y respuestas aún más duras. Y no son los únicos. Entre los escándalos de los directivos, pasados y presentes, las salidas nocturnas de algunos jugadores, las malas operaciones financieras y un declive a nivel europeo, está claro que el equipo catalán está formado por seres humanos, al fin y al cabo.

Por supuesto, todo este vodevil nos tomó por sorpresa. Como el futbol es pasión, los aficionados tendemos a idealizar a los protagonistas, para bien o para mal. Pero, el problema es que, como todo en la vida, el blanco no era tan blanco y el negro tampoco tanto. Quienes no estamos dentro de los vestidores, por más que trabajemos en esto, sólo tenemos una verdad parcial, en el mejor de los casos y, en general, la verdad es que no tenemos ni la más remota idea de lo que pasa dentro de un club.

Hace poco terminé de leer un libro que se llama “I am the Secret Footballer” (“Soy el futbolista secreto”), cuyo autor es un jugador inglés, que permanece en el anonimato, pero que ha ganado una enorme reputación en su país porque escribe una columna semanal en The Guardian, en la que detalla las situaciones por las que pasan los futbolistas, que normalmente están completamente ocultas al gran público.

La verdad es que el libro es interesantísimo, precisamente porque muestra ese desconocimiento del aficionado y periodista en general. Muchas veces, creemos que un jugador es fiestero y el otro un santo, pero es completamente lo opuesto. Otras, pensamos que un futbolista es un ejemplo de limpieza y profesionalismo, pero en realidad se la pasa insultando a los jugadores en los partidos. Algunas más sospechamos que dos jugadores se detestan, cuando en la práctica salen a cenar con sus familias. En resumen, no tenemos idea.

Pero, además, hay otra cosa, en el futbol TODO EL MUNDO MIENTE. Desde los entrenadores, cuando dicen que no es interesa tal futbolista, o que no hay problemas en su equipo, hasta los propios jugadores, que señalan que nunca saldrán de su equipo cuando ya tienen pie y medio en el archirrival, pasando por los dueños, que aseguran que la afición es lo más importante cuando todos sabemos que es el bolsillo. No digo que esté bien o esté mal, a veces es necesario y otras desmedido, pero lo que sí debe quedar claro es que, lo que escuchamos y leemos sobre nuestros clubes y nuestros ídolos está compuesto por muchísimo de fantasía, un poco de verdad y algo más de conjetura.

Me parece que la lección que debe sacarse de lo del Barça (y que yo saqué del libro), es que hay que tener mucho más cuidado al juzgar y tratar de evitar esas admiraciones y odios desmedidos por situaciones fuera del campo. En primer lugar porque cuando lo hacemos, es siempre con información parcial y muy comúnmente errónea, pero también porque al hacerlo estamos poniendo la mesa para comernos un plato de decepción bien frío. Los futbolistas no sólo son humanos como nosotros, sino jóvenes de veintitantos años con muchísimo dinero. No podemos pretender que actúen como queremos cada vez, porque simplemente no lo van a hacer. Para ellos, el aficionado es parte del juego, pero sus decisiones siguen el proceso las de cualquier otro muchacho de su edad en sus circunstancias, no el de quien se sienta en una tribuna o en un sillón al otro lado del mundo.

¡Ah! Y que también sirva para aquellos ‘sabelotodos’ que se la pasan con teorías de la conspiración, o diciendo que conocen al tío del primo de tal jugador, o que siempre tienen una explicación ‘oscura’ para el bajo rendimiento de un futbolista. Señores, lamento decirles que de futbol, no saben nada… como todos los que no estamos en un vestidor, en una banca o en el terreno de juego.

Como siempre, los invito a comentar en el mail de arriba, la sección de abajo o en www.twitter.com/martindelp



Nota: Las columnas que se presentan en la sección Editorial de mediotiempo.com, son responsabilidad única de sus autores y no reflejan necesariamente la opinión periodística de Medio Tiempo.

Comentarios