Brasil 3 - 0 Argentina

Contra todos los pronósticos, Brasil se coronó Campeón de la Copa América Venezuela 2007 al doblegar este domingo en la Final a Argentina con un contundente 3-0.
Contra todos los pronósticos, Brasil se coronó Campeón de la Copa América Venezuela 2007 al doblegar este domingo en la Final a Argentina con un contundente 3-0.
 Contra todos los pronósticos, Brasil se coronó Campeón de la Copa América Venezuela 2007 al doblegar este domingo en la Final a Argentina con un contundente 3-0.

¡BRASIL CAMPEÓN DE AMÉRICA!

SIN SUS FIGURAS, DECRETÓ EL FRACASO DE LA ALBICELESTE TITULAR

Héctor Cruz | MEDIOTIEMPOEstadio José Encarnación "Pachencho" Romero, en Maracaibo, Venezuela

  • Se coronaron por segunda Copa América consecutiva
  • Con sus grandes estrellas, la Albiceleste pecó de soberbia
  • Los argentinos se fueron como tangos, tristísimos

Contra todos los pronósticos, Brasil se coronó Campeón de la Copa América Venezuela 2007 al doblegar este domingo en la Final a Argentina con un contundente 3-0.

De principio a fin la Verdeamerela dominó en estrategia a los albicelestes y con un juego de toque, de pauta, práctico por momentos y con gran fortaleza defensiva y de medio campo, pudo levantar la Copa América por segunda ocasión consecutiva y octava en su historia.

Argentina llegó a esta Final tras cinco triunfos consecutivos, marcado como claro favorito, muy al contrario de Brasil, quien durante toda la justa fue goleados por críticas que aprovecharon su clásico inicio a medio gas del torneo, incluso estuvo a punto de ser eliminado en tiros de penal ante Uruguay en la Semifinal. Sin embargo, muchos no aprenden que Brasil sabe jugar los torneos y una y otra y otra vez nos demuestran que lo importante es llegar a la Final para ahí hacer el mejor duelo del torneo.

Las Finales hay que ganarlas, como dice la obviedad, y Brasil contradijo a las apuestas y a las estadísticas y con un gol muy tempranero abrieron el camino para su octava Copa América dejando a Argentina pecando de soberbia.

Prácticamente desde que saltaron al campo, los argentinos estuvieron en desventaja, ya que al minuto 4, Julio Baptista controló dentro del área un largo pase e incrustó el balón en el ángulo superior a la izquierda del portero, un golazo que noqueó a la Selección Albiceleste.

La mediacancha argentina estuvo dormida durante todo el encuentro, ni Verón, ni Cambiasso, ni Riquelme, ni más tarde Aimar, pudieron abastecer de pelotas a los delanteros, ni ellos mismos pudieron definir ni inclinar la balanza a su favor.

Por el otro lado, Brasil nunca se desesperó, nunca se precipitó y poco a poco tejió un partido perfecto para coronarse. El segundo tanto para la causa amazónica, fue un autogol del zaguero Ayala, quien se barrió dentro del área y empujó el balón hacia su meta al 39’. El tercero y último gol, lo anotó Daniel Alves, en una gran jugada de Vágner Love, quien en un contraataque dio el tiempo idóneo y preciso para filtrar la pelota a Alves, quien dentro del área cruzó su disparo, inalcanzable para Abbondanzieri, al minuto 68.

Para Brasil el partido se jugó a ritmo de samba y al final todo fue un carnaval, mientras que los argentinos, abandonaron la cancha cabizbajos e incluso incrédulos pues llegaron a este duelo sintiéndose ya dueños de la Copa.

PRIMER TIEMPO

Aunque no sea el primer equipo, nunca hay que subestimar a once hombres vestidos de verde y amarillo dentro de una cancha y mucho menos en la Final de una justa continental.

Esta lección nunca la olvidará Argentina, quien por haber dominado prácticamente en todos los partidos de la Copa América 2007 hasta antes de éste, creyó que con sólo portar la playera albiceleste doblegaría a los brasileños.

Un golazo tempranero de Julio Baptista hirió de muerte a los pamperos desde el minuto 4, cuando dentro del área bajó el balón de manera impecable, se acomodó y a pesar de la marca y de poco ángulo de tiro, sacó un disparo a segundo palo que se incrustó en el ángulo superior, a la izquierda del arquero argentino.

Con este golpe, el equipo argentino quedó casi en la lona, se levantó únicamente por instinto, pero el daño parecía casi mortal. Aunque sólo era un gol la diferencia, el haber recibido este tanto casi desde el vestidor bajó evidentemente el ánimo de los argentinos, quienes históricamente saben que a un equipo brasileño no se le puede dar una rendija o recoveco, porque siempre tiran a matar.

Y a partir de este momento, Argentina trató de tomar el balón, de adueñarse del mediocampo, pero enfrente se encontraron con un equipo sólido, bien plantado en la cancha y que estaba dispuesto a morirse en ella.

