¡Cuidado! venezolanos al volante

Es un mal venezolano, no es una condición que se apegue únicamente a la capital del país como casi siempre sucede, pues en las capitales es en donde cada vez más el tráfico es desquiciante e...
 Es un mal venezolano, no es una condición que se apegue únicamente a la capital del país como casi siempre sucede, pues en las capitales es en donde cada vez más el tráfico es desquiciante e incontenible por muchas ocasiones, y con ello, los conductores h

José Anguiano | MEDIOTIEMPO (Enviado)Puerto La Cruz, Venezuela. 30 de Junio de 2007

  • No hay preferencias

Es un mal venezolano, no es una condición que se apegue únicamente a la capital del país como casi siempre sucede, pues en las capitales es en donde cada vez más el tráfico es desquiciante e incontenible por muchas ocasiones, y con ello, los conductores hacen cualquier peripecia dentro y fuera de la ley por poder salir avante de los embotellamientos.

Sin embargo, en Venezuela la gente maneja como Dios les da a entender. Esto es una verdadera anarquía, pues en muchas ocasiones los automovilistas hacen lo que mejor les parezca, y en gran ocasión ante las miradas inmóviles de los soldados del ejército, que en las plazas de la copa hay por las calles centenares de ellos.

Se pasan los altos, no respetan los señalamientos, se meten en sentido contrario para no ir a buscar el retorno y dar la vuelta como debe ser, y muchas otras faltas a los reglamentos de tránsito, aunque, en este caso, quien sabe como sea dicha reglamentación, porque hay cosas que en México operan normalmente y que acá ni las conocen.

-¿Acá no tienes tú la preferencia?, le pregunto a un taxista.- "¿Preferencia?, no, acá no hay preferencias para nadie, es la ley de la selva, pana", responde el hombre al volante, parado en su automóvil sobre el Paseo Colón, observando como se le meten en el camino los que quieren cruzar e incorporarse a dicha avenida.

En otro crucero, Pedro, ruletero que se convirtió casi casi en el taxista oficial de una de las tantas delegaciones mexicanas, se acerca a un crucero que le marca el alto, se detiene un poco, nunca hace alto total, observa el panorama y sigue su camino.

-¿Así se pasan siempre los altos?, nuevamente el cuestionamiento.- "Claro, pana. Lo que pasa es que si me paro, corre el riesgo de que salga alguien y me baje del carro a punta de pistola".

Miro alrededor y no hay un alma por la Avenida Américo Vespucio, sólo se ven más taxis que llevan a turistas de regreso a sus hoteles, o en búsqueda de pasajeros, pero nunca algún tipo con pinta de delincuente.

Tal vez ya es parte de su cultura, sus costumbres tan arraigadas como en cualquier otro país, pero para los mexicanos que se han visto en la necesidad y posibilidad de rentar un carro, las cosas no han sido nada sencillas, y han tenido que padecer las de Caín para adaptarse a este complicado y complejo medio.

[mt][foto: AP]

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