Klinsmann y el Bayern o la historia de un malentendido

El breve paso de Jürgen Klinsmann por el banquillo del Bayern Munich, que terminó hoy con su destitución, puede ser vista como la historia de un malentendido que se prolongó durante 10 meses.
 El breve paso de Jürgen Klinsmann por el banquillo del Bayern Munich, que terminó hoy con su destitución, puede ser vista como la historia de un malentendido que se prolongó durante 10 meses.
Berlín, Alemania (Reuters) -
  • Para un equipo como el Bayern no hay años de transición

El breve paso de Jürgen Klinsmann por el banquillo del Bayern Munich, que terminó hoy con su destitución, puede ser vista como la historia de un malentendido que se prolongó durante 10 meses que al final fueron una auténtica pesadilla para los seguidores del club bávaro.

El fichaje de Klinsmann ya fue de una apuesta de alto riesgo por parte de los directivos del Bayern y el solo nombre del nuevo entrenador fue recibido como una provocación por la afición.

Como jugador, Klinsmann pasó un par de Temporadas en el Bayern, ganó una vez la Bundesliga y una vez la Copa UEFA, pero estuvo muy lejos de ser una de las figuras de identificación del club.

Para ello, estuvo muy poco tiempo. Además, se fue dando un portazo, aprovechando una cláusula especial en su contrato y eso le dio fama de mercenario, y lo que se recuerda de él es su permanente querella con Lothar Matthäus, que si llegó a ser una de las figuras de identificación del Bayern.

Probablemente, todo eso se hubiera olvidado de no ser por lo que hizo Klinsmann como seleccionador. Primero, defenestró a Sepp Maier como entrenador de porteros y luego le quitó la titularidad a Oliver Kahn, en beneficio de Jens Lehmann.

Las malas lenguas, y entre ellas la lengua de Sepp Maier, dicen que Klinsmann había querido llevarse a Lehmann al Bayern y que los directivos lo disuadieron de la idea, probablemente conscientes de que hubiera sido una provocación para la afición.

Sin embargo, el dúo directivo formado por Karl-Heinz Rummenigge y Uli Hönnes no quiso o no pudo disuadir a Klinsmann de otras provocaciones que iban contra lo que a lo largo de los años ha sido el alma del Bayern y que sólo hubieran sido perdonadas si el equipo hubiera arrasado en todas las competiciones.

El Bayern, por ejemplo, siempre se ha preciado de ser un club "familiar" tanto hacia adentro -es casi una leyenda la forma como Hönnes y Beckenbauer rescataron a Gerd Müller del alcoholismo y lo pusieron a trabajar otra vez en el equipo- como hacia afuera.

Uno de los símbolos de que el Bayern era un equipo familiar era el restaurante Insider, situado en la ciudad deportiva del Bayern y con un ventanal que daba hacia los campos de entrenamiento.

Desde allí los seguidores, o los curiosos, podían ver los entrenamientos del Bayern, incluso uno que otro que oficialmente era "a puerta cerrada", aunque a cierta distancia.

Una de las primeras medidas de Klinsmann fue cerrar el "Insider", argumentando que podía ser un lugar desde el que los espías de otros equipos podían observar entrenamientos. La indignación fue inmediata.

El argumento de que se trataba de parte de una medida de remodelación general, que incluía la construcción de un centro de alto rendimiento donde Klinsmann dijo que iba a hacer a cada jugador un poco mejor cada día, no convenció a nadie. Y a lo largo de la Temporada no parece que ningún jugador del Bayern se haya hecho mejor.

Por el contrario, jugadores que en la Temporada pasada fueron bastiones del Bayern bajo la égida de Ottmar Hitzfeld -como el argentino Martin Demichelis o el brasileño Lucio- han tenido en este ejercicio bajones difíciles de explicar.

Klinsmann llegó al Bayern en plan de hacer una revolución, de crear un estilo más rápido para lo cual se trajo a un equipo de Preparadores Físicos. De paso quería que sus jugadores aprendieran idiomas extranjeros para su desarrollo personal pero no logró que su asistente, Martin Vásquez, aprendiera alemán en los 10 meses que estuvo.

Para todo lo que quería hacer, Klinsmann decía que necesitaba tiempo y que se trataba de un proyecto a largo plazo. El remate fue cuando dijo que el Bayern estaba en un año de transición.

Para un equipo como el Bayern no hay años de transición, sobre todo cuando viene de ganar el doble sin tener rivales en la Bundesliga ni en la Copa de Alemania.

La debacle ante el Barcelona seguramente se le hubiera perdonado a Klinsmann si en las competiciones nacionales el equipo se hubiera mostrado soberano. A la larga, hace tiempo que hay consenso acerca de que a los equipos alemanes de momento la Champions League les queda lejos. Pero la falta de pegada doméstica fue demasiado.

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