El juego se tornó intenso, disputado, como se esperaba entre dos potencias mundiales, y ambos se neutralizaron, Verón, Cambiasso, Mascherano, recuperaron balones y trataron de proyectar a sus delanteros, pero la zaga brasileña estuvo atenta, impenetrable, y cuando algún argentino logró pasar la defensa, el portero Doni lució en sus lances para controlar el peligro.

Como al minuto 35, cuando la zaga brasileña cayó en exceso de confianza y perdió un balón en zona de peligro, Riquelme disparó desde fuera del área un gran tiro angulado a la izquierda de Doni, quien se lanzó perfecto para conectar con el esférico y desviarlo.

Los argentinos se daban ánimos, ésta era una muestra de que podrían alcanzar a su eterno rival en el marcador, pero Brasil empezó a jugar con su toque característico, a matar el tiempo, a desaparecer el balón, a no prestárselo a los blanquiazules.

Por la banda derecha, el recién ingresado, Daniel Alves controló un balón, llegó al área y mandó un centro a primer palo, sin mucha complicación ya que no había cerca ninguno de sus compañeros, pero Ayala, con la presión de estar ante sus archirivales se barrió y para mala fortuna, conectó el balón hacia su propia red, era el 2-0 de autogol, al minuto 39.

SEGUNDO TIEMPO

Entre magos se conocen bien los trucos, y si los botines de Messi, de Riquelme, de Tevez, de Verón o de Aimar, lucieron ante los rivales anteriores antes de esta Final, ahora las cosas fueron muy diferentes, porque enfrente estaban otros once hombres que también saben de magia.

En este partido quedó sólo en estadística el paso implacable y perfecto de los albicelestes, quienes ganaron 5 partidos consecutivos antes de la Final y eran los favoritos para todos, hasta por las casas de apuestas de Las Vegas.

En cambio Brasil, con un paso de menos a más, tras haber recibido severas críticas para su equipo y su técnico en prácticamente todo el mundo, hizo válido el aforismo mexicano que dicta que "no hay que llegar primero, sino hay que saber llegar", y con un juego táctico impecable, inteligente y práctico, maniató a los argentinos.

Para esta parte complementaria, y con la ventaja de dos goles y un puñado de jugadores mortales al frente, Brasil cedió un poco la iniciativa a Argentina, quien tuvo en su técnico, Alfio Basile, al más entusiasta dentro de la cancha, quien por momentos fue el único que levantó la voz, quien dio órdenes, quien hubiera querido estar dentro del campo, porque a sus magos, les habían descubierto los trucos.

Se vio un Verón impreciso, quien incluso fue sustituible, y al 66’ salió del campo por Luis González, minutos antes, Cambiasso había ya abandonado la cancha y entró Pablito Aimar, no había mensaje más claro, los hombres que tenían la responsabilidad de dotar de balones a los definidores, nunca despertaron.

El mismo Riquelme, con el peso del número 10 en los dorsales, no tuvo la magia, ni la fuerza, ni la motivación para cambiar el partido, no lució como en los encuentros anteriores, no pudo cargar con el equipo encima.

Pero todavía faltaba un contragolpe en verde y amarillo y el tercero de la tarde, en una jugada tan mágica que el futbolista que la orquestó era un brasileño con nombre de alemán y apellido en inglés: Vágner Love.

Desde el mediocampo Vágner Love  tomó un balón en contraataque, sólo había dos defensas argentinos y lo acompañó Alves, Love controló el balón el tiempo preciso, y justo al acercarse al área, filtró el balón entre los dos zagueros un poco a la derecha, donde con puntualidad de inglés, Daniel Alves llegó, midió el balón y cruzó de forma perfecta a segundo poste, a la derecha de Abbondanzieri, quien se estiró pero no alcanzó la pelota, sólo vio cómo se mecieron las redes.

Con este gol, al minuto 68, Brasil coronó un partido brillante, excelentemente planteado por Dunga y por supuesto, con la suerte de su lado.

Argentina fue una caricatura de lo que había mostrado en los anteriores encuentros, el equipo partido en dos, la defensa vulnerada ya en tres ocasiones, el mediocampo ampliamente superado y los delanteros con escasos balones para definir.

Con el partido ya definido, la frustración no tardó en aparecer, Tevez perdió la cabeza lugo de haber sido totalmente anulado por los brasileños y con total impotencia pateó por la espalda a lastimar al brasileño Gilberto, pero el árbitro guaraní Carlos Amarilla, lo pintó del color de su apellido, cuando lo justo era mostrarle el color rojo al 75’ por esta cobarde acción.

El partido continuó a ritmo de samba, la Copa América Venezuela 2007 tenía ya un boleto reservado para trasladarse a Brasil y lucir en sus ya de por sí pobladas vitrinas, en la banca verde y amarilla, todo era una fiesta, un carnaval adelantado, no así en la de los argentinos, quienes tenían caras como tangos tristísimos.

ARBITRAJE

Carlos Amarilla de Paraguay, aceptable trabajo del guaraní, quien supo llevar bien el encuentro, estuvo cerca de las acciones y su único pecado fue no expulsar a Tevez cuando le dio un golpe a Gilberto; sólo le mostró el cartón preventivo.

[mt][foto: A.Acosta/MEXSPORT]

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