Domenech mira para otro lado

Raymond Domenech no se siente concernido por la mala imagen, por el ridículo salvado en el último suspiro por un gol logrado por William Gallas tras una flagrante mano de Thierry Henry, por los...
 Raymond Domenech no se siente concernido por la mala imagen, por el ridículo salvado en el último suspiro por un gol logrado por William Gallas tras una flagrante mano de Thierry Henry, por los silbidos que acompañan cada una de sus apariciones.
(Reuters) -
  • Más que orgullo los franceses sienten alivio: prensa

Raymond Domenech no se siente concernido por la mala imagen, por el ridículo salvado en el último suspiro por un gol logrado por William Gallas tras una flagrante mano de Thierry Henry, por los silbidos que acompañan cada una de sus apariciones, por los gritos que le piden que haga las maletas. El seleccionador francés respira porque ha logrado clasificar a Francia para el Mundial de Sudáfrica 2010, tras haberlo hecho antes para la Eurocopa de Austria y Suiza y para el Mundial de Alemania. "Déjenme disfrutar", les dice a quienes le piden que analice el contexto, a quienes le recuerdan que sin el error arbitral ahora la historia podría haber sido otra, a quienes le ponen frente a los ojos el desastre de su juego, a quienes le piden que abandone el conformismo resultadista. Mira para otro lado pese a que está en el centro del huracán, de un tsunami contenido por la clasificación de Francia para el próximo Mundial, un muro que, sin embargo, a duras penas oculta la crítica, el desasosiego de la afición. "Más que orgullo los franceses sienten alivio", afirma la prensa. Una reciente encuesta consideraba que casi la mitad de los galos le señalaban como el culpable de los problemas de la selección, de su falta de buen futbol. Las voces que reclaman a Karim Benzema, las que piden un equipo más ofensivo, las que se escandalizan cuando ven a una Francia vulgar pese a contar con jugadores de talla mundial, debilitan a Domenech, a quien ya sólo le queda aferrarse al resultado. El seleccionador irá a Sudáfrica con unos cimientos blandos, será el centro de todas las miradas, cada uno de sus gestos será observado con lupa, su espacio de maniobra será limitado, su margen de error minúsculo. Él lo sabe porque se ha acostumbrado a escuchar abucheos en todos los estadios en los que Francia ha jugado. Porque la prensa francesa no esconde ya que su continuidad está en entredicho. "Raymond Domenech logró clasificar a Francia, pero por lo que mostró ayer ¿es el hombre adecuado para hacerla progresar en siete meses?", se pregunta el deportivo "L'Équipe". El diario recuerda que lo que ha logrado el seleccionador lo ha hecho frente a selecciones del "peso" de Rumanía o Irlanda. Porque a Domenech no le queda crédito. Un entrenador que nunca ha ganado un título, que no ha logrado que sus equipos brillen por el gran juego necesita el resultado inmediato siempre. Su única fuente de prestigio procede de la Final que alcanzó en Alemania 2006 contra todo pronóstico, con un equipo convulso. Pero ese brillo se desvaneció enseguida. La eliminación en la primera ronda de la Eurocopa de 2008 le dejó al borde del precipicio. Todo hacía presagiar que Domenech dejaría el puesto, pero Francia no encontró a ningún hombre de prestigio. Ni Didier Deschamps ni Laurent Blanc aceptaron el puesto, los jugadores acudieron a su rescate y el técnico recibió el apoyo de la Federación. Un apoyo condicionado a dos factores: a que mejorara su comunicación, que fuera menos hosco con la prensa y a que diera al equipo un toque más ofensivo, a la imagen de la España que ganó esa Eurocopa. Pero no consiguió ninguna de sus dos metas. Ni mejoró la relación con los medios ni la imagen del equipo. Al contrario. El giro en su futbol se quedó en nada y Francia perdió buena parte de su identidad. Pero Domenech lo mira todo desde su atalaya, ajeno al desastre.

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