Domenech, un seleccionador con fecha de caducidad

Raymond Domenech no seguirá en el banquillo de Francia tras el Mundial de Sudáfrica y el debate sobre la identidad de su sustituto se ha llevado por delante todo el trabajo del técnico, que ha...
Raymond Domenech no seguirá en el banquillo de Francia tras el Mundial de Sudáfrica y el debate sobre la identidad de su sustituto se ha llevado por delante todo el trabajo del técnico, que ha pasado a un segundo plano.
 Raymond Domenech no seguirá en el banquillo de Francia tras el Mundial de Sudáfrica y el debate sobre la identidad de su sustituto se ha llevado por delante todo el trabajo del técnico, que ha pasado a un segundo plano.  (Foto: Notimex)
París, Francia (Reuters) -
  • Aún le buscan sustituto

Raymond Domenech no seguirá en el banquillo de Francia tras el Mundial de Sudáfrica y el debate sobre la identidad de su sustituto se ha llevado por delante todo el trabajo del técnico, que ha pasado a un segundo plano. Como si Francia entera hubiera perdido la fe en los "Bleus", los aficionados piensan más en la era "post-Domenech" que en las opciones reales de su selección de traerse de los confines de África algo importante. El carrusel de nombres que suenan para dirigir la Selección Francesa tras el Mundial es el único debate abierto entorno al equipo nacional. En cabeza de todos ellos está Laurent Blanc, el emblemático defensor reconvertido en entrenador de éxito que en su primera campaña al frente del Girondins de Burdeos llevó al equipo a reconquistar el título de liga diez años después. El técnico girondino no da abasto en atajar los rumores que se hacen cada vez más intensos. Hace dos días tuvo que convocar una rueda de prensa para desmentir las informaciones de prensa que aseguraban que ya tenía firmado un acuerdo de principio con la Federación Francesa de Futbol (FFF). Si Blanc decide seguir al frente del Girondins, algo muy probable si es coherente con lo que viene declarando, los "Bleus" mirarán hacia el banquillo del Olympique de Marsella, ocupado por Didier Deschamps, quien puede estar más abierto a una aventura al frente de la Selección Nacional. Más ambicioso parece el proyecto de reclutar para la causa nacional al técnico del Arsenal, Arsene Wenger, aunque nadie duda de que contaría con un respaldo sin igual entre los jugadores y los aficionados gracias al prestigio que se ha labrado en Londres. Otro de los nombres que también suena para sustituir a Domenech son los de Guy Roux, el veterano entrenador que hizo toda su carrera en el Auxerre pero que cuenta con el punto en contra de su avanzada edad, puesto que este año cumplirá 72. Jean Tigana es todavía joven y puede constituir una solución de compromiso. Tiene prestigio y cuenta con pocos enemigos, pero hace años que no se sienta en un banquillo y sus laureles como entrenador datan de 1997, cuando ganó el campeonato con el Mónaco, al que también llevó a las Semifinales de la Champions League. Menos puntos tiene Alain Boghossian, actual adjunto de Domenech en el puesto de seleccionador, porque su experiencia en los banquillos es menor, su prestigio más escaso y, además, traería consigo el áurea de continuidad que pocos quieren tras el paso de su actual jefe. Y es que, pase lo que pase, Francia aguarda un seleccionador que no se parezca en nada a Domenech. Los galos están hartos de su carácter hosco, de sus ruedas de prensa en las que cada pregunta parece una trinchera y de que el equipo no juegue a nada y gane siempre por poco. La dramática clasificación para el Mundial, lograda en el último suspiro del partido de repesca contra Irlanda y gracias a una mano de Thierry Henry, acabaron con los pocos apoyos que le quedaban al técnico. Las voces que surgieron pidiendo su dimisión sólo se acallaron ante la inminencia del inicio del Mundial, una causa nacional que aparca debates y concentra todos los esfuerzos en ayudar al equipo. Pero Domenech sabe que tiene fecha de caducidad y que ha agotado todo su crédito. Ni siquiera una gesta como la de hace cuatro años, cuando contra todo pronóstico llevó a los "Bleus" a la Final del Mundial parece suficiente para salvarle. El seleccionador es recibido con silbidos en los estadios de Francia, los medios de comunicación multiplican los dardos envenenados contra su persona y nadie cree en su futuro. Ni siquiera la reciente campaña de lavado de imagen que ha emprendido parece suficiente para salvarle. Ha reconocido errores y ha prometido cuidar su carácter. Pero la metamorfosis será de corta duración, porque su suerte está sellada.

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